EL FASCINANTE CINE DE LOS ALIENÍGENAS AMISTOSOS

Cuando los extraterrestres no son una amenaza

E.T. y Elliott (Henry Thomas)

Un recorrido por las grandes películas de aliens amistosos, según el tipo de encuentro

No todos los extraterrestres del cine aparecen en la pantalla con rayos, garras, armas mortíferas o ganas de borrar a la humanidad del mapa. También existe otra tradición, menos escandalosa pero igual de poderosa, donde el visitante del espacio no viene a invadir, sino a sorprender, enseñar, acompañar o, de plano, hacerse amigo de alguien. Y cuando eso ocurre, la ciencia ficción cambia por completo de tono: ya no se trata sólo de sobrevivir al otro, sino de aprender a mirarlo sin pánico.

Porque sí: el cine también ha imaginado extraterrestres vulnerables, curiosos, sabios, benévolos o simplemente distintos sin ser malvados. Unos llegan perdidos. Otros traen advertencias. Otros obligan a la humanidad a pensar mejor antes de disparar. Y otros, como en Project Hail Mary / Proyecto Fin del Mundo, terminan siendo amigos entrañables en el espacio exterior. Lo interesante es que tampoco todos estos aliens amistosos funcionan igual. Algunos despiertan ternura. Otros provocan asombro. Otros traen preguntas filosóficas. Y otros nos dejan claro que el verdadero problema no siempre está allá afuera.

Comparto el resultado de una exploración en la red con lo más sobresaliente…

1) El alien como amigo íntimo

La referencia obligada aquí es E.T. EL EXTRATERRESTRE (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982). Spielberg tomó la figura del visitante del espacio y la convirtió en algo rarísimo para su tiempo: un ser perdido, frágil y profundamente entrañable. E.T. no llega a conquistar nada. Se queda varado, asusta al principio por puro desconocimiento, y termina construyendo uno de los vínculos más recordados del cine con Elliott. Ahí el extraterrestre deja de ser amenaza y se vuelve amigo, cómplice, casi miembro de la familia.

Y ésa fue una revolución silenciosa. Porque la película no sólo funcionó como fenómeno de taquilla; también ayudó a instalar otra manera de imaginar al alienígena: no como monstruo, sino como un ser al que vale la pena proteger. Por eso sigue siendo el gran ejemplo cuando se habla de extraterrestres amistosos.

2) El alien como maravilla y asombro

Antes de E.T., Spielberg ya había preparado el terreno con ENCUENTROS CERCANOS DEL TERCER TIPO (Close Encounters of the Third Kind, 1977). Aquí los extraterrestres no son tiernos en el sentido infantil, pero sí están del lado opuesto al alien invasor clásico. Lo que traen no es destrucción, sino desconcierto, fascinación y la promesa de que el universo puede ser mucho más grande -y menos hostil- de lo que creemos.

Lo bonito de esta película es que convierte el contacto con lo desconocido en una experiencia casi musical, casi mística. No se apoya en el puro miedo, sino en la obsesión por entender. Y su huella sigue viva: los directores de Project Hail Mary / Proyecto Fin del Mundo contaron hace apenas unos días que el guiño musical a Close Encounters en el primer encuentro con Rocky fue sugerido por Steven Spielberg. No es casualidad. Ambas películas comparten esa idea tan rara y tan bonita de que el primer contacto no tiene por qué ser una pesadilla.

3) El alien como visitante sensible

Jeff Bridges y Karen Allen

En STARMAN: EL HOMBRE DE LAS ESTRELLAS (Starman, 1984), el extraterrestre tampoco llega como invasor, sino como una figura curiosa, sensible y hasta vulnerable. La película usa la ciencia ficción para hablar realmente de duelo, amor, compañía y humanidad. El alien observa a los seres humanos, aprende de ellos y, en el camino, termina mostrando que a veces los más “civilizados” no son precisamente los terrícolas.

Es una película menos citada hoy que E.T. o Arrival, pero sigue siendo importantísima dentro de esta tradición. Porque demuestra que un extraterrestre puede ser misterioso sin ser malvado, y que la rareza no tiene por qué convertirse automáticamente en amenaza.

4) El alien como mensajero severo, pero no villano

Aquí entramos a una zona intermedia muy interesante con EL DÍA QUE PARALIZARON LA TIERRA (The Day the Earth Stood Still, 1951). Klaatu no es un alien tierno, ni un amigo íntimo, ni un compañero de aventuras. Pero tampoco es un conquistador brutal. Es, más bien, un emisario. Viene a advertir, a exigir un cambio, a poner a prueba la madurez de la humanidad. Distintos análisis del género lo consideran el modelo del extraterrestre “emisario”: alguien que llega a interpelarnos moralmente, no a destruirnos por puro gusto.

Por eso esta película es tan importante. Porque demuestra que un alien amistoso no tiene que ser dulce ni simpático. También puede ser serio, severo, incluso intimidante, y aun así estar del lado opuesto al monstruo invasor. Klaatu no representa la bestia del espacio, sino la posibilidad de que alguien de afuera venga a decirnos: “el problema no siempre somos nosotros contra el universo; a veces somos nosotros contra nuestra propia violencia”.

5) El alien como consuelo y segunda oportunidad

Una película que suele quedar un poco olvidada en estas conversaciones es COCOON: EL REGRESO (Cocoon, 1985). Aquí los extraterrestres son claramente benévolos y su presencia está ligada al rejuvenecimiento, la energía vital y una especie de consuelo cósmico. Más que una historia de invasión, Cocoon parece una fábula sobre la posibilidad de volver a sentir asombro, deseo de vivir y esperanza cuando el cuerpo ya parecía ir de salida. Reseñas retrospectivas la siguen recordando justamente por ese tono cálido y generoso, muy lejos del alien depredador.

No es una película tan ruidosa como otras del género, pero sí forma parte importante de esta tradición donde el extraterrestre no llega a castigar, sino a abrir una puerta hacia algo mejor.

6) El alien como desafío intelectual y espiritual

Cuando el cine se puso más filosófico, surgieron dos películas clave: CONTACTO (Contact, 1997) y LA LLEGADA (Arrival, 2016). En ambas, el extraterrestre ya no funciona como criatura entrañable ni como monstruo, sino como detonador de preguntas grandes: qué significa comunicarse, qué tan preparados estamos para escuchar algo radicalmente distinto y hasta dónde puede llegar la humanidad sin estropearse a sí misma por miedo.

En LA LLEGADA (Arrival, 2016), el núcleo es clarísimo: el verdadero reto del primer contacto no es disparar, sino entender. La película pone el lenguaje en el centro y propone algo muy valioso: lo diferente no tiene por qué venir a destruirnos; el peligro puede estar en nuestra incapacidad para interpretarlo.

En CONTACTO (Contact, 1997), la experiencia del encuentro se vuelve a la vez científica, emocional y espiritual, como si el universo obligara a la humanidad a preguntarse si está lista para algo más grande que ella misma.

7) El alien como amigo, compañero de trabajo, colega y aliado

Y aquí llegamos a PROYECTO FIN DEL MUNDO (Project Hail Mary, 2026), que le da un giro muy moderno a toda esta tradición. Rocky no es una mascota adorable ni un sabio distante: es compañero, aliado, colega y amigo. Lo que vuelve tan especial a la película es que el extraterrestre amistoso ya no está ahí sólo para provocar asombro o ternura, sino para colaborar de verdad con el protagonista. Los propios responsables del film han subrayado que el alma de la historia está en la empatía y la comunicación, y la cobertura reciente ha insistido en que Rocky y Grace son el verdadero corazón emocional de la película.

Eso la convierte en una especie de heredera moderna de E.T. y Close Encounters, pero con una diferencia importante: aquí la amistad con el extraterrestre no ocurre en los márgenes de la gran historia, sino en el centro mismo de la misión. No se trata sólo de conocer al otro, sino de resolver problemas junto con él. Incluso detalles recientes sobre el diseño del mundo de Rocky insisten en esa lógica: todo en su especie y su nave fue pensado para reflejar una forma distinta de percibir, comunicarse y colaborar.

¿Por qué siguen importando tanto estos aliens amistosos?

Porque en el fondo tampoco hablan sólo de seres del espacio. Hablan de nosotros. De si reaccionamos con paranoias, miedo o con curiosidad. De si elegimos destruir lo distinto o intentar entenderlo. De si todavía somos capaces de imaginar que el universo no está lleno únicamente de amenazas, sino también de posibles amigos, mensajeros, aliados o espejos incómodos que nos obligan a crecer.

Por eso estas películas siguen siendo tan valiosas. Porque proponen algo menos ruidoso, pero a veces más difícil: que el primer impulso frente a lo desconocido no sea apretar el gatillo. Que la diferencia no se convierta automáticamente en enemigo. Y que, en una de ésas, allá afuera no sólo haya monstruos… sino también alguien dispuesto a tender la mano.

Al final, el cine de los alienígenas amistosos siempre nos deja la misma pregunta flotando en el aire: si un día aparece el otro, el verdaderamente otro, ¿seremos capaces de reconocer una amenaza… o de descubrir la posibilidad de una amistad inesperada?…



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