Cuando los extraterrestres sí son una amenaza
Un recorrido por las grandes películas de aliens hostiles, según el tipo de amenaza
Por Andrés Bermea para CINESAURIO.COM

No todos los extraterrestres del cine vienen en son de paz, ni mucho menos. De hecho, durante décadas Hollywood y buena parte de la ciencia ficción se han divertido muchísimo imaginando justo lo contrario: aliens que invaden, cazan, parasitan, suplantan, engañan o simplemente llegan con la firme intención de borrarnos del mapa. Y la verdad sea dicha: de ahí han salido algunas de las películas más entretenidas, tensas y memorables del género.
Porque una cosa es el alienígena entrañable tipo E.T. o el visitante con el que se puede dialogar, y otra muy distinta el extraterrestre que aparece para convertir a la humanidad en presa, víctima, experimento o estorbo. Lo interesante es que no todos amenazan de la misma manera. Unos cazan. Otros invaden. Otros se infiltran. Otros ni siquiera necesitan destruir ciudades: les basta con sembrar paranoia. Y ahí es donde el asunto se pone bueno.
Aquí el recorrido por las diferentes “variedades de aliens”:
1) El alien como depredador perfecto

Aquí la reina de la fiesta sigue siendo ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (Alien, 1979). Pocas criaturas han dejado una impresión tan fuerte como el xenomorfo: no razona con los humanos, no lanza discursos, no negocia nada. Viene a hacer lo suyo: incubar, crecer, cazar y matar. Su fuerza no está sólo en los colmillos o en la baba, sino en su propia lógica biológica. Es un monstruo diseñado para invadir el cuerpo y convertirlo en terreno de horror. Por eso sigue siendo uno de los extraterrestres más perturbadores que ha dado el cine.
La amenaza escala en ALIENS, EL REGRESO (Aliens, 1986), donde ya no hablamos de una sola criatura acechando en la oscuridad, sino de toda una especie convertida en pesadilla militar. Aquí el terror íntimo del original se vuelve combate abierto, pero el principio sigue siendo el mismo: el alien es una máquina de matar.
En esta misma familia entra también DEPREDADOR (Predator, 1987). Éste ya no es una plaga biológica sino un cazador de élite. Inteligente, invisible cuando quiere, con armamento superior y gusto por el trofeo. No mata por accidente ni por hambre inmediata: mata porque cazar es su juego. Y eso lo vuelve todavía más inquietante.
2) El alien como invasor total

Si lo que te gustan son las películas donde el cielo se llena de naves y la humanidad empieza a sudar frío, aquí manda DÍA DE LA INDEPENDENCIA (Independence Day, 1996). Es el modelo perfecto del alien invasor a gran escala: tecnología superior, destrucción masiva y cero ganas de diálogo. Nada de “venimos en paz”. Aquí vienen a barrer parejo.
Muy cerca de ese modelo está LA GUERRA DE LOS MUNDOS (War of the Worlds, en sus versiones de 1953 y 2005), donde el terror no depende tanto del heroísmo militar como de la sensación de impotencia. La humanidad no parece estar peleando una guerra; parece estar siendo atropellada por una fuerza muy superior. Y eso le da a la película una angustia especial: la del mundo que se desmorona delante de tus ojos sin que puedas hacer gran cosa.
Y aunque juegue en tono burlón y caricaturesco, ¡MARCIANOS AL ATAQUE! (Mars Attacks!, 1996) entra también en esta categoría. Sí, da risa (tal vez no a todos les parece gracioso el humor de Tim Burton). Sí, los marcianos parecen salidos de una feria intergaláctica. Pero no por eso dejan de ser despiadados. La película se ríe de las invasiones extraterrestres clásicas, pero nunca deja de tratarlos como una amenaza brutal.
3) El alien como infiltrado o usurpador

Aquí el miedo cambia. Ya no se trata de ver enormes naves sobre las ciudades, sino de no saber quién sigue siendo humano. La referencia obligada es MUERTOS VIVIENTES / LOS USURPADORES DE CUERPOS (Invasion of the Body Snatchers, en sus versiones de 1956 y 1978). El extraterrestre aquí no necesita rayos láser ni grandes explosiones: le basta con sustituirte. Copiarte. Vaciarte de identidad. El terror está en que el enemigo puede estar junto a ti, verse igual que tú… y ya no ser tú.
En una línea parecida, pero más cargada de crítica social, está SOBREVIVEN (They Live, 1988). Aquí los aliens ya están infiltrados en las estructuras del poder, en la publicidad, en la cultura del consumo, en el sistema mismo. No llegan a conquistar: ya conquistaron. Y esa idea sigue siendo muy potente porque convierte al alien en símbolo de manipulación, control y deshumanización.
4) El alien como contagio, imitación y paranoia pura

Si hay una película que sabe exprimir el miedo a la desconfianza total, ésa es LA COSA DEL OTRO MUNDO (The Thing from Another World (1951); y The Thing, 1982). Aquí el extraterrestre no sólo mata: imita. Se mete entre los humanos, copia sus formas y vuelve imposible saber quién es quién. Esa idea sigue siendo demoledora porque el verdadero horror no está sólo en la criatura, sino en lo que provoca entre las personas: sospecha, ruptura, aislamiento, miedo a tocar, miedo a confiar.
Por eso esta película no envejece. Porque más allá del maquillaje, los efectos o la sangre, su gran hallazgo es mostrar que a veces el monstruo más aterrador no es el que ruge, sino el que puede parecer exactamente igual que nosotros.
5) El alien como amenaza íntima

No todas las películas de aliens hostiles necesitan media ciudad explotando. A veces basta una casa, una familia, una noche mala y un maizal. Ahí entra SEÑALES (Signs, 2002), que lleva la invasión extraterrestre al terreno doméstico. Lo que asusta aquí no es sólo que haya visitantes hostiles, sino que el miedo se mete a la cocina, al pasillo, al cuarto de los niños. La amenaza se vuelve cercana, íntima, casi respirable.
Y eso le da un giro muy efectivo: el alien no sólo pone en peligro al planeta; pone en crisis el hogar, la fe, la seguridad mínima de la vida cotidiana.
6) El alien como enemigo de guerra imposible

En tiempos más recientes, el extraterrestre hostil se volvió también un enemigo táctico, casi invencible. Ahí encaja muy bien AL FILO DEL MAÑANA (Edge of Tomorrow, 2014). Los aliens de esta historia no sólo son feroces: están un paso adelante de los humanos en estrategia, velocidad y capacidad de adaptación. Más que monstruos sueltos, son una maquinaria bélica que obliga a replantear por completo cómo sobrevivirles.
Aquí ya no basta con tener valor o armas grandes. El enemigo extraterrestre se vuelve una especie de ajedrecista mortal, y el miedo nace de descubrir que la humanidad está peleando una guerra para la que no estaba preparada.
¿Por qué siguen funcionando tanto estos aliens malosos?

Porque en el fondo nunca hablan sólo de seres del espacio. También hablan de nuestros miedos. Del cuerpo invadido. Del extraño que suplanta. Del invasor que arrasa. Del poder que se infiltra. Del hogar que deja de ser seguro. Del enemigo que no entendemos y que no nos deja tiempo para entenderlo.
Por eso el cine ha sacado tanto jugo del alien hostil. Como podemos ver aquí, algunos títulos tienen segunda versión. Sirve como monstruo, como metáfora política, como reflejo de paranoias sociales y como maquinaria perfecta de suspenso. Puede venir en forma de bestia, de ejército, de impostor o de plaga. Y en todos los casos activa algo muy humano: el miedo a perder el control de nuestro cuerpo, nuestro mundo o nuestra identidad.
Al final, el extraterrestre hostil no sólo viene a atacar a la humanidad. Viene a recordarle lo frágil que puede ser cuando lo desconocido no trae la mano extendida… sino las garras por delante.
El miedo…

Las películas de miedo o terror, de amenazas alienígenas, etc. siguen funcionando entre el público porque nos permiten sentir miedo en un espacio seguro, y convertir una emoción muy básica, inmediata y genuina en adrenalina, curiosidad y hasta placer narrativo.
El miedo está entre las emociones más primarias del ser humano, porque está ligado a la supervivencia. Por eso el terror, los monstruos o las amenazas alienígenas nos atrapan tanto: activan una alarma muy antigua… pero desde la butaca.
Andrés Bermea
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