Hoy hace 57 años llegó a México ‘EL BUENO, EL MALO Y EL FEO’: el western que cambió la historia del cine

Por Andrés Bermea y Mr. Chips para CINESAURIO.COM

En México “El bueno, el malo y el feo se estrenó el 17 de abril de 1969, hoy justo hace 57 años, en el cine Cuitláhuac del Distrito Federal (hoy CDMX) dónde permaneció en cartelera a lo largo de nueve semanas.

EL BUENO, EL MALO Y EL FEO (Il buono, il brutto, il cattivo); Estrenos: Italia, 23 de diciembre de 1966 / En los Estados Unidos: The Good, the Bad and the Ugly, 29 de diciembre de 1967.

El western reinventado: Sergio Leone, Ennio Morricone y el duelo eterno entre codicia, guerra y supervivencia

Hay películas que pertenecen a un género, y hay otras que lo sacuden, lo ensanchan y lo obligan a reinventarse. EL BUENO, EL MALO Y EL FEO pertenece a las segundas. No es sólo uno de los westerns más famosos de todos los tiempos: es también una de las películas que cambiaron para siempre la manera de filmar la violencia, el rostro, el silencio, el duelo y la música en el cine popular. Cuando Sergio Leone la estrenó en 1966, el western norteamericano todavía conservaba buena parte de sus viejas certidumbres morales; después de ella, el polvo se volvió más sucio, los héroes más ambiguos, los encuadres más insolentes y la música más salvaje. (Oscars)

La película es, al mismo tiempo, una aventura descomunal, una sátira feroz de la guerra, una fábula sobre la codicia y un prodigio de puesta en escena. También es la culminación de la célebre trilogía del Hombre sin nombre, formada por POR UN PUÑADO DE DÓLARES (A Fistful of Dollars, 1964), POR UNOS DÓLARES MÁS (For a Few Dollars More, 1965) y, por último, EL BUENO, EL MALO Y EL FEO. Aunque los filmes no forman una trilogía cerrada en el sentido narrativo clásico, sí están unidos por el personaje de Clint Eastwood, por el universo moral creado por Leone y por una misma revolución estética del western. (Oscars)

EL BUENO, EL MALO Y EL FEO fue dirigida por Sergio Leone y escrita por Leone junto con Age & Scarpelli, Luciano Vincenzoni y Sergio Donati. La música, por supuesto, es de Ennio Morricone. Está protagonizada por Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef. Su duración varía según la versión; la restauración ampliamente difundida en años recientes ronda los 161 minutos en Estados Unidos, mientras otras ediciones europeas llegan a durar cerca de 178-180 minutos. La propia Library of Congress la ha programado con duración de 161 minutos, y otras fuentes especializadas registran montajes más largos. (IMDb)

Premios, nominaciones y reconocimientos

Aquí hay una curiosidad importante: pese a su inmensa fama posterior, EL BUENO, EL MALO Y EL FEO no obtuvo nominaciones al Óscar en su momento. Eso, visto hoy, suena casi absurdo, especialmente por su influencia histórica, la dirección de Leone y la música de Morricone. La Academia sí la ha reconocido después en retrospectiva como una obra clave, pero no figura como nominada en la edición original de los premios.

Lo que sí ha acumulado con el tiempo es prestigio crítico, estatus canónico y una influencia gigantesca. La Academy la presenta como parte esencial del legado de Leone, y la propia Library of Congress la sigue exhibiendo como clásico mayúsculo. Además, la música de Morricone para la película terminó siendo una de las partituras más reconocibles e influyentes de la historia del cine; su tema principal y, sobre todo, The Ecstasy of Gold, han trascendido la película misma y se han vuelto parte del imaginario musical global.

En cuanto a reconocimientos indirectos, vale la pena recordar que Eli Wallach fue celebrado por la Academia con un Óscar honorífico por toda su carrera, y en el texto oficial de ese homenaje se subraya expresamente su trabajo como Tuco en esta película, describiéndolo como el perfecto contrapunto volcánico para Eastwood.

La trilogía del Hombre sin nombre

Aunque hoy solemos hablar de “trilogía”, conviene aclarar que Sergio Leone no la planteó exactamente como una narración continua al estilo moderno de saga. Más bien se trata de tres películas emparentadas por el tono, el tipo de antihéroe interpretado por Eastwood y una visión del Oeste radicalmente distinta a la del western clásico estadounidense. El personaje de Eastwood cambia de nombre o de apodo, pero conserva la misma presencia: lacónico, desconfiado, oportunista, astuto, con un código moral mínimo, pero reconocible.

En POR UN PUÑADO DE DÓLARES, Leone reformuló el western tomando como base Yojimbo de Kurosawa y dándole un tono más seco, cínico y estilizado. En POR UNOS DÓLARES MÁS, amplió el formato y añadió un contrapunto más sombrío con Lee Van Cleef. En EL BUENO, EL MALO Y EL FEO, llevó todo eso a su máxima expresión: mayor escala, guerra civil de fondo, estructura épica, humor negro, crueldad, ironía y una puesta en escena ya completamente desatada. Es la película donde el estilo Leone alcanza plena madurez y se vuelve inconfundible.

La manera de abordar el western de Sergio Leone

Leone no se acercó al western como arqueólogo de la frontera estadounidense, sino como inventor de una mitología nueva. Eso es clave. No le interesaba reconstruir fielmente el Oeste norteamericano, sino volverlo una especie de teatro operático de sudor, polvo, codicia, muerte y sarcasmo. El resultado fue lo que el mundo terminaría conociendo como Western italiano o “Spaghetti western”, una corriente que él mismo ayudó decisivamente a fundar y popularizar. La Academy reconoce precisamente eso: que Leone “pionerizó” lo que hoy entendemos como ese tipo de western y que sus imágenes en formato panorámico y sus colaboraciones con Morricone lanzaron una fiebre internacional.

Su lenguaje visual se apoya en contrastes muy marcados: primerísimos planos extremos de ojos, manos y rostros sudorosos, yuxtapuestos con planos generales vastísimos del paisaje. Esa tensión entre lo microscópico y lo monumental le da a sus escenas una energía muy particular. Leone además pensaba sus películas casi como cine mudo expandido: él mismo llegó a decir que sus filmes eran “básicamente películas mudas” y que el diálogo sólo añadía peso. Esa idea ayuda muchísimo a entender por qué sus mejores secuencias se sostienen con miradas, silencios, respiraciones y música más que con parlamentos. (The Guardian)

Leone también alteró la moral del western. En lugar del héroe limpio, justo y civilizador, introdujo figuras más ambiguas, interesadas y oportunistas. El Oeste dejó de ser una promesa nacional y se volvió un mundo más sucio, cruel e irónico. En EL BUENO, EL MALO Y EL FEO, incluso “el bueno” es bueno sólo en términos relativos. Nadie está ahí para fundar una comunidad ni para llevar la ley. Todos están persiguiendo dinero, sobreviviendo o matando. Y mientras tanto, la Guerra Civil aparece no como epopeya patriótica, sino como maquinaria absurda de muerte. (BFI)

Ennio Morricone: la música como pólvora, ironía y destino

Hablar de EL BUENO, EL MALO Y EL FEO sin detenerse en Ennio Morricone sería como hablar del desierto sin polvo. Su trabajo aquí no es acompañamiento: es estructura, respiración, identidad y mito. Morricone compuso una de las partituras más reconocibles de la historia del cine, con ese célebre motivo de dos notas que evoca el aullido de un coyote y que desde la primera escucha define un universo entero. Criterion resume muy bien el fenómeno: basta un par de notas silbadas para que el mundo entero reconozca a Morricone. (The Criterion Collection)

Lo revolucionario no fue sólo la calidad melódica, sino la invención del sonido. Morricone mezcló silbidos, voces, disparos, guitarras, coros, trompetas, percusiones y una instrumentación nada convencional para el western. The Guardian resumió esa revolución con precisión: creó un paisaje sonoro de silbidos, chasquidos, guitarras y disonancias que cambió por completo el modo en que sonaba el Oeste en el cine.

Y hay algo todavía más importante: Leone y Morricone comenzaron a trabajar los temas antes del rodaje, lo cual permitió que la música moldeara el ritmo de la película. Leone hacía sonar las composiciones en el set y filmaba siguiendo su pulso. Eso explica por qué tantas secuencias de la película parecen coreografías de cámara, montaje y sonido. No es música pegada después; es cine ya concebido musicalmente desde el origen. (Wikipedia)

La cima absoluta de esa alianza es, por supuesto, “The Ecstasy of Gold”, durante la carrera de Tuco en el cementerio de Sad Hill. Lo que ahí sucede es puro éxtasis cinematográfico: cámara, montaje, espacio, deseo y música fundidos en una sola corriente. The Guardian la ha descrito como uno de los momentos supremos de Morricone, con la voz sin palabras de Edda Dell’Orso elevando la codicia del personaje a una especie de trance casi místico. (The Guardian)

1) ¿Cuál es el tema?

Si hubiera que resumir el gran tema de EL BUENO, EL MALO Y EL FEO, yo diría que es éste: la codicia como motor de la acción humana en un mundo devastado por la guerra, donde la moral es relativa y donde sobrevivir suele importar más que tener razón.

Pero eso sería apenas el centro. Alrededor de ese núcleo giran otros temas fundamentales: la violencia como lenguaje, la fragilidad de las alianzas, la ambigüedad moral, el absurdo de la guerra y la teatralidad misma del duelo entre hombres. En la película, todos buscan el oro, sí, pero Leone deja claro que mientras tres aventureros se desgastan por un botín enterrado, el país entero se desangra en una guerra sin sentido. El tesoro y la Guerra Civil se reflejan de un modo perverso: ambos convierten a los hombres en animales desesperados. (The Library of Congress)

Por eso la película no es sólo una aventura de codicia. También es una mirada bastante amarga sobre la condición humana. Nadie sale limpio. Ni siquiera Blondie, “el bueno”, es un héroe moral en sentido clásico. Leone parece decirnos que, en tiempos de guerra, las etiquetas del título son apenas una broma negra. Bueno, malo y feo son posiciones relativas dentro de una misma fauna humana dominada por la necesidad, el egoísmo y la supervivencia.

2) Síntesis de la historia

La trama parece sencilla, pero Leone la estira, la enriquece y la vuelve épica. Durante la Guerra Civil estadounidense, tres pistoleros persiguen un tesoro escondido: Blondie (Clint Eastwood), el “bueno”; Tuco (Eli Wallach), el “feo”; y Sentencia / Ojos de Ángel (Lee Van Cleef), el “malo”. Cada uno posee una parte de la información necesaria para encontrar un cargamento de monedas de oro enterrado en un cementerio. La película sigue sus encuentros, traiciones, persecuciones, alianzas temporales y desplazamientos a través de un Oeste devastado por la guerra.

Lo brillante es que Leone convierte una búsqueda de tesoro en una odisea moral y visual. El viaje incluye prisiones, campos de batalla, pueblos fantasmas, desiertos, puentes inútiles, cementerios inmensos y, claro, uno de los clímax más célebres del cine: el duelo triangular final.

¿Qué aspectos ver en la película? ¿A qué debemos poner atención?

Primero, a la puesta en escena del tiempo. Leone estira las acciones hasta volverlas casi ceremoniales. Donde otro director habría cortado rápido, él aguanta la mirada, alarga el suspenso, deja que el silencio pese. Hay que mirar cómo administra la espera: ése es uno de sus grandes talentos.

Segundo, al uso del rostro. Leone filma caras como si fueran paisajes. Las arrugas, la barba, el sudor, los ojos, la mueca, todo se vuelve dramático. El western clásico norteamericano tendía a filmar héroes erguidos; Leone filma máscaras humanas a punto de romperse.

Tercero, a la relación entre humor y violencia. La película es brutal, pero también muy chistosa. Sobre todo gracias a Tuco, que introduce una energía de farsa, picardía y desorden que complica la solemnidad del relato. Ese equilibrio entre comicidad y crueldad es una de las claves del tono leoniano.

Cuarto, al modo en que la Guerra Civil aparece como fondo absurdo. No es el centro sentimental de la historia, pero sí un espejo moral. Hay un puente que se pelea y se reconstruye para volver a destruirse; hay soldados exhaustos muriendo por posiciones sin sentido; hay un país roto mientras tres hombres corren detrás de un botín. Esa ironía histórica es fundamental.

Y quinto, desde luego, a la música de Morricone: no sólo escúchala, obsérvala en su relación con el montaje. En Leone, la música no ilustra: organiza la experiencia.

Clint Eastwood: la economía del mito

Clint Eastwood hace aquí uno de los trabajos más influyentes de su carrera, aunque sea también uno de los más económicos en términos expresivos. Blondie habla poco, mira mucho y calcula siempre. Eastwood entendió perfectamente que Leone estaba construyendo no un personaje psicológico al detalle, sino una figura mítica, un signo visual. El poncho, el cigarro, la mirada oblicua, la postura del cuerpo: todo contribuye a una presencia casi escultórica. (The Guardian)

Pero no se trata sólo de frialdad. Su gran mérito está en introducir pequeñas modulaciones irónicas y una mínima humanidad que impiden que Blondie se vuelva un maniquí. Eastwood lo hace parecer siempre un poco más listo que los demás, pero nunca omnisciente. Es el más contenido del trío, el que concentra mejor la sequedad moral del universo de Leone.

Eli Wallach: el corazón salvaje de la película

Si Eastwood aporta el mito, Eli Wallach aporta la vida. Su Tuco es, probablemente, el personaje más memorable del film. Voluble, parlanchín, impredecible, cómico, patético, feroz y hasta tierno por momentos, Tuco rompe la rigidez del western clásico y le mete una energía caótica formidable. La propia Academia, en el texto de su homenaje a Wallach, subraya que como Tuco fue el perfecto contrapunto para el lacónico Eastwood. Y tiene razón: sin Tuco, la película sería más seca, más fría y mucho menos divertida.

Wallach hace algo dificilísimo: convierte al “feo” del título en el personaje más humano. Es codicioso, cobarde a veces, brutal cuando conviene, astuto, pero también vulnerable, ridículo y profundamente vivo. En él se concentra el costado más picaresco y más trágico de la película. Su carrera en el cementerio, sostenida por Morricone (The Ecstasy of Gold), es una de las grandes secuencias de actuación física del cine.

Lee Van Cleef: la elegancia helada del mal

Lee Van Cleef interpreta a Sentencia / Ojos de Ángel como un profesional de la muerte. Si Blondie es cálculo y Tuco desorden, Sentencia es método. Van Cleef tiene el rostro perfecto para Leone: afilado, seco, aristocrático y amenazante. Su actuación evita el exceso; no necesita gesticular demasiado para resultar letal. Basta cómo entra en un espacio, cómo observa, cómo se sienta o cómo espera. (The Library of Congress)

Es un villano magnífico porque no parece impulsado por odio personal, sino por una ética torcida del trabajo: cobra, cumple y mata. Su maldad es fría, no histérica. Eso la vuelve más inquietante. Frente a la picaresca de Tuco y al oportunismo de Blondie, Ojos de Ángel encarna la lógica más despiadada de la eficiencia.

Un breve comparativo con los westerns norteamericanos

Aquí está una de las claves históricas del film. El western norteamericano clásico, sobre todo el de los años cuarenta y cincuenta, tendía a articularse alrededor de héroes más definidos moralmente, una visión más clara de civilización contra barbarie y una narrativa donde el paisaje estaba ligado a la construcción nacional. John Ford, por ejemplo, podía ser ambivalente y complejo, pero todavía trabajaba dentro de una idea del Oeste como mito fundacional de Estados Unidos.

Leone cambia el eje. Su Oeste es menos una nación en formación que un escenario de carroñeros. La moral ya no es clara; los héroes son mercenarios o sobrevivientes; la violencia es más gráfica, más seca y más burlona; y la guerra aparece como espectáculo absurdo más que como epopeya patriótica. Además, su estilo visual —con primerísimos planos extremos, montaje musicalizado, alargamiento del tiempo y énfasis en la fisicidad del rostro— rompe con la sintaxis más sobria y clásica del western americano. (Oscars)

Eso no significa que Leone despreciara el western estadounidense. Al contrario: lo admiraba lo suficiente como para reinventarlo. Pero lo filtró a través de una sensibilidad italiana, operática, irónica y a ratos casi barroca. Por eso EL BUENO, EL MALO Y EL FEO no reemplaza al western clásico: dialoga con él, lo parodia un poco, lo exagera y lo empuja hacia otra modernidad.

Conclusión

EL BUENO, EL MALO Y EL FEO sigue viva porque no es sólo una película influyente: es una experiencia cinematográfica todavía electrizante. Su grandeza está en haber entendido que el western podía ser al mismo tiempo brutal y cómico, épico y mugroso, estilizado y despiadado, musical y casi silencioso. Leone llevó el género a una región nueva, donde el close-up podía ser un duelo, la música podía disparar antes que el revólver y la guerra podía verse como una maquinaria absurda de muerte alrededor de tres hombres obsesionados con un tesoro.

Y en el centro de todo están esos tres cuerpos inolvidables: Eastwood como mito seco, Wallach como torbellino humano y Van Cleef como cuchillo elegante. Sobre ellos, Morricone tendió una música que ya no pertenece sólo al film, sino a la memoria del cine entero. Por eso, más que un simple western, EL BUENO, EL MALO Y EL FEO es una de esas películas que parecen haber inventado su propio clima.

Si EL BUENO, EL MALO Y EL FEO ocupa un sitio tan alto en la historia del cine, es porque dialoga, compite y convive con otras cumbres del western, cada una dueña de una forma distinta de grandeza.

MÁS CORAZÓN QUE ODIO (The Searchers, 1956), de John Ford, suele ser señalado como el western norteamericano por excelencia, el más reconocido por la crítica y por la tradición cinéfila; no por nada el American Film Institute lo colocó en el primer lugar de su lista de westerns.

LOS IMPERDONABLES (Unforgiven, 1992), de Clint Eastwood, representa otra cima: la del western que volvió con madurez crepuscular para conquistar no sólo a la crítica, sino también al Óscar, al llevarse premios tan mayores como Mejor Película y Mejor Director.

DJANGO SIN CADENAS (Django Unchained, 2012), de Quentin Tarantino, encarna en cambio la fuerza comercial del género en tiempos modernos, al convertirse en uno de los westerns más taquilleros de la historia reciente, con 449.8 millones de dólares recaudados en todo el mundo.

Y, frente a todos ellos, EL BUENO, EL MALO Y EL FEO ocupa una posición singular: no fue la más premiada ni la más favorecida por su tiempo, pero sí una de las más influyentes, la obra que llevó al Western italiano / “Spaghetti western” a su forma más mítica y que convirtió a Sergio Leone y a Ennio Morricone en nombres inseparables del imaginario del Oeste.

Dicho de otro modo: si John Ford fijó la gran estampa clásica, Clint Eastwood la revisó con melancolía, Quentin Tarantino la empujó al espectáculo contemporáneo, y Sergio Leone la volvió polvo, rito, música y leyenda.

De izquierda a derecha: Roman Polanski, Miguel Sabido, Sergio Leone, Andrés Bermea.

Acapulco (Circa 1973) 1er. ENCUENTRO MUNDIAL DE COMUNICACIÓN organizado por Televisa.