Cinerama Dome: una de las salas de cine más icónicas del mundo está por renacer

El histórico Cinerama Dome de Los Ángeles volverá a abrir en 2028, recordándonos que la experiencia de ver películas en sala todavía tiene mucho que dar.

Por el equipo editorial de Cinesaurio

COMO CASI SE PERDIÓ EL OESTE en la pantalla del Cinerama Dome

Durante años nos dijeron que el cine estaba muriendo. Que el streaming lo había condenado. Que las salas serían cosa del pasado. Que la pantalla grande terminaría convertida en nostalgia, como las marquesinas antiguas, los intermedios y los acomodadores con linterna.

Pero resulta que el cine no estaba muerto.

Solo estaba esperando que volvieran a encenderle la cúpula.

Sony Pictures Entertainment anunció que el legendario Cinerama Dome de Los Ángeles será restaurado y reabrirá a principios de 2028, después de permanecer cerrado desde la pandemia. El recinto será operado por Alamo Drafthouse Cinema y su regreso tiene algo de resurrección cinematográfica: no hablamos de cualquier sala, sino de uno de los edificios más reconocibles de Hollywood.

Ubicado en Sunset Boulevard e inaugurado en 1963, el Cinerama Dome se volvió famoso por su enorme cúpula geodésica y por representar una época en la que ir al cine era, literalmente, entrar a otro mundo. Abrió sus puertas con EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO, LOCO (It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World), la comedia épica de Stanley Kramer, y desde entonces quedó asociado con una idea muy poderosa: el cine podía ser más grande, más ancho y más envolvente que cualquier pantalla doméstica.

Y aquí conviene explicar algo para las nuevas generaciones:

el Cinerama no era solo el nombre de una sala bonita. Fue un sistema de exhibición espectacular que buscaba envolver al público. En su versión clásica utilizaba tres proyectores sincronizados que lanzaban tres imágenes alineadas sobre una pantalla enorme, curva y panorámica. El resultado era una experiencia inmersiva para su tiempo, como si la película sumergiera en su interior al espectador antes de que existieran las pantallas IMAX modernas o las salas premium que hoy conocemos.

Por eso el regreso del Cinerama Dome no es una noticia menor. En los años sesenta, el gran rival del cine era la televisión. Hoy, el enemigo se llama streaming, celular, algoritmo, plataforma, “lo veo luego” y “me espero a que salga en casa”. Pero la respuesta sigue siendo la misma: algunas películas no solo se ven; se habitan.

Una sala como el Cinerama Dome no es únicamente un negocio con butacas. Es una promesa. La promesa de que la imagen puede envolvernos, de que el sonido puede sacudirnos y de que la oscuridad compartida todavía conserva mucho de ritual. Ahí uno no entra nada más a consumir contenido. Entra a rendirse, por un par de horas, ante una pantalla que no cabe en la palma de la mano.

El plan anunciado busca preservar el nombre Cinerama, su imagen exterior y el carácter histórico del recinto. Ese detalle importa. Porque no todo templo necesita convertirse en restaurante con película incluida. A veces basta con que la luz se apague, la pantalla se ilumine y el público recuerde por qué salió de casa.

El regreso del Cinerama Dome no resolverá todos los problemas de la exhibición cinematográfica. No hará desaparecer el streaming. No devolverá automáticamente a todas las salas vacías a su antiguo esplendor. Pero sí manda una señal poderosa: todavía hay lugares que merecen ser salvados porque guardan algo más que funciones. Guardan memoria.

En CINESAURIO lo sabemos bien: los cines no son solo edificios. Son cápsulas de tiempo. Ahí vimos películas que nos asustaron, nos hicieron reír, nos enamoraron o nos cambiaron la vida sin pedir permiso.

Por eso la reapertura del Cinerama Dome emociona incluso a quienes nunca han comprado un boleto ahí. Porque no se trata únicamente de Los Ángeles. Se trata de defender una idea: que el cine sigue necesitando lugares donde ocurrir.

Por ahora, queda una pregunta abierta para los cinéfilos más técnicos: ¿con qué formato -o formatos- proyectará el Dome cuando reabra? Aunque el nombre Cinerama remite al sistema clásico de tres proyectores sincronizados sobre una pantalla curva, oficialmente todavía no se ha informado con detalle si la sala recuperará ese formato histórico, si privilegiará el 70 mm, la proyección digital de gran formato, o una combinación de tecnologías. Habrá que esperar. Pero algo sí parece claro: el espíritu que se busca rescatar es el de una sala diseñada para que el cine vuelva a sentirse enorme.

Durante años nos dijeron que el futuro estaba en ver películas en casa.

Puede ser.

Pero, de vez en cuando, el futuro también necesita una marquesina encendida, una fila en la banqueta y una cúpula enorme recordándonos que la pantalla grande todavía sabe levantar la mirada.

El cine no ha muerto.

Solo estaba esperando que alguien volviera a abrir la puerta.