DOLLY PARTON: CONVIRTIÓ LAS LENTEJUELAS EN LUZ PROPIA

Por el equipo editorial de Cinesaurio

Dolly Parton murió este martes 25 de agosto de 2026, a los 80 años, en Nashville, Tennessee. La noticia fue confirmada por su familia y representantes. Hasta el momento no se ha informado oficialmente la causa de su muerte; distintos medios señalan que en los últimos meses había enfrentado problemas de salud, pero la versión pública disponible se limita a indicar que falleció pacíficamente.

Con Dolly Parton se va mucho más que una estrella de la música country. Se va una de esas figuras rarísimas que parecían inventadas por el propio espectáculo: voz prodigiosa, pelucas imposibles, vestidos brillantes, humor afilado, inteligencia empresarial y una capacidad enorme para reírse de sí misma antes de que alguien más intentara hacerlo.

Dolly Rebecca Parton nació el 19 de enero de 1946 en Pittman Center, Tennessee, y creció en una familia pobre de las montañas Smoky.

Dolly Parton en los Premios Óscar de 2006

Reuters recuerda que fue una de doce hijos y que su origen humilde marcó profundamente su música, sus letras y su manera de relacionarse con el público. De ahí salió una artista que nunca renegó de sus raíces, pero tampoco permitió que la encerraran en ellas.

Su carrera musical fue monumental. Escribió miles de canciones, vendió más de 100 millones de discos y dejó títulos que ya forman parte de la memoria popular: “Jolene”, “Coat of Many Colors”, “9 to 5” y, por supuesto, “I Will Always Love You”, canción que ella compuso y que décadas después Whitney Houston convirtió en fenómeno mundial. Reuters la describe como autora de aproximadamente 3,000 canciones y una de las figuras más reconocibles de la cultura popular estadounidense.

Pero en CINESAURIO nos toca mirarla también desde la pantalla. Dolly debutó en cine con COMO ELIMINAR A SU JEFE (9 to 5, 1980), junto a Jane Fonda y Lily Tomlin, una comedia laboral que hoy se recuerda como una pequeña bomba feminista envuelta en humor. IMDb señala que por esa película obtuvo una nominación al Óscar por la canción principal, además de premios Grammy por “Nine to Five”.

Después vinieron LA MEJOR CASITA DE PLACER (The Best Little Whorehouse in Texas, 1982), con Burt Reynolds; EL TAXISTA CARADURA (Rhinestone, 1984), con Sylvester Stallone; MAGNOLIAS DE ACERO (Steel Magnolias, 1989), junto a Sally Field, Shirley MacLaine, Olympia Dukakis, Daryl Hannah y Julia Roberts; FAMOSA POR ERROR (Straight Talk, 1992); y RUIDOS GOZOSOS (Joyful Noise, 2012), con Queen Latifah. Su filmografía nunca fue tan extensa como su discografía, pero sí dejó una presencia reconocible: Dolly no “aparecía” en pantalla; entraba como si la luz la hubiera estado esperando.

Como actriz tenía una virtud muy difícil: parecía natural incluso cuando todo en ella era deliberadamente actuado. Su imagen era grande, brillante, exagerada, casi de caricatura; pero detrás de esa superficie había una persona cálida, precisa, inteligente y dueña absoluta de su personaje público. Ella misma convirtió el exceso en marca personal. Las lentejuelas, el peinado, el maquillaje y el humor no eran disfraz: eran armadura, bandera y declaración de independencia.

Dolly Parton en el Songwriters Hall of Fame

Sus premios hablan de una carrera fuera de serie. Fue reconocida con múltiples Grammy; ingresó al Country Music Hall of Fame, al Songwriters Hall of Fame y al Rock & Roll Hall of Fame; recibió la National Medal of Arts y los Kennedy Center Honors. En 2025, la Academia de Hollywood anunció que Dolly Parton recibiría el Premio Humanitario Jean Hersholt, uno de los reconocimientos más importantes que otorga la industria cinematográfica por labores filantrópicas.

Y justamente ahí aparece otra Dolly: la filántropa. Su Imagination Library distribuyó millones de libros gratuitos a niños; también apoyó causas educativas, víctimas de desastres y proyectos de salud. AP recuerda que donó un millón de dólares a investigaciones relacionadas con la vacuna contra COVID-19, además de impulsar programas de lectura infantil y ayuda comunitaria.

Dolly Parton en el Rock & Roll Hall of Fame, 2022

Dolly Parton fue única porque nunca pidió permiso para ser varias cosas a la vez. Fue cantante country y estrella pop. Compositora sentimental y empresaria astuta. Mujer de fe y figura camp. Símbolo del sur estadounidense y celebridad global. Una artista profundamente popular que podía cantar una pena amorosa con absoluta sinceridad y, al minuto siguiente, soltar una broma sobre su propio escote.

Quizá por eso la quiso tanta gente tan distinta. Dolly no parecía hablar desde una torre de fama, sino desde una cocina iluminada, un camerino lleno de brillo o una carretera de Tennessee. Tenía esa cualidad rara de las estrellas verdaderas: era más grande que la vida, pero nunca dejó de sonar cercana.

En el cine, en la música y en la cultura popular, Dolly Parton deja algo más que canciones y películas. Deja una lección de identidad: se puede ser brillante sin volverse frío, poderoso sin perder ternura, famoso sin olvidar de dónde se viene.

Hoy se apaga una voz inmensa.

Pero Dolly Parton hizo lo que solo logran los artistas inolvidables: dejó suficiente luz como para que el escenario no se quede oscuro.



HOMERO TAMBIÉN VENDE PALOMITAS…

Por el equipo editorial de Cinesaurio

Durante años nos han dicho que el público ya no tiene paciencia. Que las películas largas espantan. Que las historias complejas no venden. Que si no hay superhéroes, multiversos, cameos sorpresa o muñecos coleccionables, la taquilla se pone nerviosa.

Y entonces llegó Homero.

Bueno, llegó Christopher Nolan con Homero bajo el brazo.

LA ODISEA (The Odyssey) acaba de convertirse en la película clasificación ‘R’ más taquillera de todos los tiempos, superando a DEADPOOL & WOLVERINE, que tenía el récord desde 2024. Según reportes recientes, la cinta de Nolan ya ronda los 1,400 millones de dólares a nivel mundial y también se convirtió en la película más taquillera de toda su carrera.

LA ODISEA (The Odyssey) acaba de convertirse en la película clasificación ‘R’ más taquillera de todos los tiempos, superando a DEADPOOL & WOLVERINE (Deadpool & Wolverine), que tenía el récord desde 2024. Según reportes recientes, la cinta de Nolan ya ronda los 1,400 millones de dólares a nivel mundial y también se convirtió en la película más taquillera de toda su carrera.

El dato es notable por muchas razones. Primero, porque estamos hablando de una película clasificación R en Estados Unidos, lo que limita el acceso de menores de 17 años si no van acompañados por un adulto. Segundo, porque no se trata precisamente de una comedia ligera de hora y media. Es una epopeya antigua, basada en un poema atribuido a Homero, con viaje, guerra, monstruos, dioses, regreso al hogar y bastante sufrimiento humano. Nada de “me la explicas en TikTok en treinta segundos”.

Y aun así, el público compró boleto.

Ahí está la noticia verdadera.

Nolan tomó una obra literaria que tiene casi tres mil años de antigüedad y la convirtió en acontecimiento cinematográfico. No la vendió como tarea escolar ni como lectura obligatoria con examen el lunes. La presentó como espectáculo: gran formato, reparto estelar, aventura, misterio, prestigio y esa sensación de que, si no la ves en sala, te estás perdiendo algo.

Eso es algo que Hollywood debería anotar con plumón rojo: el público no necesariamente huye de las historias ambiciosas. Huye del aburrimiento. Huye de las películas que parecen diseñadas por comité. Huye de los estrenos que prometen mucho ruido pero poca emoción. Pero cuando una película logra convencerlo de que hay una experiencia grande esperándolo, el público todavía sale de casa.

Claro, Nolan no es cualquier director. Su nombre ya funciona casi como marca de garantía. Después de BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE (The Dark Knight), EL ORIGEN (Inception), INTERESTELAR (Interstellar) y OPPENHEIMER (Oppenheimer), buena parte de la audiencia sabe que una película suya no se estrena: se anuncia como evento. Y esa diferencia cuenta.

Pero el triunfo de LA ODISEA (The Odyssey) también tiene algo de saludable provocación cultural. En una temporada dominada por franquicias, secuelas y héroes en traje ajustado, un poema épico de la Grecia antigua se sentó en la mesa de la taquilla y pidió palomitas grandes.

Y se las dieron.

El éxito no significa que mañana todos los estudios vayan a adaptar a los clásicos griegos. Tampoco veremos necesariamente una avalancha de películas sobre Sófocles, Eurípides o Hesíodo con palomera conmemorativa. Pero sí demuestra que el cine comercial todavía puede dialogar con materiales culturales profundos, antiguos y aparentemente “difíciles”, siempre que los convierta en experiencia viva.

Porque LA ODISEA (The Odyssey) no solo vende la historia de Odiseo intentando regresar a casa. Vende la promesa de un viaje. Y el cine, desde sus orígenes, ha sido precisamente eso: una invitación a sentarse en la oscuridad para ir a otro lugar.

Quizá por eso este récord importa. No solo porque Nolan rompió una marca de taquilla. No solo porque desplazó a un gigante reciente como DEADPOOL & WOLVERINE (Deadpool & Wolverine). Importa porque recuerda que el público puede seguir respondiendo a historias con peso, con tradición y con ambición, siempre que la pantalla las haga respirar.

A Hollywood le gusta pensar que la fórmula del éxito está en calcular tendencias.

Homero, desde algún rincón del Olimpo literario, acaba de sugerir otra cosa: quizá la fórmula estaba en contar bien un gran viaje.

Con monstruos, sí.

Con tragedia, también.

Pero sobre todo con una razón para que el espectador quiera subirse al barco.

Al final, la lección es sencilla: no hay que subestimar al público.

Puede que hoy vea videos cortos, series a doble velocidad y avances en el celular.

Pero si el viaje promete valer la pena, todavía compra boleto, apaga la luz y se deja llevar.

Porque, como acaba de demostrar Nolan, Homero también vende boletos de cine y  palomitas.



Cinerama Dome: una de las salas de cine más icónicas del mundo está por renacer

El histórico Cinerama Dome de Los Ángeles volverá a abrir en 2028, recordándonos que la experiencia de ver películas en sala todavía tiene mucho que dar.

Por el equipo editorial de Cinesaurio

COMO CASI SE PERDIÓ EL OESTE en la pantalla del Cinerama Dome

Durante años nos dijeron que el cine estaba muriendo. Que el streaming lo había condenado. Que las salas serían cosa del pasado. Que la pantalla grande terminaría convertida en nostalgia, como las marquesinas antiguas, los intermedios y los acomodadores con linterna.

Pero resulta que el cine no estaba muerto.

Solo estaba esperando que volvieran a encenderle la cúpula.

Sony Pictures Entertainment anunció que el legendario Cinerama Dome de Los Ángeles será restaurado y reabrirá a principios de 2028, después de permanecer cerrado desde la pandemia. El recinto será operado por Alamo Drafthouse Cinema y su regreso tiene algo de resurrección cinematográfica: no hablamos de cualquier sala, sino de uno de los edificios más reconocibles de Hollywood.

Ubicado en Sunset Boulevard e inaugurado en 1963, el Cinerama Dome se volvió famoso por su enorme cúpula geodésica y por representar una época en la que ir al cine era, literalmente, entrar a otro mundo. Abrió sus puertas con EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO, LOCO (It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World), la comedia épica de Stanley Kramer, y desde entonces quedó asociado con una idea muy poderosa: el cine podía ser más grande, más ancho y más envolvente que cualquier pantalla doméstica.

Y aquí conviene explicar algo para las nuevas generaciones:

el Cinerama no era solo el nombre de una sala bonita. Fue un sistema de exhibición espectacular que buscaba envolver al público. En su versión clásica utilizaba tres proyectores sincronizados que lanzaban tres imágenes alineadas sobre una pantalla enorme, curva y panorámica. El resultado era una experiencia inmersiva para su tiempo, como si la película sumergiera en su interior al espectador antes de que existieran las pantallas IMAX modernas o las salas premium que hoy conocemos.

Por eso el regreso del Cinerama Dome no es una noticia menor. En los años sesenta, el gran rival del cine era la televisión. Hoy, el enemigo se llama streaming, celular, algoritmo, plataforma, “lo veo luego” y “me espero a que salga en casa”. Pero la respuesta sigue siendo la misma: algunas películas no solo se ven; se habitan.

Una sala como el Cinerama Dome no es únicamente un negocio con butacas. Es una promesa. La promesa de que la imagen puede envolvernos, de que el sonido puede sacudirnos y de que la oscuridad compartida todavía conserva mucho de ritual. Ahí uno no entra nada más a consumir contenido. Entra a rendirse, por un par de horas, ante una pantalla que no cabe en la palma de la mano.

El plan anunciado busca preservar el nombre Cinerama, su imagen exterior y el carácter histórico del recinto. Ese detalle importa. Porque no todo templo necesita convertirse en restaurante con película incluida. A veces basta con que la luz se apague, la pantalla se ilumine y el público recuerde por qué salió de casa.

El regreso del Cinerama Dome no resolverá todos los problemas de la exhibición cinematográfica. No hará desaparecer el streaming. No devolverá automáticamente a todas las salas vacías a su antiguo esplendor. Pero sí manda una señal poderosa: todavía hay lugares que merecen ser salvados porque guardan algo más que funciones. Guardan memoria.

En CINESAURIO lo sabemos bien: los cines no son solo edificios. Son cápsulas de tiempo. Ahí vimos películas que nos asustaron, nos hicieron reír, nos enamoraron o nos cambiaron la vida sin pedir permiso.

Por eso la reapertura del Cinerama Dome emociona incluso a quienes nunca han comprado un boleto ahí. Porque no se trata únicamente de Los Ángeles. Se trata de defender una idea: que el cine sigue necesitando lugares donde ocurrir.

Por ahora, queda una pregunta abierta para los cinéfilos más técnicos: ¿con qué formato -o formatos- proyectará el Dome cuando reabra? Aunque el nombre Cinerama remite al sistema clásico de tres proyectores sincronizados sobre una pantalla curva, oficialmente todavía no se ha informado con detalle si la sala recuperará ese formato histórico, si privilegiará el 70 mm, la proyección digital de gran formato, o una combinación de tecnologías. Habrá que esperar. Pero algo sí parece claro: el espíritu que se busca rescatar es el de una sala diseñada para que el cine vuelva a sentirse enorme.

Durante años nos dijeron que el futuro estaba en ver películas en casa.

Puede ser.

Pero, de vez en cuando, el futuro también necesita una marquesina encendida, una fila en la banqueta y una cúpula enorme recordándonos que la pantalla grande todavía sabe levantar la mirada.

El cine no ha muerto.

Solo estaba esperando que alguien volviera a abrir la puerta.



PELÍCULAS A LAS QUE URGE SE LAVEN LA BOCA CON JABÓN

Hay películas que no necesitan censura: necesitan cepillo dental, enjuague bucal y una barra de jabón Zote.

Hoy, en LAS PELÍCULAS CON MÁS…, vamos con esas cintas a las que urge lavarles la boca con jabón. No por violentas, sino por malhabladas y léperas.



BESOS, BESOS Y MÁS BESOS…

En la serie LAS PELÍCULAS CON MÁS… hoy te presento BESOS, BESOS Y MÁS BESOS… CUANDO EL CINE SE PASÓ DE CARIÑOSO

En el cine hay besos inolvidables, besos insólitos y todo un arcoíris de tonalidades.

Encuentra en este video el primer beso, la película con el mayor número de besos, la colección más grande y hermosa de besos y el beso más largo en la historia del cine.



ROBIN HOOD: EL LADRÓN QUE EL CINE NUNCA DEJA JUBILARSE

Una investigación de Andrés Bermea y el equipo editorial de Cinesaurio

Hollywood vuelve a demostrar que no le gusta tirar nada a la basura. Si algo funcionó antes, se desempolva, se maquilla, se oscurece, se rejuvenece o se convierte en “nueva visión”.

Y entonces aparece LA MUERTE DE ROBIN HOOD (The Death of Robin Hood), producción de A24 protagonizada por Hugh Jackman, Jodie Comer y Bill Skarsgård. La película, dirigida y escrita por Michael Sarnoski, se estrena en los cines de México este jueves 6 de agosto, y plantea una pregunta muy CINESAURIO: ¿Otra vez Robin Hood?…

Porque, aceptémoslo, al famoso ladrón del bosque de Sherwood le han dado más oportunidades que a muchos actores de reparto. Lo hemos visto noble, aventurero, romántico, caricaturesco, paródico, musculoso, sombrío, moderno, medieval y hasta convertido en zorro animado. Entonces, ¿para qué otra versión? ¿Falta de creatividad? ¿Apuesta segura? ¿O todavía queda algo nuevo que decir sobre el hombre que robaba a los ricos para dar a los pobres?

La diferencia de LA MUERTE DE ROBIN HOOD está precisamente en que no parece interesada en el Robin Hood de la postal heroica. Sarnoski se aleja del arquero luminoso y presenta a un hombre envejecido, herido, culpable y perseguido por su propio pasado. El director ha explicado que le interesaba explorar la balada antigua sobre la muerte de Robin Hood: la idea de que una figura casi inmortal del folclor pudiera tener un final sencillo, humano y silencioso.

Este Robin no es tanto “el príncipe de los ladrones” como un bandido que empieza a preguntarse cuánto daño dejó detrás. Variety describe la propuesta como una versión más cercana a Unforgiven o Valhalla Rising que a los alegres hombres en mallas de tantas películas anteriores. Según Sarnoski, el punto era imaginar cómo habría sido realmente la vida de un bandido medieval: brutal, sucia, violenta y nada glamorosa. (Variety Australia)

Ahí está su posible aportación: no reciclar el mito para volver a vender la misma aventura, sino para desmontarla. La película pregunta qué queda del héroe cuando se apaga la leyenda. Qué pasa cuando el arco pesa, las heridas no cierran y la fama ya no alcanza para justificar la violencia. En ese sentido, LA MUERTE DE ROBIN HOOD no quiere ser el inicio de una franquicia, sino casi lo contrario: el epílogo de una figura que el cine ha tratado de mantener joven durante más de cien años.

Y vaya que Robin Hood tiene historial en pantalla. Douglas Fairbanks lo interpretó en el cine mudo en 1922. Errol Flynn lo volvió definitivo en LAS AVENTURAS DE ROBIN HOOD (The Adventures of Robin Hood en 1938), con capa, espada y sonrisa de comercial de pasta dental. Disney lo convirtió en un zorro irresistible en 1973, con la voz original de Brian Bedford (¡Magnífica la adaptación al español!). Sean Connery lo mostró maduro y melancólico en ROBIN Y MARIAN en 1976.

Kevin Costner lo volvió superproducción noventera en Robin Hood: EL PRÍNCIPE DE LOS LADRONES (Robin Hood: Prince of Thieves en 1991). Cary Elwes lo parodió con elegancia en LAS LOCAS AVENTURAS DE ROBIN HOOD (Robin Hood: Men in Tights en 1993). Russell Crowe lo hizo más guerrero en 2010, y Taron Egerton intentó relanzarlo con energía juvenil en 2018.

La trivia sabrosa: Errol Flynn, quizá el Robin Hood más icónico del cine clásico, solo interpretó al personaje una vez. Una sola película bastó para fijar durante décadas la imagen del héroe aventurero, elegante y burlón. Eso sí que es puntería.

También es curioso que Sarnoski haya reconocido la sombra de la versión animada de Disney de 1973, aquella del zorro encantador que dejó a generaciones preguntándose por qué un dibujo podía tener tanto carisma. Pero su reacción fue casi la opuesta: “eso no era una muerte tranquila”, pensó al leer la balada antigua. Y de ahí nació esta versión áspera, crepuscular y nada bailarina. (Rotten Tomatoes Editorial)

Así que sí: Hollywood vuelve a Robin Hood porque el nombre ya viene con flecha, bosque, villano y reconocimiento mundial. Pero esta vez la pregunta no es si Robin podrá derrotar al Sheriff de Nottingham. La pregunta es más incómoda: ¿Puede un héroe sobrevivir a su propia leyenda?

Tal vez por eso el personaje sigue regresando. No porque Hollywood no tenga ideas -aunque a veces hace méritos para que sospechemos-, sino porque los mitos funcionan como espejos. Cada época inventa el Robin Hood que necesita. Hubo uno para la aventura clásica, otro para la caricatura, otro para la épica, otro para la parodia y ahora uno para tiempos y públicos más escépticos: un Robin cansado, culpable, humano.

El ladrón de Sherwood todavía roba. Pero esta vez no viene por monedas.

Viene por una última oportunidad de redención.

El origen real de Robin Hood es más legendario que biográfico: no hay prueba concluyente de que haya existido un solo Robin Hood histórico al que luego “le hicieron” una balada. Lo que sí sabemos es que el nombre y las historias ya circulaban en la Inglaterra medieval: una de las referencias literarias más antiguas aparece en Piers Plowman, de finales del siglo XIV, y las primeras baladas conservadas son de los siglos XIV y XV, donde Robin aparece como un forajido/yeoman violento (campesino libre o pequeño propietario), asociado con el bosque, sus hombres y el Sheriff de Nottingham, no todavía como el noble romántico que “robaba a los ricos para dar a los pobres”. (Cambridge University Press)

Tampoco hay un autor identificado. Robin Hood nace de tradición oral, baladas populares y recreaciones sucesivas. Con el tiempo se le fueron agregando capas: Lady Marian, el tono caballeresco, la lealtad al rey Ricardo Corazón de León y el ideal de justicia social se consolidaron mucho después, especialmente a partir de versiones literarias y teatrales posteriores. En resumen: probablemente no hubo “el verdadero Robin Hood”, sino varios posibles ecos de forajidos medievales convertidos por el pueblo en mito. Y como suele pasar con los buenos mitos, cada época le puso su propia flecha.



¿Otra vez Spider-Man? Sí… pero ahora empieza un nuevo día

Por el equipo editorial de Cinesaurio

Ya se descolgó por los cines Spider-Man: Un nuevo día (Spider-Man: Brand New Day), cuarta película en solitario de Tom Holland como el Hombre Araña dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Y la pregunta se impone sola: ¿De verdad necesitábamos otra película de Spider-Man?

La respuesta corta: Hollywood, seguro que sí. La taquilla también. Pero quizá el personaje todavía tiene algo más que ofrecer.

Spider-Man es una de las franquicias más rentables y resistentes del cine moderno. Ha pasado por Tobey Maguire, Andrew Garfield, Tom Holland, series animadas, multiversos, videojuegos, memes y hasta crisis existenciales con telaraña incluida. Pero su atractivo sigue siendo el mismo: Peter Parker no es un dios, ni un millonario, ni un guerrero intergaláctico. Es un muchacho con problemas, culpa, cansancio, amor, renta emocional vencida… y para colmo tiene que salvar Nueva York… ¡Uf!

Según reportes recientes, Brand New Day llega con un despliegue enorme y con Tom Holland nuevamente acompañado por Zendaya, Jacob Batalon, Mark Ruffalo y Jon Bernthal, bajo la dirección de Destin Daniel Cretton. En España incluso logró el mejor día de estreno registrado en ese mercado, con 3.2 millones de euros en su primera jornada.

¿Es Holland el mejor Spider-Man? Tal vez no hace falta coronarlo. Tobey tuvo el drama clásico, Andrew la melancolía romántica, pero Holland entiende muy bien al Peter vulnerable, torpe, joven y emocionalmente golpeado. Su Spider-Man parece cargar mochila, trauma y tarea pendiente.

Zendaya, por su parte, no interpreta a la Mary Jane tradicional. Su MJ es más seca, irónica, menos “chica ideal” y más persona real: desconfiada, inteligente, difícil de impresionar. Eso le da al romance otra textura.

Así que sí: otra película de Spider-Man. Pero mientras Peter Parker siga intentando levantarse después de cada caída, quizá todavía hay telaraña para rato.



¡FELIZ CUMPLEAÑOS ALICIA!

Por el equipo editorial de Cinesaurio

Hoy se cumplen 75 años de la premiere mundial en Londres de ALICIA EN EL PAÍS DE LA MARAVILLAS (Alice in Wonderland), realizada el 26 de julio de 1951 en el Leicester Square Theatre, antes de su estreno en Estados Unidos dos días más tarde.

Basada en los textos de Lewis Carroll, la película no fue en su momento uno de los grandes éxitos inmediatos de Disney, pero con el paso de las décadas se convirtió en una de sus obras más influyentes.

Su mezcla de absurdo, color, música, humor ilógico y personajes inolvidables ayudó a fijar en la cultura mundial una imagen muy particular del País de las Maravillas: el Conejo Blanco siempre tarde, el Sombrerero Loco, la Reina de Corazones, la sonrisa flotante del Gato de Cheshire y esa sensación de que la realidad puede doblarse como si fuera de papel.

Su impacto va mucho más allá del cine infantil. Alicia ha inspirado moda, música, psicodelia, diseño gráfico, videojuegos, parques temáticos, publicidad y hasta formas de hablar: “caer por la madriguera” ya es sinónimo de entrar en un mundo extraño, fascinante y un poco desquiciado. Incluso The New Yorker ha señalado que la imagen cinematográfica más perdurable de Alicia sigue siendo, precisamente, la versión animada de Disney de 1951.

Trivias curiosas: Walt Disney tenía en mente adaptar Alicia desde 1933 y llegó a considerar una versión con actores reales protagonizada por Mary Pickford. Además, Ed Wynn, voz del Sombrerero Loco, improvisó diálogos durante la filmación de referencia; gustaron tanto que los técnicos hicieron lo posible por rescatar ese audio y usarlo en la película final.

Alicia no envejeció. Siguió cayendo. Y el mundo entero cayó con ella.



LAS PELÍCULAS CON MÁS…

Es una serie de videos cortos en CINESAURIO dedicada a contar esos excesos, récords y curiosidades del cine que casi nunca aparecen en la cartelera, pero que hacen que una película se vuelva inolvidable por razones muy particulares.

Aquí hablaremos de las cintas con más besos, más balazos, más explosiones, más groserías, más autos destruidos, más presupuesto, más fracasos de taquilla… y de todo aquello que el cine ha llevado al límite, a veces con grandeza, a veces con descaro y otras con resultados francamente divertidos.

Cada entrega reúne datos sorprendentes, historias sabrosas y detalles perfectos para presumir en una reunión con amigos, provocar una sonrisa o soltar ese clásico: “¡No tenía idea!”.

Pasa, lee, descubre, diviértete y sorpréndete: porque en el cine todo se puede contar… hasta lo que se salió de control.

LAS PELÍCULAS CON MÁS… es presentada por el Explorador Cinesaurio Andrés Bermea.