La verdadera batalla no es cruzar el mar, sino redescubrir quiénes somos y volver a casa
Por Andrés Bermea y el equipo editorial de CINESAURIO
Es fácil pensar que, para el director Christopher Nolan, LA ODISEA no podía ser una película de aventuritas ni la simple pretensión de montar un espectáculo de proporciones colosales nomás por darse el gusto. Nolan tiene un propósito, algo QUÉ contarnos, y ha elegido narrarlo de una manera muy particular. Vale la pena explorar qué quiere decirnos y descubrir los signos, símbolos y significados que entraña la cinta.
Nolan no lleva a la pantalla cada verso ni cada episodio del poema de Homero. Su adaptación es selectiva: conserva el viaje de Odiseo, la espera de Penélope, la maduración de Telémaco, la amenaza de los pretendientes y varios de los encuentros más emblemáticos; pero comprime aventuras, reduce la intervención directa de los dioses y transforma al protagonista en un hombre marcado por las consecuencias de la guerra. Es fiel al esqueleto y al espíritu del regreso, aunque no reproduce toda la complejidad, el humor y la exuberancia fantástica del poema original.
El lenguaje tampoco pretende imitar la manera en que habrían hablado los antiguos griegos. Los diálogos coloquiales emplean palabras y giros contemporáneos para producir una emoción inmediata. Sin embargo, la película sí conserva un tono poético: no tanto por su vocabulario, sino por la cadencia de las frases, los silencios y la repetición de imágenes como el mar, el fuego, la oscuridad y el hogar distante. La poesía, podríamos decir, fue trasladada de las palabras a las imágenes y eso mis amigos de CINESAURIO es: ¡HACER CINE!
Geográficamente, Troya e Ítaca no están en extremos opuestos del mundo. Tomando como referencia el sitio arqueológico de Troya, en la actual Turquía, y la isla moderna de Ítaca, las separan aproximadamente 510 kilómetros en línea recta; por mar, la ruta sería considerablemente mayor, pero de ninguna manera justificaría diez años de navegación. Esa década pertenece al terreno del mito: Odiseo es desviado por tormentas, naufragios, errores propios, pérdidas y la ira de Poseidón. Además, en el poema permanece alrededor de un año con Circe y siete años retenido por Calipso. El viaje se prolonga porque no representa solamente una distancia geográfica: es un recorrido moral y espiritual. Odiseo debe transformarse antes de poder volver.
¿De qué habla realmente LA ODISEA? De lo difícil que resulta regresar después de una guerra sin llevar la guerra dentro de uno mismo. Odiseo quiere recuperar a su esposa, a su hijo y su reino, pero antes necesita recuperar su identidad (Esto se nota claramente en el episodio con la ninfa Calipso). Se puede ganar una batalla con la astucia, recibir honores y sobrevivir a los enemigos y, aun así, no saber cómo volver a ser esposo, padre, gobernante y ser humano.
Cada escala representa una prueba interior. Polifemo, el cíclope, es hijo de Poseidón. Odiseo consigue escapar gracias a su inteligencia, pero después, dominado por el orgullo, revela su verdadero nombre. Al dejar ciego al hijo del dios del mar, desata contra él una venganza de proporciones divinas. Su astucia lo salva; su ego prolonga su desgracia.
Circe muestra cómo la violencia y los instintos pueden convertir a los hombres en bestias. Calipso representa la tentación de olvidar el pasado, abandonar las responsabilidades y aceptar una comodidad sin futuro; pero en última instancia, el momento de la búsqueda de la propia identidad. Las sirenas ofrecen conocimiento, fascinación y gloria, pero escuchar su canto implica el riesgo de perder el rumbo. Cada encuentro no es sólo una aventura: refleja un miedo, un deseo o una debilidad del propio Odiseo.
Mientras tanto, los pretendientes invaden su casa, consumen sus alimentos, dilapidan su riqueza y presionan a Penélope. No buscan únicamente casarse con ella: pretenden obtener la legitimidad y el reino del monarca ausente. Representan el oportunismo que ocupa cualquier vacío de autoridad y violan la xenía, la ley sagrada de hospitalidad: llegaron como huéspedes y terminaron comportándose como dueños. La invasión del palacio simboliza un hogar sin orden, un país sin gobierno y una identidad familiar amenazada.
El mar representa la incertidumbre; el arco, la autoridad que nadie puede usurpar; los disfraces, la necesidad de ocultarse para descubrir la verdad; y el nombre de Odiseo, la tensión entre el anonimato que lo protege y el orgullo que lo condena.
Nolan ofrece un espectáculo monumental, pero su idea central es íntima: la auténtica odisea no consiste en cruzar el mar, sino redescubrir quiénes somos y volver a casa.
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Quién es quién, de dónde viene el conflicto y por qué regresar a casa puede ser más difícil que ganar una guerra
Christopher Nolan llega a LA ODISEA con una de las historias más antiguas, influyentes y aventureras de la cultura occidental. Se presenta como una “épica de acción mitológica”, filmada completamente con cámaras de película IMAX y desde hoy en los cine de todo México. El propio Nolan ha llamado a sus personajes “los superhéroes originales” y ha comparado el universo de Homero con lo que Marvel representa para el entretenimiento contemporáneo.
Pero La Odisea no es solamente una colección de monstruos, tempestades y aventuras marítimas. Es, ante todo, la historia de un hombre que lleva demasiado tiempo lejos de casa y que debe descubrir si todavía puede regresar a la vida que dejó atrás.
La Odisea es un poema épico griego atribuido tradicionalmente a Homero, también considerado autor de La Ilíada. Su composición suele situarse alrededor de los siglos VIII o VII antes de Cristo, aunque procede de una tradición oral mucho más antigua: estas historias eran cantadas o recitadas ante un público antes de quedar fijadas por escrito. El poema está dividido en 24 cantos o libros.
Conviene no acercarse a ella como si fuera una novela moderna. Es una narración episódica, llena de relatos dentro de otros relatos, repeticiones, profecías, recuerdos, dioses, criaturas y personajes que cuentan versiones distintas de lo sucedido.
Y aquí aparece una primera clave muy “nolaniana”: la historia original no comienza por el principio.
Cuando arranca La Odisea, la guerra de Troya ya terminó hace años y Odiseo lleva mucho tiempo desaparecido. Primero conocemos el conflicto que dejó en Ítaca, especialmente la situación de su hijo Telémaco y de su esposa Penélope. Más adelante, el propio Odiseo narra buena parte de las aventuras que ha vivido. Homero ya jugaba con saltos temporales, recuerdos y narradores miles de años antes de Memento u Oppenheimer.
Para entender el punto de partida hay que retroceder un poco.
Antes del viaje de regreso que cuenta La Odisea, Odiseo pasó diez años combatiendo en la guerra de Troya. El conflicto comenzó cuando Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, terminó en Troya junto a Paris, príncipe de esa ciudad. Según las distintas versiones del mito, Helena fue raptada por Paris o abandonó voluntariamente a su esposo para marcharse con él.
Menelao pidió ayuda a su hermano Agamenón, uno de los reyes griegos más poderosos. Agamenón reunió a numerosos gobernantes y guerreros -entre ellos Aquiles y Odiseo- y encabezó la expedición para recuperar a Helena y conquistar Troya. La guerra duró diez años; cuando finalmente terminó, Odiseo emprendió el regreso a Ítaca, viaje que se convertiría en la verdadera odisea.
Odiseo, rey de la pequeña isla de Ítaca, fue uno de esos combatientes. No era el más fuerte -ese lugar corresponde a Aquiles-, pero sí uno de los más inteligentes, astutos y difíciles de engañar.
Es importante no confundir los dos poemas:
La Ilíada se concentra principalmente en la cólera de Aquiles durante una parte del último año de la guerra.
La Odisea comienza después de la caída de Troya y se concentra en el accidentado regreso de Odiseo.
El famoso caballo de Troya no constituye el centro de La Ilíada. Su historia pertenece a un conjunto más amplio de relatos sobre la guerra y es recordada dentro de La Odisea, donde se destaca la capacidad de Odiseo para idear engaños, infiltrarse y contener a los guerreros escondidos dentro del caballo.
Después de diez años de guerra, Odiseo emprende el regreso a Ítaca con sus hombres. Lo que debería ser un viaje relativamente directo se convierte en una travesía de otros diez años.
Durante ese tiempo enfrenta tormentas, naufragios, pueblos hostiles, criaturas extraordinarias, mujeres poderosas, tentaciones, pérdidas y la enemistad de Poseidón, dios del mar.
Mientras tanto, en Ítaca, todos empiezan a suponer que está muerto.
Un grupo de pretendientes se instala en su palacio, consume sus bienes y presiona a Penélope para que elija un nuevo esposo. Quien se case con ella no sólo obtendrá una mujer: podría quedarse también con la casa, la riqueza y el poder de Odiseo.
Por eso la película puede leerse a través de tres grandes líneas:
Odiseo intenta volver.
Penélope intenta resistir.
Telémaco intenta descubrir quién es y qué queda de su padre.
Odiseo —también conocido como Ulises, su nombre en la tradición latina— es rey de Ítaca, esposo de Penélope y padre de Telémaco.
No es un héroe limpio ni perfecto. Es valiente, resistente y buen combatiente, pero su gran arma es la astucia. Homero lo presenta desde el comienzo como el “hombre de muchos recursos”: sabe mentir, disfrazarse, improvisar, negociar y encontrar salidas donde la fuerza bruta no basta.
Pero esa inteligencia viene acompañada de orgullo, curiosidad y necesidad de reconocimiento. A veces resuelve los problemas y luego los empeora porque no puede resistir la tentación de demostrar quién es.
Ésa será una clave para mirar a Matt Damon: no esperar un héroe invencible, sino un superviviente brillante, contradictorio y marcado por la guerra.
Penélope no es solamente “la esposa fiel que espera”.
Durante la ausencia de Odiseo debe proteger su casa, a su hijo y su posición frente a decenas de pretendientes. No puede enfrentarlos por la fuerza, así que utiliza otra clase de inteligencia: aplaza decisiones, administra silencios y gana tiempo.
Si Odiseo practica la astucia en el mar, Penélope la practica dentro del hogar. Ambos son más parecidos de lo que parece.
Telémaco era apenas un niño cuando su padre partió a la guerra. Ahora es un joven que vive rodeado por hombres que invaden su casa, desprecian su autoridad y esperan quedarse con el lugar de Odiseo.
Su historia es también un relato de crecimiento. Necesita salir de la sombra de un padre legendario, buscar noticias sobre él y aprender a convertirse en adulto. En los primeros cantos del poema, Atenea lo anima precisamente a emprender esa búsqueda.
Atenea es la diosa de la sabiduría, la estrategia y la inteligencia aplicada. Protege a Odiseo porque reconoce en él una mente parecida a la suya.
No siempre aparece con toda su grandeza divina. Puede adoptar disfraces, orientar a Telémaco, alterar apariencias y mover discretamente los acontecimientos. Es la gran aliada de la familia de Ítaca.
Poseidón, dios del mar, es la fuerza que dificulta el regreso de Odiseo.
Su enemistad tiene una razón concreta: Odiseo dejó ciego a Polifemo, un cíclope hijo de Poseidón. Desde entonces, el dios no necesariamente busca matarlo de inmediato, pero sí condenarlo a vagar, perder a sus compañeros y llegar a casa después de innumerables sufrimientos.
Antínoo es el más agresivo y peligroso de los pretendientes de Penélope. No representa un enamorado romántico, sino la invasión del hogar de Odiseo.
Él y los demás pretendientes comen, beben y gastan los bienes del rey ausente. Su conducta viola una regla sagrada para los antiguos griegos: el huésped debe respetar la casa que lo recibe.
Calipso es una ninfa que retiene a Odiseo en su isla y desea convertirlo en su compañero. Representa una tentación muy particular: la posibilidad de dejar de luchar, olvidar Ítaca y aceptar una vida fuera del tiempo.
No es simplemente una villana. Su relación con Odiseo plantea una pregunta incómoda: ¿Qué tan fuerte debe ser el deseo de volver para rechazar una existencia aparentemente cómoda y segura?
Polifemo es el cíclope de un solo ojo y uno de los episodios más famosos del poema.
Pero el encuentro no se reduce a “héroe contra monstruo”. Ahí se ponen a prueba la inteligencia de Odiseo, su responsabilidad como jefe y también su orgullo. La manera en que consigue escapar demuestra su talento; lo que hace después revela su gran debilidad.
Circe es una poderosa hechicera que transforma a los compañeros de Odiseo en animales. Su episodio mezcla peligro, seducción, magia y conocimiento.
Como otros personajes femeninos de la obra, Circe no es fácil de encerrar en la categoría de aliada o enemiga. Puede amenazar, seducir, proteger y orientar.
Las sirenas atraen a los navegantes con un canto irresistible. No prometen únicamente placer: prometen conocimiento. Dicen saber todo lo ocurrido en Troya y en el mundo.
La tentación de Odiseo consiste en querer escucharlas sin morir. Son una prueba perfecta para un hombre que desea conocerlo todo, incluso aquello que podría destruirlo. Las sirenas de la tradición griega no eran originalmente mujeres con cola de pez, sino criaturas con rasgos femeninos y cuerpo de ave.
Cinco ideas que ayudan a entender toda la historia
Odiseo no es Aquiles. No vence principalmente por fuerza física, sino por inteligencia práctica: sabe leer a los demás, inventar identidades, ocultarse y utilizar las palabras como armas.
Pero la película también puede preguntarnos cuándo la astucia se convierte en engaño, manipulación o soberbia.
Para los griegos, recibir y respetar al extranjero era una obligación sagrada protegida por Zeus.
A lo largo del viaje, algunos personajes reciben bien a Odiseo y otros intentan explotarlo o destruirlo. En Ítaca, los pretendientes cometen el abuso contrario: llegaron como huéspedes y terminaron apoderándose de la casa.
La manera en que cada personaje trata al extranjero revela rápidamente su calidad moral.
Odiseo utiliza nombres falsos y disfraces. Atenea cambia apariencias. Penélope examina cuidadosamente lo que le dicen. Telémaco intenta reconocer al padre que apenas recuerda.
La pregunta “¿Quién eres realmente?” recorre toda la obra.
En La Odisea, reconocer a alguien no consiste solamente en verle la cara. Hay que comprobar su memoria, su historia, sus vínculos y los secretos que comparte.
No intentes memorizar todos los nombres ni elaborar un árbol genealógico mientras ves la película.
Basta seguir tres preguntas:
¿Qué está dispuesto a perder Odiseo para regresar?
¿Cómo protegen Penélope y Telémaco el hogar durante su ausencia?
¿Cada encuentro acerca a Odiseo a Ítaca… o lo aleja también de quien era?
Y recuerda algo más: los monstruos no están ahí solamente para dar espectáculo. Cada uno suele representar una tentación, un miedo o una falla del protagonista: hambre, olvido, curiosidad, orgullo, deseo, desesperación o incapacidad para controlar a sus hombres.
Christopher Nolan con el director de cinematografía Hoyte van Hoytema
LA ODISEA no es simplemente la primera gran película de aventuras. Es una historia sobre las consecuencias de la guerra, el paso del tiempo, la fidelidad, la identidad y el deseo obstinado de recuperar el hogar.
Su protagonista no busca salvar al universo. Busca volver con su esposa, conocer de nuevo a su hijo y averiguar si, después de veinte años de violencia y ausencia, todavía existe un sitio para él en Ítaca.
Nolan puede llenar la pantalla de barcos, dioses, cíclopes, tormentas y batallas. Pero el corazón de la historia seguirá siendo muy sencillo y profundamente humano:
UN HOMBRE PERDIDO QUE QUIERE REGRESAR A CASA SIN SABER SI LA CASA —O ÉL MISMO— SIGUEN SIENDO LOS MISMOS.