EL DESAIRE: CUANDO DECIR “NO” SE VOLVIÓ UNA CONDENA

Inspirada en el corrido de Rosita Alvírez, la película mexicana revisa una historia cantada durante décadas y la coloca frente a una realidad dolorosamente vigente: la violencia contra una mujer que intenta decidir por sí misma.

EL DESAIRE es una película de “bienes”… es decir, bien adaptada por Gabo Ramos Co guionista y Director de la película con un buen tema, bien importante y bien oportuno, la violencia contra la mujer es un asunto al que hay que entrarle hoy con mayor determinación y eficacia. Una historia bien contada; con un reparto bien elegido, bien actuada, bien fotografiada y bien musicalizada, y todo en un Saltillo que luce espectacular como un lugar cualquiera de la provincia mexicana. Está bien que la veas.

Hay canciones que conocemos tan bien que dejamos de escucharlas.

Las tarareamos, las repetimos, las oímos en fiestas, reuniones familiares, cantinas o películas, hasta que un día alguien nos obliga a poner atención y descubrimos que aquello que parecía tradición también escondía una herida abierta.

Eso ocurre con el corrido de Rosita Alvírez.

Screenshot

Ahora, la película mexicana EL DESAIRE, dirigida por Gabo Ramos, retoma esa historia popular ligada a Saltillo, Coahuila, y la mira desde una sensibilidad contemporánea. IMCINE la ha descrito como una nueva versión crítica de un corrido casi convertido en mito fundacional saltillense, pero subrayando algo esencial: vista de frente, la canción es la crónica de un feminicidio.

El corrido cuenta, en términos generales, una historia brutal: Rosita va a un baile, un hombre quiere bailar con ella, ella lo rechaza y él la mata. Durante décadas, esa tragedia fue cantada con fatalismo, humor negro o advertencia moral. Pero si quitamos el envoltorio musical, lo que queda es estremecedor: una mujer dice “no” y un hombre decide que ese “no” merece castigo.

En algunas versiones tradicionales aparece una línea reveladora: “Rosita, no me desaires, la gente lo va a notar”. Ahí asoma una clave poderosa: el rechazo no solo hiere el deseo masculino; hiere el orgullo público. El “desaire” se vuelve vergüenza social. La pista de baile se convierte en escenario, y la mirada de los demás pesa casi tanto como la negativa de Rosita.

Pero EL DESAIRE no parece quedarse únicamente en esa lectura del corrido. La película traslada la historia a un drama actual donde el detonador principal no es solo la vergüenza, sino los celos enfermizos de Juan, el novio de Rosa. Y ahí el relato se vuelve todavía más cercano e incómodo.

Juan no representa simplemente al hombre rechazado de una canción antigua. Representa una forma de violencia mucho más reconocible: la del amor confundido con posesión, la vigilancia disfrazada de preocupación, la manipulación presentada como cariño, el control manejado como prueba de interés. Ese machismo cotidiano que no siempre empieza con un golpe, sino con una pregunta, una sospecha, una prohibición, una escena de celos.

La película parece entender que la violencia no surge de la nada. Se va construyendo. Crece en frases, gestos, presiones, silencios y amenazas. Primero aparece como incomodidad. Luego como control. Después como miedo. Y cuando Rosa intenta conservar su libertad, su deseo de estudiar, trabajar, moverse y decidir, el entorno empieza a cerrarse sobre ella.

Ahí está el verdadero peso del título. EL DESAIRE puede sonar a una ofensa menor: un gesto frío, una grosería social, una negativa incómoda. Pero en esta historia la palabra carga una tragedia. Porque el problema nunca fue que Rosa desairara a alguien. El problema fue que alguien creyó tener derecho sobre ella.

Ese cambio de enfoque importa. La película no rescata el corrido para repetirlo como estampa folclórica ni para envolverlo en nostalgia norteña. Lo trae al presente para preguntarnos qué hemos estado cantando durante años y qué violencias quedaron normalizadas debajo de la música.

Porque muchas veces la cultura popular guarda historias que repetimos sin analizarlas. Canciones que parecen inocentes. Frases que se vuelven chiste. Tragedias que terminan convertidas en tradición. Y entonces el cine puede hacer algo muy valioso: detener la música por un momento y obligarnos a escuchar la letra de verdad.

EL DESAIRE merece atención precisamente por eso. No porque prometa resolver la historia de Rosita Alvírez ni porque pretenda convertir el corrido en expediente judicial. Su interés está en tomar una memoria popular mexicana y leerla desde una pregunta urgente: ¿Cuántas veces hemos llamado “celos” a lo que en realidad era control?, ¿Cuántas veces hemos confundido pasión con posesión?, ¿Cuántas veces una mujer ha tenido que pagar demasiado caro por decir que no?

Rosita no cometió una provocación.

Rosa no pertenece a nadie.

Y esa diferencia, que debería ser obvia, es justamente lo que la película viene a poner frente a nosotros.

Al final, EL DESAIRE no vuelve al corrido para adornarlo.

Vuelve para corregirnos el oído.



CUANDO COMER PODÍA SER UNA SENTENCIA DE MUERTE…

Las catadoras de Hitler: Inspirada en el testimonio de Margot Wölk y en la novela de Rosella Postorino, la película mira la Segunda Guerra Mundial desde una mesa donde cada bocado podía ser el último.

Por el equipo editorial de Cinesaurio

La Segunda Guerra Mundial ha sido contada muchas veces desde el campo de batalla, desde los discursos de los dictadores, desde los mapas militares, desde los campos de concentración, desde la resistencia y desde las ruinas.

Pero LAS CATADORAS DE HITLER (Le assaggiatrici, conocida internacionalmente como The Tasters) elige un lugar mucho más íntimo y perturbador: una mesa servida.

La película, dirigida por Silvio Soldini, llega a cines de todo México este jueves 20 de agosto. SensaCine México la registra como drama histórico y biográfico, con duración de 2 horas y 3 minutos, y la presenta como una historia basada en la novela de Rosella Postorino, inspirada a su vez en el testimonio de Margot Wölk, considerada la única sobreviviente del grupo de mujeres que probaron la comida de Hitler.

La premisa es tan sencilla como escalofriante: Rosa y otras mujeres son reclutadas por las SS para probar los alimentos destinados al Führer y asegurarse de que no estén envenenados. En otras palabras, son obligadas a comer para que otro no muera.

Ahí está el golpe de la historia

La comida, que normalmente asociamos con hogar, cuidado, reunión familiar y vida, se convierte aquí en una ruleta rusa silenciosa. Cada plato puede ser una comida… o una ejecución disfrazada de rutina. Cada bocado tiene suspenso. Cada sobremesa puede ser una cuenta regresiva.

Lo más inquietante es que estas mujeres no están en el centro del poder, pero son usadas por el poder. No deciden la guerra, no firman órdenes, no diseñan estrategias militares. Y, sin embargo, sus cuerpos se vuelven una especie de filtro humano para proteger al dictador más temido de Europa. La película parte de ese punto incómodo: incluso lejos del frente, la guerra encontraba la manera de sentarse a la mesa.

El origen literario también tiene peso. La cinta adapta la novela Le assaggiatrici, de Rosella Postorino, publicada en 2018 y reconocida con el Premio Campiello. El libro se inspiró en Margot Wölk, quien rompió su silencio en 2012, ya nonagenaria, al contar que había formado parte de aquel grupo de mujeres obligadas a probar los alimentos de Hitler cerca de la llamada Guarida del Lobo.

Desde luego, conviene hacer una precisión: no estamos ante un documental, sino ante una ficción inspirada en un episodio histórico. La propia crítica internacional ha señalado que la película toma el punto de partida real y lo desarrolla dramáticamente a través de personajes y conflictos narrativos. Cineuropa describe la cinta como una adaptación del best seller de Postorino y destaca que Soldini pone el foco en un grupo de mujeres sometidas a una estructura de miedo, obediencia y dominación.

Y ahí está el punto de interés: LAS CATADORAS DE HITLER (Le assaggiatrici) no parece importante solo por “hablar de Hitler”, sino por mirar la guerra desde quienes quedaron atrapadas en sus márgenes. Mujeres comunes convertidas en piezas de una maquinaria absurda, cruel y paranoica.

Adolfo Hitler, que aparece aquí cenando con su pareja, Eva Braun

Porque el miedo de Hitler a ser envenenado revela algo más que una anécdota extravagante. Muestra la lógica de un régimen construido sobre la desconfianza, la vigilancia y la idea de que cualquier persona podía ser utilizada, incluso para algo tan básico como comer.

La recepción crítica, por cierto, no ha sido unánime. The Guardian fue severo con la película y la consideró una adaptación poco convincente, mientras otros medios han resaltado más el valor de su premisa histórica y el punto de vista femenino de la historia. Eso también ayuda a colocarla en su justo sitio: quizá no estamos ante una obra maestra segura, pero sí ante una película con un tema suficientemente poderoso como para provocar conversación.

Y a veces eso basta para que una cinta merezca atención.

Porque LAS CATADORAS DE HITLER (Le assaggiatrici) nos recuerda que la guerra no solo se mide por bombas, batallas o cifras. También se mide por los miedos cotidianos que impone. Por la pérdida de libertad. Por la obediencia forzada. Por la angustia de sentarse frente a un plato sin saber si uno se levantará de la mesa.

En el cine, muchas veces hemos visto a personajes luchar por sobrevivir en trincheras, bosques, cárceles o campos minados.

Aquí la trinchera es el comedor.

Y el enemigo puede venir servido en porcelana.




LOS GATOS TAMBIÉN VAN AL CINE…

Y ARAÑAN LA TAQUILLA

Por el equipo editorial de Cinesaurio

En una cartelera dominada por superhéroes, epopeyas mitológicas y grandes campañas de mercadotecnia, apareció un competidor inesperado: los gatos.

CatVideoFest 2026, una recopilación de 74 minutos con videos de gatos seleccionados de Internet, se coló al Top 10 de la taquilla estadounidense durante el fin de semana. La película recaudó $568,414 dólares en 255 salas, con un promedio de $2,229 dólares por pantalla, superando a títulos que, en teoría, sonaban mucho más “importantes”, como una biopic de Anthony Bourdain y un documental producido por Meghan Markle y el príncipe Harry.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo puede una colección de videos de gatos -eso que cualquiera puede ver gratis en el celular mientras finge trabajar- llevar gente a una sala de cine?

La respuesta está, precisamente, en la sala.

CatVideoFest no vende solamente videos de gatos. Vende una experiencia colectiva: reírse con desconocidos, reaccionar juntos, escuchar carcajadas alrededor y convertir algo diminuto, doméstico y viral en un pequeño evento comunitario. En otras palabras: toma lo más solitario de Internet y lo transforma en algo compartido.

El concepto no es improvisado. CatVideoFest 2026 es presentado por Oscilloscope Laboratories como una compilación de los mejores y más recientes videos felinos, seleccionados entre muchas horas de envíos, animaciones, videos musicales y clásicos de Internet.

Además, varias funciones del festival suelen tener un componente benéfico o vínculo con refugios y causas relacionadas con gatos, lo que le da al asunto una capa simpática: uno entra a ver gatos haciendo travesuras y, de paso, puede apoyar a gatos reales.

El éxito también dice algo interesante sobre el cine actual. No todo lo que funciona en pantalla grande necesita explosiones, multiversos o presupuestos imposibles. A veces basta una buena curaduría, una idea clara y una comunidad dispuesta a compartir la risa.

Porque, aceptémoslo, Internet nos acostumbró a ver gatos solos. En la cama, en el camión, en la oficina, en horarios moralmente cuestionables. Pero el cine recuerda que hasta la tontería puede volverse celebración cuando se ve acompañado.

Así que mientras Spider-Man se columpia por la taquilla y Odiseo navega mares épicos, los gatos hicieron lo suyo: entraron sigilosos, se acomodaron en el sillón… y arañaron un pedacito de Hollywood.

Al final, el cine tiene muchas vidas.

Y, al parecer, también tiene siete.


Te invito a ver también…



LA BATALLA QUE COMENZÓ MIRANDO AL CIELO

Antes de dispararse el primer tiro, hubo que librar una batalla contra la incertidumbre.

Por Andrés Bermea

Desde el comienzo, PRESSURE: ‘EL DÍA D BAJO PRESIÓN’ hace una afirmación que llama la atención: ésta es una historia real. No dice solamente “basada” o “inspirada” en hechos verdaderos. Y, en lo esencial, tiene razón.

James Stagg existió. Fue el meteorólogo encargado de asesorar al general Dwight D. Eisenhower ante una de las decisiones militares más trascendentes de la Segunda Guerra Mundial. La película comprime tiempos y dramatiza algunas relaciones y enfrentamientos, pero el dilema fundamental que presenta ocurrió realmente.

Para entender la magnitud de esa decisión hay que situarnos en junio de 1944. Francia llevaba cuatro años bajo la ocupación de la Alemania nazi y los Aliados -principalmente Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá, acompañados por fuerzas de la Francia Libre y de otros países aliados- necesitaban abrir un gran frente occidental: cruzar el Canal de la Mancha, desembarcar un enorme ejército en Normandía, establecer una cabeza de playa y comenzar desde ahí la liberación de Francia y el avance hacia Alemania.

La Operación Overlord no podía ser simplemente un ataque más. Había miles de soldados preparados, barcos, aviones, armamento y meses de planificación detrás de ella. Pero todo dependía de algo que ningún general podía controlar: encontrar el momento adecuado para atacar. Una decisión equivocada podía convertir aquella gigantesca operación en una catástrofe.

Y EL DÍA D BAJO PRESIÓN tiene la inteligencia de colocarnos no tanto entre quienes van a combatir, sino junto al hombre que deberá decidir cuándo enviarlos.

Brendan Fraser es un magnífico Eisenhower

Pensemos por un momento como Eisenhower.

¿Cuál es la situación que enfrento? Tengo preparada una operación militar de dimensiones nunca vistas que depende de que fuerzas terrestres, navales y aéreas actúen prácticamente al mismo tiempo. ¿Quiénes son mis enemigos? El ejército alemán, desde luego, pero también el secreto que puede descubrirse, el tiempo que se agota, las opiniones contradictorias y algo contra lo que ningún general puede disparar: el clima.

¿Qué debo considerar? El viento, el oleaje, la visibilidad, las nubes, las mareas. Un mar demasiado bravo puede convertir las lanchas de desembarco en trampas; las nubes pueden impedir el apoyo aéreo; el viento puede dispersar a los paracaidistas y una mala combinación de condiciones puede desarticular una operación cuidadosamente planeada durante meses. Una invasión anfibia obliga a coordinar aire, tierra y mar, cada uno con necesidades meteorológicas diferentes.

¿Cuáles son mis recursos? Barcos, aviones, armas, inteligencia, soldados entrenados y una gigantesca estructura militar. Pero para decidir cuándo poner todo eso en movimiento necesito también algo aparentemente mucho más modesto: un pronóstico del tiempo.

En 1944 no existen satélites, modelos computacionales ni el Weather Channel, ni la capacidad tecnológica actual para observar de manera instantánea lo que ocurre sobre todo el Atlántico. Los meteorólogos trabajan con información limitada, frecuentemente vieja y, para complicar todavía más las cosas, no todos interpretan esos datos de la misma manera.

Andrew Scott como el «Capitán James Stagg» Una película de Focus Features. Créditos: Alex Bailey/Focus Features/StudioCanal © 2026 All Rights Reserved.

Ahí comienza verdaderamente EL DÍA D BAJO PRESIÓN.

James Stagg, interpretado espléndidamente por Andrew Scott, debe transformar ciencia e información imperfecta en una recomendación que puede afectar la vida de miles de hombres. Frente a él, Eisenhower -un Brendan Fraser (¡Insuperable!! Le anticipo nominación al Óscar) contenido, humano y cargado de responsabilidad- debe decidir a quién escuchar.

Y nosotros quedamos atrapados exactamente ahí.

¿Quién tiene razón? ¿Qué tan confiable puede ser una predicción meteorológica bajo esas condiciones? ¿Es más peligroso avanzar o esperar? ¿Cuánto puede retrasarse una operación de semejante magnitud sin perder la sorpresa? ¿Y cómo se toma finalmente una decisión cuando ninguna alternativa garantiza el éxito?

Ésa es la gran virtud de la película: conocemos históricamente el Día D, pero PRESSURE: EL DÍA D BAJO PRESIÓN consigue hacernos sentir que todavía no ha sucedido.

Y ahí encontramos también su verdadero tema.

PRESSURE no trata realmente sobre meteorología. Trata sobre tomar decisiones cuando no existe certeza.

El director Anthony Maras ha explicado que le interesaba precisamente ese conflicto: cómo un líder reconoce aquello que no sabe, determina en quién confiar y escucha incluso a quien está diciéndole exactamente lo que no desea escuchar.

Por eso resulta fascinante descubrir que una de las operaciones militares más enormes de la historia no dependió únicamente de generales, soldados, barcos y aviones.

También dependió de hombres mirando mapas, interpretando nubes y tratando de responder una pregunta aparentemente sencilla:

¿Qué va a hacer el cielo?

Y mientras ellos intentan averiguarlo, la película consigue algo admirable: que nosotros también miremos hacia arriba esperando la respuesta.

I a D: Andrew Scott, Brendan Fraser, Kerry Condon, Chris Messina y Damian Lewis Getty/Chad Griffith/Cortesía/Getty/Clint Spaulding

PRESSURE: ‘EL DÍA D BAJO PRESIÓN’ me mantuvo todo el tiempo interesado, muy entretenido, disfrutando de excelentes actuaciones de todo el reparto; una magnífica narrativa del Director Anthony Maras; así como de una cinematografía ejemplar, una edición que le da gran ritmo y una música que nos sumerge en la trama.  ¡La recomiendo!

FUENTES: Me apoyé en el ChatGPT para las consultas de las Fuentes históricas: National WWII Museum; Royal Meteorological Society; Associated Press.





CÓMO PREPARAR UNA PELÍCULA PALOMERA

IMPACTO MORTAL: cuando ‘Aeropuerto‘ se encontró con ‘Tiburón‘ en medio del Pacífico

Por Andrés Bermea y el equipo editorial de CINESAURIO

Para preparar una buena película palomera no se necesita inventar nuevamente el cine. Basta tomar algunos ingredientes que hayan demostrado su eficacia, mezclarlos con entusiasmo y servirlos muy calientes antes de que el público tenga tiempo de cuestionar demasiado la receta.

Comience con un avión comercial que viaja de Los Ángeles a Shanghái. Coloque en su interior a un grupo variado de pasajeros: familias con problemas, jóvenes enamorados, deportistas, un niño vulnerable, un piloto atormentado, una tripulación dispuesta al sacrificio y, por supuesto, el imprescindible personaje odioso que, a los pocos minutos, consigue que varios espectadores consideren seriamente convertirse en sus asesinos. Añada una emergencia en pleno vuelo, agite violentamente y deje caer todo en aguas infestadas de tiburones. Ésa es la fórmula básica de IMPACTO MORTAL (Deep Water), dirigida por Renny Harlin y protagonizada por Aaron Eckhart, Ben Kingsley y un numeroso reparto del que, podemos anticiparlo, no todos llegarán muy enteros a los créditos finales.

La película es una sabrosa ensalada de clásicos del cine de desastres. Lleva una generosa porción de Aeropuerto, algunas cucharadas de La aventura del Poseidón, abundante salsa de Tiburón y un toque de esas producciones en las que cada personaje parece caminar por la historia con una fecha de caducidad pegada en la frente. Renny Harlin, quien ya había nadado entre depredadores marinos en Deep Blue Sea, conoce perfectamente esta cocina: sabe cuándo aumentar la tensión, cuándo lanzar otro problema sobre los sobrevivientes y cuándo dejar que los tiburones hagan el trabajo sucio. La crítica también ha reconocido esa mezcla deliberada de desastre aéreo, supervivencia y terror marino.

La primera parte cumple con uno de los mandamientos del género: demostrar que viajar en avión puede convertirse rápidamente en una pésima idea. La secuencia del accidente es aparatosa, larga y eficaz. Cuando creemos que los personajes ya han sobrevivido a lo peor, la película les informa -y a nosotros con ellos- que apenas terminó la entrada y comienza el plato fuerte.

Porque caer al océano no basta. Hay que añadir balsas insuficientes, restos del avión que se hunden, heridas oportunamente sangrantes y tiburones (que desde luego ya vieron la de Spielberg) que parecen haber recibido el manifiesto de pasajeros con anticipación. Los escualos no aparecen a cada momento; Harlin los administra con cierta prudencia y deja que la imaginación del público haga parte del trabajo. Cuando atacan, lo hacen con la eficiencia de quien sabe que la función no puede durar toda la noche.

Los personajes responden a tipos fácilmente reconocibles y no siempre requieren demasiada profundidad. En esta clase de películas basta con que sepamos rápidamente a quién queremos salvar, quién nos cae bien y quién podría ser utilizado como carnada sin provocar demasiadas protestas. Aaron Eckhart aporta la seriedad necesaria para impedir que todo se convierta en una parodia; Ben Kingsley presta categoría y autoridad, y Angus Sampson se encarga de condimentar la historia con uno de esos sujetos que ignoran las reglas, causan problemas y logran que hasta los tiburones parezcan defensores del orden público.

¿Es todo completamente lógico y verosímil? Naturalmente que no. Examinar una película como ésta con lupa científica sería como reclamar que las palomitas no constituyen una alimentación equilibrada. IMPACTO MORTAL no pretende ofrecernos alta cocina cinematográfica, sino una función abundante en accidentes, sobresaltos, sacrificios, héroes improvisados y criaturas con demasiados dientes.

¡Y cumple!

Es una película palomera en el mejor sentido de la expresión: conoce los ingredientes, respeta la receta y los sirve con ritmo, espectáculo y suficiente buen humor. Tal vez mañana no recordemos todos los nombres de los pasajeros, pero durante casi dos horas desearemos saber quién sobrevivirá, quién será el siguiente y si, después de semejante experiencia, alguna aerolínea se atreverá a ofrecerles un vuelo de cortesía.

Recomendación final: Aférrate a la butaca… y no olvides llevar tu repelente para tiburones.

El enfoque reconoce que la película está hecha con materiales conocidos, pero convierte ese reciclaje en parte de la diversión.

LA ODISEA DE NOLAN: SIGNOS, SÍMBOLOS Y SIGNIFICADOS

La verdadera batalla no es cruzar el mar, sino redescubrir quiénes somos y volver a casa

Por Andrés Bermea y el equipo editorial de CINESAURIO

Es fácil pensar que, para el director Christopher Nolan, LA ODISEA no podía ser una película de aventuritas ni la simple pretensión de montar un espectáculo de proporciones colosales nomás por darse el gusto. Nolan tiene un propósito, algo QUÉ contarnos, y ha elegido narrarlo de una manera muy particular. Vale la pena explorar qué quiere decirnos y descubrir los signos, símbolos y significados que entraña la cinta.

Nolan no lleva a la pantalla cada verso ni cada episodio del poema de Homero. Su adaptación es selectiva: conserva el viaje de Odiseo, la espera de Penélope, la maduración de Telémaco, la amenaza de los pretendientes y varios de los encuentros más emblemáticos; pero comprime aventuras, reduce la intervención directa de los dioses y transforma al protagonista en un hombre marcado por las consecuencias de la guerra. Es fiel al esqueleto y al espíritu del regreso, aunque no reproduce toda la complejidad, el humor y la exuberancia fantástica del poema original.

El lenguaje tampoco pretende imitar la manera en que habrían hablado los antiguos griegos. Los diálogos coloquiales emplean palabras y giros contemporáneos para producir una emoción inmediata. Sin embargo, la película sí conserva un tono poético: no tanto por su vocabulario, sino por la cadencia de las frases, los silencios y la repetición de imágenes como el mar, el fuego, la oscuridad y el hogar distante. La poesía, podríamos decir, fue trasladada de las palabras a las imágenes y eso mis amigos de CINESAURIO es: ¡HACER CINE!

Geográficamente, Troya e Ítaca no están en extremos opuestos del mundo. Tomando como referencia el sitio arqueológico de Troya, en la actual Turquía, y la isla moderna de Ítaca, las separan aproximadamente 510 kilómetros en línea recta; por mar, la ruta sería considerablemente mayor, pero de ninguna manera justificaría diez años de navegación. Esa década pertenece al terreno del mito: Odiseo es desviado por tormentas, naufragios, errores propios, pérdidas y la ira de Poseidón. Además, en el poema permanece alrededor de un año con Circe y siete años retenido por Calipso. El viaje se prolonga porque no representa solamente una distancia geográfica: es un recorrido moral y espiritual. Odiseo debe transformarse antes de poder volver.

¿De qué habla realmente LA ODISEA? De lo difícil que resulta regresar después de una guerra sin llevar la guerra dentro de uno mismo. Odiseo quiere recuperar a su esposa, a su hijo y su reino, pero antes necesita recuperar su identidad (Esto se nota claramente en el episodio con la ninfa Calipso). Se puede ganar una batalla con la astucia, recibir honores y sobrevivir a los enemigos y, aun así, no saber cómo volver a ser esposo, padre, gobernante y ser humano.

Cada escala representa una prueba interior. Polifemo, el cíclope, es hijo de Poseidón. Odiseo consigue escapar gracias a su inteligencia, pero después, dominado por el orgullo, revela su verdadero nombre. Al dejar ciego al hijo del dios del mar, desata contra él una venganza de proporciones divinas. Su astucia lo salva; su ego prolonga su desgracia.

Circe muestra cómo la violencia y los instintos pueden convertir a los hombres en bestias. Calipso representa la tentación de olvidar el pasado, abandonar las responsabilidades y aceptar una comodidad sin futuro; pero en última instancia, el momento de la búsqueda de la propia identidad. Las sirenas ofrecen conocimiento, fascinación y gloria, pero escuchar su canto implica el riesgo de perder el rumbo. Cada encuentro no es sólo una aventura: refleja un miedo, un deseo o una debilidad del propio Odiseo. Escila y Caribdis expresan la tragedia del mando: hay decisiones en las que no es posible salvar a todos. Representan dos peligros situados a ambos lados de un paso marítimo: evitar completamente a uno puede significar caer en el otro; encontrarse atrapado entre dos males y tener que elegir el menos devastador.

Mientras tanto, los pretendientes invaden su casa, consumen sus alimentos, dilapidan su riqueza y presionan a Penélope. No buscan únicamente casarse con ella: pretenden obtener la legitimidad y el reino del monarca ausente. Representan el oportunismo que ocupa cualquier vacío de autoridad y violan la xenía, la ley sagrada de hospitalidad: llegaron como huéspedes y terminaron comportándose como dueños. La invasión del palacio simboliza un hogar sin orden, un país sin gobierno y una identidad familiar amenazada.

El mar representa la incertidumbre; el arco, la autoridad que nadie puede usurpar; los disfraces, la necesidad de ocultarse para descubrir la verdad; y el nombre de Odiseo, la tensión entre el anonimato que lo protege y el orgullo que lo condena.

Nolan ofrece un espectáculo monumental, pero su idea central es íntima: la auténtica odisea no consiste en cruzar el mar, sino redescubrir quiénes somos y volver a casa.





“LA INVITACIÓN” no es solamente a cenar…

Por Andrés Bermea

Seth Rogen (Joe) y Olivia Wilde (Angela)

Es una invitación a confrontar la realidad matrimonial que hoy viven muchas parejas con varios años de casados, en donde el desgaste de la relación ya es tan severo que está a punto del colapso.

Angela, esposa de Joe, invita a cenar una noche a sus vecinos de arriba sin que su marido se entere hasta esa misma tarde. Angela no invita a los vecinos de arriba sólo por deseo sexual. Los invita porque representan algo que su matrimonio ya no tiene: mayor juventud, riesgo, espontaneidad, eros, juego, posibilidad. Joe puso su pasado bajo candado, tiró la llave y, aunque no le gusta su presente, está paralizado en su frustración. Angela, por su parte, está insatisfecha y ávida de nuevas emociones que le soplen al fuego de su vida atrapada en un departamento.

El detalle de que sean los vecinos de arriba tiene una lectura simbólica: son “los de arriba” en el sentido de lo aspiracional, lo idealizado, la vida que parece más libre, más luminosa o más intensa que la propia.

Edward Norton (Hawk) y Penélope Cruz (Pina)

La pareja de Pina y Hawk, los de arriba, llega literalmente con un menú de opciones nuevas, insólitas, sumamente atrevidas; para otros, inaceptables, pero al menos para ellos atractivas. Eso hace que la película sea incómodamente amoral en la superficie, pero moral en el fondo, sin ser moralizante. No te sermonea, no castiga de forma obvia, no te dice “esto está bien” o “esto está mal”. Pero sí pone sobre la mesa una pregunta muy seria: ¿Qué queda de una pareja cuando ya no hay deseo, admiración ni conversación honesta?

La película desencadena más preguntas que respuestas. Los de abajo parecen sucumbir a la tentación de una oferta que los obliga a preguntarse interiormente: ¿De verdad es posible todo esto?

La película resulta, a fin de cuentas, una autopsia del desgaste conyugal.

El guion está cerca de ser excelente, con algunos hoyos, pero aun así te atrapa de inmediato con una narrativa vertiginosa que compensa el hecho de haber sido filmada casi en un solo interior, como si fuera un escenario teatral que permite ver el drama de una vida que, para no volverse trágica, se convierte en comedia.

Las actuaciones del cuarteto son excelentes. Seth Rogen está como nunca. Penélope Cruz aparece arrebatadoramente atractiva y seductora, como la serpiente del paraíso. Edward Norton es un bombero retirado que ahora apaga otros fuegos. Y Olivia Wilde hace de Angela una mujer que parece abrir una ventana y descubrir que afuera hay más mundo y otra luz.

La Directora Olivia Wilde revisa una toma de LA INVITACIÓN

Pero el principal logro de la propia Olivia Wilde está en la dirección de la película. Sabe lo que quiere hacer y decir, y lo hace y lo dice con claridad y eficacia. La cinematografía está de lujo y esconde varios “huevitos de pascua” que debes encontrar.

Alerta: LA INVITACIÓN (The Invite)es una película muy fuerte, no porque tenga escenas gráficas o explícitas, sino por su tema, por lo que te hace cuestionarte y por la incomodidad que deja flotando cuando termina.

Ya en cines. Sólo para adultos.



«La mejor película de Chistopher Nolan»…

Esto dice la crítica y afirma que ‘LA ODISEA’ es una obra maestra y la rival por batir en los próximos Óscar…

Tremendo el entusiasmo que ha generado la película protagonizada por Matt Damon…

Por Mikel Zorrilla en ESPINOF

🎥 El poder de Christopher Nolan para llevar el público a los cines no tiene igual entre los directores de nuestro tiempo. Ya hizo historia con ‘OPPENHEIMER’ y ahora quiere ir un paso más allá con ‘LA ODISEA’, su nueva película y también la más cara de toda su carrera con un presupuesto de 250 millones de dólares…

Aún faltan unos días para el estreno en los cines mexicanos de ‘LA ODISEA’ el próximo 16 de julio, pero por fin tenemos las primeras impresiones de varios críticos que ya han tenido la oportunidad de verla durante su estreno mundial en Londres. Y la están poniendo por los nubes, asegurando que es una de las mejores películas del año, pero es que hay quien incluso la sitúa como la obra cumbre de Nolan… 

Son muchos los aspectos que se están destacando, hasta el punto de que fácilmente hay una docena de actores cuyo trabajo está siendo alabado con mucha fuerza. También se incide en su épica escala y en la determinación de Nolan a la hora de abrazar el elemento sobrenatural de la historia…

Primeras críticas de ‘LA ODISEA’:

‘La odisea’ de Christopher Nolan es un triunfo absoluto y la mejor película de uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo. Parece que todo el trabajo que Nolan ha estado realizando con IMAX culmina aquí.

El reparto es estelar, y de alguna manera todos tienen la oportunidad de brillar. Anne Hathaway está increíble, Matt Damon está excelente y Tom Holland sigue demostrando que puede hacer prácticamente cualquier cosa. Pero Robert Pattinson se robó el show para mí. Es tan astuto, manipulador e infinitamente entretenido de ver. Pattinson se entrega por completo a la villanía del personaje, y el resultado es una de mis interpretaciones favoritas suyas. Mira, es el evento cinematográfico imperdible del verano, y posiblemente del año. ¡Estoy deseando volver a verla!

‘La Odisea’ de Christopher Nolan es INCREÍBLE. Estoy realmente impresionado por esta película. Todo, desde las actuaciones impecables hasta la forma en que Nolan abraza lo sobrenatural, es simplemente perfecto. Si pueden, VÉANLA EN IMAX 70 mm. Es una experiencia impresionante. Se verá genial en cualquier lugar, pero IMAX 70 mm es la mejor opción.

LA ODISEA es una obra maestra. Cuenta con escenas espectaculares e incluso aterradoras que dan la sensación de que Christopher Nolan ha abrazado por completo los horrores de la mitología griega. Sin embargo, la forma en que recontextualiza la historia con buen gusto para la actualidad es lo que me ha dejado pensando.

La Odisea: una continuación sorprendentemente natural (y menos desesperanzadora) de Oppenheimer sobre un hombre atormentado por desafiar a los dioses y condenar a la civilización —este lucha por vengar su propio orgullo desmedido. IMAX obviamente inmenso. Demasiado torpe para ser de la categoría S de Nolan, pero el acto final recompensa el viaje.

LA ODISEA es tan épica como su material original, con ese nivel de chispa de Christopher Nolan que la hace algo especial. Es una historia de amor y pérdida que te lleva en un viaje bastante intenso, solo de la manera que Nolan sabe hacer. Impresionante, audaz y perfecta.

La Odisea de Christopher Nolan es una colosal historia de mito de origen sobre el desencanto de posguerra y la pérdida de la inocencia presenciada por los muertos.

Mis altas expectativas se cumplieron con la impresionante montura de The Odyssey de Chris Nolan en IMAX 70 mm. Matt Damon podría ganar el premio al Mejor Actor y una pléyade de actores secundarios y nominaciones le seguirán. La rival a batir a mejor película en los Óscar.



HOY ES “EL DÍA DE LA REVELACIÓN”

Aquí la Guía Cinesaurio para verla


¿Es para ti?
Sí, si te prende Spielberg, la ciencia ficción, los extraterrestres, las conspiraciones y ese cine que mezcla aventura, misterio y emoción. Dura 2:25 y está clasificada PG-13 / 12A por violencia/acción, algunas imágenes sangrientas, lenguaje fuerte ocasional y tensión sostenida; no pinta para niños muy pequeños ni para personas muy sensibles a escenas intensas o de persecución. No se reporta sexo explícito; hay referencias leves.

¿Cómo verla?
En cine, sin pensarlo mucho. Es Spielberg con Janusz Kamiński (Cinematografía) y el maestro John Williams (Música): eso pide pantalla grande, buen sonido y oscurito total. Preferentemente en IMAX; si no, sala tradicional bien calibrada y en versión subtitulada, para oír las voces originales del reparto. Y no llegues tarde: según reseñas, arranca fuerte y sí conviene estar sentaditos en la butaca desde el principio. Mejor evita críticas largas antes; con esta película el misterio suma.

¿A qué poner atención?
A la propuesta de Spielberg: volver al terreno donde mejor se mueve, el del asombro ante lo desconocido. Fíjate en el tono, en cómo dosifica la información, en las actuaciones de Emily Blunt, Josh O’Connor y Colin Firth, y en cómo la música empuja la sensación de maravilla. Spielberg ha dicho que le fascina la idea de una verdadera “revelación” extraterrestre; esa curiosidad está en el corazón de la película.


RESEÑAS