CUANDO LA NOTICIA SE CONVIERTE EN SHOW

PRIMETIME, película presentada hoy sábado en el Festival de Venecia con Robert Pattinson, revisa la frontera incómoda entre periodismo, justicia, espectáculo y rating.

Hubo un tiempo en que la noticia quería informar.

Luego descubrió la iluminación dramática, la música de suspenso, el corte a comerciales y el primer plano del conductor mirando a cámara como si acabara de descubrir el pecado original.

Robert Pattinson y Chris Hansen conductor de To Catch a Predator

Y entonces la noticia se puso maquillaje.

Ese parece ser el terreno de PRIMETIME (Primetime), película presentada este sábado 5 de septiembre en el Festival de Venecia, dirigida por Lance Oppenheim y protagonizada por Robert Pattinson. La cinta está inspirada en el polémico programa televisivo TO CATCH A PREDATOR (To Catch a Predator), aquel formato de NBC en el que cámaras ocultas, periodistas, policías y presuntos depredadores sexuales se mezclaban en una fórmula explosiva: investigación, trampa, justicia pública y televisión de alto impacto.

Robert Pattinson y Lance Oppenheim (Director) hoy sábado en Venecia

La película marca el debut de Oppenheim en la ficción narrativa, después de una trayectoria en el documental, y coloca a Pattinson en un papel inspirado en Chris Hansen, el conductor que se volvió rostro de aquel fenómeno televisivo. Hansen no participó en la producción y ha criticado el proyecto, lo que añade otra capa al asunto: incluso cuando el cine intenta revisar la televisión, la televisión revisada también reclama su versión de los hechos.

Pero lo interesante no es solo el caso concreto. Lo interesante es la pregunta que queda flotando sobre la pantalla:

¿En qué momento informar dejó de ser suficiente y empezó a convertirse en espectáculo?

Ahí PRIMETIME (Primetime) dialoga, aunque desde otro terreno, con SEPTEMBER 5 (September 5), la película de Tim Fehlbaum sobre la cobertura televisiva del ataque terrorista contra la delegación israelí en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972. Aquella cinta se centra en el equipo de ABC Sports, que de pronto pasó de narrar competencias olímpicas a transmitir en vivo una tragedia internacional.

La relación entre ambas es muy sugerente. SEPTIEMBRE 5 (September 5) mira el origen de una era: la noticia en vivo como acontecimiento global. PRIMETIME (Primetime) parece mirar una consecuencia posterior: la noticia convertida en formato, en marca, en tensión narrativa, en personaje televisivo y en producto de consumo.

Una muestra el momento en que la cámara llega a una tragedia.

La otra, el momento en que la cámara parece empezar a construir el escenario de la confrontación.

Y ahí la cosa se pone incómoda.

Porque el periodismo necesita mirar. Necesita investigar. Necesita revelar. Pero la televisión, cuando descubre que el público no solo quiere saber sino también sentir adrenalina, puede cruzar una línea delicada. La noticia deja de ser únicamente información y empieza a organizarse como relato: presentación del sospechoso, tensión, confrontación, caída y cierre moral. Casi como si la realidad pidiera estructura de película policiaca.

El problema es que la realidad no siempre obedece al guion.

Chris Hansen

En el caso de TO CATCH A PREDATOR (To Catch a Predator), el programa se volvió un fenómeno cultural en Estados Unidos, pero también fue cuestionado por sus métodos, por la colaboración entre medios y fuerzas policiales, y por el riesgo de convertir la exposición pública en castigo televisado. PRIMETIME (Primetime) toma inspiración también de un caso trágico de 2006, cuando Bill Conradt, fiscal asistente en Texas, murió por suicidio durante una operación vinculada al programa.

Por eso la película no parece tratar solo de un conductor famoso ni de una serie polémica. Trata de una pregunta que sigue viva:

¿Qué pasa cuando la televisión se coloca entre la justicia y el espectáculo?…

¿Qué ocurre cuando una cámara no solo registra una escena, sino que ayuda a convertirla en evento?…

Robert Pattinson, que en los últimos años ha construido una carrera bastante más inquieta de lo que muchos imaginaban en tiempos de vampiros crepusculares, parece encontrar aquí un papel hecho para la ambigüedad. No interpreta simplemente a un héroe ni a un villano. Interpreta a una figura mediática situada en esa zona gris donde la denuncia, el ego, la fama, la utilidad pública y el rating pueden sentarse en la misma mesa.

Y quizá por eso este tema resulta tan atractivo. Porque el cine no solo sirve para contar historias inventadas; también sirve para revisar cómo hemos contado la realidad. Nos permite mirar el aparato detrás de la imagen: la cámara, el productor, el conductor, el editor, la audiencia, el rating y esa pregunta que rara vez aparece en pantalla: ¿Quién se beneficia de que esto se vea así?

En SEPTIEMBRE 5 (September 5), la televisión enfrenta una tragedia que ocurre frente a sus cámaras.

En PRIMETIME (Primetime), la televisión parece haber aprendido a convertir la confrontación en fórmula.

Entre una y otra hay décadas de evolución mediática, pero también una misma inquietud: cuando la realidad entra a cuadro, ¿la estamos mirando… o la estamos produciendo?

Tal vez por eso estas películas incomodan. Porque no solo hablan de la televisión. Hablan de nosotros, los espectadores. De nuestra curiosidad. De nuestro morbo. De esa parte nuestra que dice “¡Qué horror!”… pero no cambia de canal.

Y ahí está el verdadero golpe.

Cuando la noticia se convierte en show, siempre hay alguien sentado enfrente, viéndola.

Por el equipo editorial de Cinesaurio


ADRIANA PAZ, PORTADA DE USA TODAY

EN LA EDICIÓN 2026 DE HISPANIC HERITAGE MONTH

La actriz mexicana encabeza la edición especial con la que USA TODAY celebra el Mes de la Herencia Hispana y reconoce las historias y figuras latinas que están dejando huella en Estados Unidos.

Ciudad de México, 3 septiembre de 2026.— Adriana Paz protagoniza este año la portada de Hispanic Heritage Month 2026 de USA TODAY, edición especial anual dedicada a celebrar la cultura, las historias y las aportaciones de la comunidad latina en Estados Unidos.

Bajo el encabezado “Adriana Paz: Rising Star Brings Magic to the Big Screen”, la publicación dedica su portada y una historia a la trayectoria ascendente de la actriz mexicana, coincidiendo con el Mes de la Herencia Hispana, que se celebra en Estados Unidos del 15 de septiembre al 15 de octubre.

La elección cobra especial relevancia por el espacio que estas publicaciones de USA TODAY han dado a personalidades latinas con una importante presencia en la cultura estadounidense. Figuras como Camila Cabello, Eva Longoria y Sofía Vergara han protagonizado anteriormente especiales dedicados a la comunidad hispana; en 2026, ese lugar lo ocupa Adriana Paz, colocando a una actriz mexicana al frente de esta celebración editorial.

La portada llega además en un momento clave de su carrera. En 2024, Paz hizo historia al convertirse en la primera actriz mexicana en recibir el Premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes, reconocimiento otorgado de manera coral a las cuatro protagonistas de Emilia Pérez, de Jacques Audiard. Ese mismo año fue nombrada Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres por el Gobierno de Francia.

En 2026, su presencia internacional continúa creciendo: La Cazadora, de Suzanne Andrews Correa, tuvo su estreno mundial en el Festival de Sundance, mientras que Ceniza en la boca, dirigida por Diego Luna, fue presentada en el Festival de Cannes dentro de la sección Proyecciones Especiales. Ambas películas forman parte actualmente de la Competencia Oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia. A estos proyectos se suma Animals, producción dirigida, producida y protagonizada por Ben Affleck, en la que Adriana Paz forma parte del elenco principal y que se estrenará el próximo octubre en Netflix.

“Me emociona profundamente ocupar esta portada, especialmente porque forma parte de una edición que celebra nuestras historias, nuestra cultura y todo lo que la comunidad latina aporta. Mi carrera comenzó en México y me ha llevado a lugares que nunca imaginé; poder representar desde mi trabajo una pequeña parte de todo ese talento latinoamericano que existe me llena de orgullo y gratitud”, comparte Adriana Paz.

Con más de dos décadas de trayectoria, más de 30 películas, tres Premios Ariel, un Premio a Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Morelia y una nominación al Goya, la portada de Hispanic Heritage Month 2026 de USA TODAY representa un nuevo capítulo en la carrera de Adriana Paz y en su creciente presencia ante las audiencias de Estados Unidos.



DOLLY PARTON: CONVIRTIÓ LAS LENTEJUELAS EN LUZ PROPIA

Por el equipo editorial de Cinesaurio

Dolly Parton murió este martes 25 de agosto de 2026, a los 80 años, en Nashville, Tennessee. La noticia fue confirmada por su familia y representantes. Hasta el momento no se ha informado oficialmente la causa de su muerte; distintos medios señalan que en los últimos meses había enfrentado problemas de salud, pero la versión pública disponible se limita a indicar que falleció pacíficamente.

Con Dolly Parton se va mucho más que una estrella de la música country. Se va una de esas figuras rarísimas que parecían inventadas por el propio espectáculo: voz prodigiosa, pelucas imposibles, vestidos brillantes, humor afilado, inteligencia empresarial y una capacidad enorme para reírse de sí misma antes de que alguien más intentara hacerlo.

Dolly Rebecca Parton nació el 19 de enero de 1946 en Pittman Center, Tennessee, y creció en una familia pobre de las montañas Smoky.

Dolly Parton en los Premios Óscar de 2006

Reuters recuerda que fue una de doce hijos y que su origen humilde marcó profundamente su música, sus letras y su manera de relacionarse con el público. De ahí salió una artista que nunca renegó de sus raíces, pero tampoco permitió que la encerraran en ellas.

Su carrera musical fue monumental. Escribió miles de canciones, vendió más de 100 millones de discos y dejó títulos que ya forman parte de la memoria popular: “Jolene”, “Coat of Many Colors”, “9 to 5” y, por supuesto, “I Will Always Love You”, canción que ella compuso y que décadas después Whitney Houston convirtió en fenómeno mundial. Reuters la describe como autora de aproximadamente 3,000 canciones y una de las figuras más reconocibles de la cultura popular estadounidense.

Pero en CINESAURIO nos toca mirarla también desde la pantalla. Dolly debutó en cine con COMO ELIMINAR A SU JEFE (9 to 5, 1980), junto a Jane Fonda y Lily Tomlin, una comedia laboral que hoy se recuerda como una pequeña bomba feminista envuelta en humor. IMDb señala que por esa película obtuvo una nominación al Óscar por la canción principal, además de premios Grammy por “Nine to Five”.

Después vinieron LA MEJOR CASITA DE PLACER (The Best Little Whorehouse in Texas, 1982), con Burt Reynolds; EL TAXISTA CARADURA (Rhinestone, 1984), con Sylvester Stallone; MAGNOLIAS DE ACERO (Steel Magnolias, 1989), junto a Sally Field, Shirley MacLaine, Olympia Dukakis, Daryl Hannah y Julia Roberts; FAMOSA POR ERROR (Straight Talk, 1992); y RUIDOS GOZOSOS (Joyful Noise, 2012), con Queen Latifah. Su filmografía nunca fue tan extensa como su discografía, pero sí dejó una presencia reconocible: Dolly no “aparecía” en pantalla; entraba como si la luz la hubiera estado esperando.

Como actriz tenía una virtud muy difícil: parecía natural incluso cuando todo en ella era deliberadamente actuado. Su imagen era grande, brillante, exagerada, casi de caricatura; pero detrás de esa superficie había una persona cálida, precisa, inteligente y dueña absoluta de su personaje público. Ella misma convirtió el exceso en marca personal. Las lentejuelas, el peinado, el maquillaje y el humor no eran disfraz: eran armadura, bandera y declaración de independencia.

Dolly Parton en el Songwriters Hall of Fame

Sus premios hablan de una carrera fuera de serie. Fue reconocida con múltiples Grammy; ingresó al Country Music Hall of Fame, al Songwriters Hall of Fame y al Rock & Roll Hall of Fame; recibió la National Medal of Arts y los Kennedy Center Honors. En 2025, la Academia de Hollywood anunció que Dolly Parton recibiría el Premio Humanitario Jean Hersholt, uno de los reconocimientos más importantes que otorga la industria cinematográfica por labores filantrópicas.

Y justamente ahí aparece otra Dolly: la filántropa. Su Imagination Library distribuyó millones de libros gratuitos a niños; también apoyó causas educativas, víctimas de desastres y proyectos de salud. AP recuerda que donó un millón de dólares a investigaciones relacionadas con la vacuna contra COVID-19, además de impulsar programas de lectura infantil y ayuda comunitaria.

Dolly Parton en el Rock & Roll Hall of Fame, 2022

Dolly Parton fue única porque nunca pidió permiso para ser varias cosas a la vez. Fue cantante country y estrella pop. Compositora sentimental y empresaria astuta. Mujer de fe y figura camp. Símbolo del sur estadounidense y celebridad global. Una artista profundamente popular que podía cantar una pena amorosa con absoluta sinceridad y, al minuto siguiente, soltar una broma sobre su propio escote.

Quizá por eso la quiso tanta gente tan distinta. Dolly no parecía hablar desde una torre de fama, sino desde una cocina iluminada, un camerino lleno de brillo o una carretera de Tennessee. Tenía esa cualidad rara de las estrellas verdaderas: era más grande que la vida, pero nunca dejó de sonar cercana.

En el cine, en la música y en la cultura popular, Dolly Parton deja algo más que canciones y películas. Deja una lección de identidad: se puede ser brillante sin volverse frío, poderoso sin perder ternura, famoso sin olvidar de dónde se viene.

Hoy se apaga una voz inmensa.

Pero Dolly Parton hizo lo que solo logran los artistas inolvidables: dejó suficiente luz como para que el escenario no se quede oscuro.



HOMERO TAMBIÉN VENDE PALOMITAS…

Por el equipo editorial de Cinesaurio

Durante años nos han dicho que el público ya no tiene paciencia. Que las películas largas espantan. Que las historias complejas no venden. Que si no hay superhéroes, multiversos, cameos sorpresa o muñecos coleccionables, la taquilla se pone nerviosa.

Y entonces llegó Homero.

Bueno, llegó Christopher Nolan con Homero bajo el brazo.

LA ODISEA (The Odyssey) acaba de convertirse en la película clasificación ‘R’ más taquillera de todos los tiempos, superando a DEADPOOL & WOLVERINE, que tenía el récord desde 2024. Según reportes recientes, la cinta de Nolan ya ronda los 1,400 millones de dólares a nivel mundial y también se convirtió en la película más taquillera de toda su carrera.

LA ODISEA (The Odyssey) acaba de convertirse en la película clasificación ‘R’ más taquillera de todos los tiempos, superando a DEADPOOL & WOLVERINE (Deadpool & Wolverine), que tenía el récord desde 2024. Según reportes recientes, la cinta de Nolan ya ronda los 1,400 millones de dólares a nivel mundial y también se convirtió en la película más taquillera de toda su carrera.

El dato es notable por muchas razones. Primero, porque estamos hablando de una película clasificación R en Estados Unidos, lo que limita el acceso de menores de 17 años si no van acompañados por un adulto. Segundo, porque no se trata precisamente de una comedia ligera de hora y media. Es una epopeya antigua, basada en un poema atribuido a Homero, con viaje, guerra, monstruos, dioses, regreso al hogar y bastante sufrimiento humano. Nada de “me la explicas en TikTok en treinta segundos”.

Y aun así, el público compró boleto.

Ahí está la noticia verdadera.

Nolan tomó una obra literaria que tiene casi tres mil años de antigüedad y la convirtió en acontecimiento cinematográfico. No la vendió como tarea escolar ni como lectura obligatoria con examen el lunes. La presentó como espectáculo: gran formato, reparto estelar, aventura, misterio, prestigio y esa sensación de que, si no la ves en sala, te estás perdiendo algo.

Eso es algo que Hollywood debería anotar con plumón rojo: el público no necesariamente huye de las historias ambiciosas. Huye del aburrimiento. Huye de las películas que parecen diseñadas por comité. Huye de los estrenos que prometen mucho ruido pero poca emoción. Pero cuando una película logra convencerlo de que hay una experiencia grande esperándolo, el público todavía sale de casa.

Claro, Nolan no es cualquier director. Su nombre ya funciona casi como marca de garantía. Después de BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE (The Dark Knight), EL ORIGEN (Inception), INTERESTELAR (Interstellar) y OPPENHEIMER (Oppenheimer), buena parte de la audiencia sabe que una película suya no se estrena: se anuncia como evento. Y esa diferencia cuenta.

Pero el triunfo de LA ODISEA (The Odyssey) también tiene algo de saludable provocación cultural. En una temporada dominada por franquicias, secuelas y héroes en traje ajustado, un poema épico de la Grecia antigua se sentó en la mesa de la taquilla y pidió palomitas grandes.

Y se las dieron.

El éxito no significa que mañana todos los estudios vayan a adaptar a los clásicos griegos. Tampoco veremos necesariamente una avalancha de películas sobre Sófocles, Eurípides o Hesíodo con palomera conmemorativa. Pero sí demuestra que el cine comercial todavía puede dialogar con materiales culturales profundos, antiguos y aparentemente “difíciles”, siempre que los convierta en experiencia viva.

Porque LA ODISEA (The Odyssey) no solo vende la historia de Odiseo intentando regresar a casa. Vende la promesa de un viaje. Y el cine, desde sus orígenes, ha sido precisamente eso: una invitación a sentarse en la oscuridad para ir a otro lugar.

Quizá por eso este récord importa. No solo porque Nolan rompió una marca de taquilla. No solo porque desplazó a un gigante reciente como DEADPOOL & WOLVERINE (Deadpool & Wolverine). Importa porque recuerda que el público puede seguir respondiendo a historias con peso, con tradición y con ambición, siempre que la pantalla las haga respirar.

A Hollywood le gusta pensar que la fórmula del éxito está en calcular tendencias.

Homero, desde algún rincón del Olimpo literario, acaba de sugerir otra cosa: quizá la fórmula estaba en contar bien un gran viaje.

Con monstruos, sí.

Con tragedia, también.

Pero sobre todo con una razón para que el espectador quiera subirse al barco.

Al final, la lección es sencilla: no hay que subestimar al público.

Puede que hoy vea videos cortos, series a doble velocidad y avances en el celular.

Pero si el viaje promete valer la pena, todavía compra boleto, apaga la luz y se deja llevar.

Porque, como acaba de demostrar Nolan, Homero también vende boletos de cine y  palomitas.



Cinerama Dome: una de las salas de cine más icónicas del mundo está por renacer

El histórico Cinerama Dome de Los Ángeles volverá a abrir en 2028, recordándonos que la experiencia de ver películas en sala todavía tiene mucho que dar.

Por el equipo editorial de Cinesaurio

COMO CASI SE PERDIÓ EL OESTE en la pantalla del Cinerama Dome

Durante años nos dijeron que el cine estaba muriendo. Que el streaming lo había condenado. Que las salas serían cosa del pasado. Que la pantalla grande terminaría convertida en nostalgia, como las marquesinas antiguas, los intermedios y los acomodadores con linterna.

Pero resulta que el cine no estaba muerto.

Solo estaba esperando que volvieran a encenderle la cúpula.

Sony Pictures Entertainment anunció que el legendario Cinerama Dome de Los Ángeles será restaurado y reabrirá a principios de 2028, después de permanecer cerrado desde la pandemia. El recinto será operado por Alamo Drafthouse Cinema y su regreso tiene algo de resurrección cinematográfica: no hablamos de cualquier sala, sino de uno de los edificios más reconocibles de Hollywood.

Ubicado en Sunset Boulevard e inaugurado en 1963, el Cinerama Dome se volvió famoso por su enorme cúpula geodésica y por representar una época en la que ir al cine era, literalmente, entrar a otro mundo. Abrió sus puertas con EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO, LOCO (It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World), la comedia épica de Stanley Kramer, y desde entonces quedó asociado con una idea muy poderosa: el cine podía ser más grande, más ancho y más envolvente que cualquier pantalla doméstica.

Y aquí conviene explicar algo para las nuevas generaciones:

el Cinerama no era solo el nombre de una sala bonita. Fue un sistema de exhibición espectacular que buscaba envolver al público. En su versión clásica utilizaba tres proyectores sincronizados que lanzaban tres imágenes alineadas sobre una pantalla enorme, curva y panorámica. El resultado era una experiencia inmersiva para su tiempo, como si la película sumergiera en su interior al espectador antes de que existieran las pantallas IMAX modernas o las salas premium que hoy conocemos.

Por eso el regreso del Cinerama Dome no es una noticia menor. En los años sesenta, el gran rival del cine era la televisión. Hoy, el enemigo se llama streaming, celular, algoritmo, plataforma, “lo veo luego” y “me espero a que salga en casa”. Pero la respuesta sigue siendo la misma: algunas películas no solo se ven; se habitan.

Una sala como el Cinerama Dome no es únicamente un negocio con butacas. Es una promesa. La promesa de que la imagen puede envolvernos, de que el sonido puede sacudirnos y de que la oscuridad compartida todavía conserva mucho de ritual. Ahí uno no entra nada más a consumir contenido. Entra a rendirse, por un par de horas, ante una pantalla que no cabe en la palma de la mano.

El plan anunciado busca preservar el nombre Cinerama, su imagen exterior y el carácter histórico del recinto. Ese detalle importa. Porque no todo templo necesita convertirse en restaurante con película incluida. A veces basta con que la luz se apague, la pantalla se ilumine y el público recuerde por qué salió de casa.

El regreso del Cinerama Dome no resolverá todos los problemas de la exhibición cinematográfica. No hará desaparecer el streaming. No devolverá automáticamente a todas las salas vacías a su antiguo esplendor. Pero sí manda una señal poderosa: todavía hay lugares que merecen ser salvados porque guardan algo más que funciones. Guardan memoria.

En CINESAURIO lo sabemos bien: los cines no son solo edificios. Son cápsulas de tiempo. Ahí vimos películas que nos asustaron, nos hicieron reír, nos enamoraron o nos cambiaron la vida sin pedir permiso.

Por eso la reapertura del Cinerama Dome emociona incluso a quienes nunca han comprado un boleto ahí. Porque no se trata únicamente de Los Ángeles. Se trata de defender una idea: que el cine sigue necesitando lugares donde ocurrir.

Por ahora, queda una pregunta abierta para los cinéfilos más técnicos: ¿con qué formato -o formatos- proyectará el Dome cuando reabra? Aunque el nombre Cinerama remite al sistema clásico de tres proyectores sincronizados sobre una pantalla curva, oficialmente todavía no se ha informado con detalle si la sala recuperará ese formato histórico, si privilegiará el 70 mm, la proyección digital de gran formato, o una combinación de tecnologías. Habrá que esperar. Pero algo sí parece claro: el espíritu que se busca rescatar es el de una sala diseñada para que el cine vuelva a sentirse enorme.

Durante años nos dijeron que el futuro estaba en ver películas en casa.

Puede ser.

Pero, de vez en cuando, el futuro también necesita una marquesina encendida, una fila en la banqueta y una cúpula enorme recordándonos que la pantalla grande todavía sabe levantar la mirada.

El cine no ha muerto.

Solo estaba esperando que alguien volviera a abrir la puerta.



LOS GATOS TAMBIÉN VAN AL CINE…

Y ARAÑAN LA TAQUILLA

Por el equipo editorial de Cinesaurio

En una cartelera dominada por superhéroes, epopeyas mitológicas y grandes campañas de mercadotecnia, apareció un competidor inesperado: los gatos.

CatVideoFest 2026, una recopilación de 74 minutos con videos de gatos seleccionados de Internet, se coló al Top 10 de la taquilla estadounidense durante el fin de semana. La película recaudó $568,414 dólares en 255 salas, con un promedio de $2,229 dólares por pantalla, superando a títulos que, en teoría, sonaban mucho más “importantes”, como una biopic de Anthony Bourdain y un documental producido por Meghan Markle y el príncipe Harry.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo puede una colección de videos de gatos -eso que cualquiera puede ver gratis en el celular mientras finge trabajar- llevar gente a una sala de cine?

La respuesta está, precisamente, en la sala.

CatVideoFest no vende solamente videos de gatos. Vende una experiencia colectiva: reírse con desconocidos, reaccionar juntos, escuchar carcajadas alrededor y convertir algo diminuto, doméstico y viral en un pequeño evento comunitario. En otras palabras: toma lo más solitario de Internet y lo transforma en algo compartido.

El concepto no es improvisado. CatVideoFest 2026 es presentado por Oscilloscope Laboratories como una compilación de los mejores y más recientes videos felinos, seleccionados entre muchas horas de envíos, animaciones, videos musicales y clásicos de Internet.

Además, varias funciones del festival suelen tener un componente benéfico o vínculo con refugios y causas relacionadas con gatos, lo que le da al asunto una capa simpática: uno entra a ver gatos haciendo travesuras y, de paso, puede apoyar a gatos reales.

El éxito también dice algo interesante sobre el cine actual. No todo lo que funciona en pantalla grande necesita explosiones, multiversos o presupuestos imposibles. A veces basta una buena curaduría, una idea clara y una comunidad dispuesta a compartir la risa.

Porque, aceptémoslo, Internet nos acostumbró a ver gatos solos. En la cama, en el camión, en la oficina, en horarios moralmente cuestionables. Pero el cine recuerda que hasta la tontería puede volverse celebración cuando se ve acompañado.

Así que mientras Spider-Man se columpia por la taquilla y Odiseo navega mares épicos, los gatos hicieron lo suyo: entraron sigilosos, se acomodaron en el sillón… y arañaron un pedacito de Hollywood.

Al final, el cine tiene muchas vidas.

Y, al parecer, también tiene siete.


Te invito a ver también…



¡FELICES 51 CINEMA ATENEA!

Hubo cines que nacieron con grandes marquesinas, vestíbulos amplios y salas capaces de recibir multitudes. Y hubo otros, más discretos, casi escondidos, que encontraron su lugar dentro de edificios cargados de historia.

Uno de esos casos fue el Cine ATENEA, inaugurado en Monterrey el viernes 8 de agosto de 1975, en Zaragoza y Juan Ignacio Ramón, en pleno centro de la ciudad. Su historia no empieza realmente en 1975, sino mucho antes: en ese mismo predio estuvieron los teatros Juárez y el Independencia, el Cine Rex y luego el Olympia.

El Atenea era parte del mismo edificio.

Pero no era simplemente “otra sala del Olympia”. Tenía su propio acceso, ubicado a la izquierda, y los desplegados de prensa lo anunciaban claramente como una sala “junto al cine Olympia”.

Para entrar al Atenea había que subir a un segundo piso. Ese detalle permite pensar —con prudencia, pero con lógica arquitectónica— que pudo ocupar lo que alguna vez fue el anfiteatro del REX, o algún otro espacio superior del mismo edificio. En cualquier caso, eso le daba una personalidad propia: no era la gran sala de abajo, sino una experiencia más íntima, casi secreta, dentro de un inmueble con pasado cinematográfico.

Y su película inaugural no pudo ser más elegante: AMARCORD, la cinta franco-italiana de 1973, escrita y dirigida por Federico Fellini. La película había ganado el Óscar a la Mejor Película Extranjera, y llegaba al Atenea como carta de presentación de una sala que parecía apostar por un cine distinto, más autoral, más europeo, más de conversación después de la función.

Abrir con Fellini no era cualquier cosa. Amarcord es una película de memoria, nostalgia, humor, fantasía y personajes desbordados. Muy apropiada, curiosamente, para una sala que también parecía vivir entre recuerdos: los del viejo Rex, los del centro de Monterrey y los de una ciudad que todavía conservaba sus cines de calle.

El nombre también tenía lo suyo. Atenea, diosa griega de la sabiduría, las artes y la estrategia, hacía pareja simbólica con Olympia, nombre asociado al mundo clásico y al monte de los dioses. En una misma esquina del centro regiomontano convivían, por unos años, dos nombres de resonancia mitológica: Olympia y Atenea. Muy solemne todo… aunque afuera rugiera el tráfico y uno tuviera que encontrar estacionamiento como pudiera.

El Cine Atenea pertenece a una etapa de transición.

Para mediados de los años setenta, los grandes palacios cinematográficos del centro comenzaban a transformarse. Las enormes salas únicas empezaban a ceder espacio a formatos más pequeños, más flexibles y, en algunos casos, más especializados. La ciudad también estaba cambiando. Años después, muchas de esas construcciones desaparecerían con las obras y demoliciones vinculadas a la Macroplaza.

Por eso, el ATENEA merece recordarse no sólo como un nombre perdido en la cartelera, sino como una pequeña sala con identidad propia. Una sala de segundo piso. Una sala junto al Olympia, pero distinta. Una sala nacida en el edificio heredero del Rex. Una sala que abrió con Fellini.

No todos los cines desaparecidos fueron gigantes. Algunos dejaron huella precisamente por lo contrario: por ser pequeños, discretos, un poco escondidos… y por formar parte de esa geografía sentimental del Monterrey que iba al cine caminando por el centro.

El Atenea fue uno de ellos.

Desplegado publicado en el diario EL PORVENIR el jueves 7 de agosto de 1975

Un cine de segundo piso, con nombre de diosa griega, que abrió sus puertas con Amarcord y que hoy sobrevive en la memoria de quienes todavía pueden decir: “Yo estuve ahí”.



BESOS, BESOS Y MÁS BESOS…

En la serie LAS PELÍCULAS CON MÁS… hoy te presento BESOS, BESOS Y MÁS BESOS… CUANDO EL CINE SE PASÓ DE CARIÑOSO

En el cine hay besos inolvidables, besos insólitos y todo un arcoíris de tonalidades.

Encuentra en este video el primer beso, la película con el mayor número de besos, la colección más grande y hermosa de besos y el beso más largo en la historia del cine.



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