Netflix también quiere su tajada de Notre-Dame

QUASIMODO, EL ALMA DE PARÍS llega a Netflix con Vincent Cassel y una idea irresistible: imaginar la vida del hombre que pudo inspirar al inmortal jorobado de Víctor Hugo. El problema -o quizá lo más interesante- es que nadie puede asegurar que aquel Quasimodo haya existido realmente.

Por el equipo editorial de Cinesaurio

¿Las plataformas le están quitando una tajada a las salas de cine?

La discusión lleva años sobre la mesa. Mientras los cines apuestan por pantallas gigantes, sonido envolvente y películas convertidas en “acontecimientos”, Netflix sigue teniendo otra ventaja formidable: puede llevar hasta nuestra sala historias que, no hace mucho, quizá habríamos tenido que buscar en una cartelera.

Ahora le toca el turno a Quasimodo.

Netflix estrenará en México el 27 de noviembre QUASIMODO, EL ALMA DE PARÍS (Quasimodo, l’âme de Paris), película francesa dirigida por Jean-François Richet y protagonizada por Vincent Cassel, acompañado por Karim Leklou, Daphné Patakia, Benjamin Voisin y Noémie Lvovsky.

Pero ésta no es otra adaptación de NUESTRA SEÑORA DE PARÍS.

La película retrocede hasta 1830 y propone imaginar la vida del hombre que habría inspirado a Víctor Hugo para crear a Quasimodo. Cassel interpreta a un cantero jorobado, visto como un monstruo por quienes lo rodean, mientras París se agita entre revolución, epidemia de cólera y una historia de amor imposible. Netflix define expresamente la película como una “reimaginación” de aquel supuesto personaje real.

Y aquí comienza lo verdaderamente sabroso.

¿Existió Quasimodo?

En 2010, el archivista Adrian Glew encontró entre los papeles del escultor británico Henry Sibson, conservados por la Tate, una referencia a artesanos que trabajaban en París durante la década de 1820. Sibson mencionaba a un escultor del gobierno que era jorobado y al que conocían simplemente como “Le Bossu”, “el jorobado”. Los trabajadores estaban vinculados con obras en Notre-Dame y se movían en ambientes cercanos a Víctor Hugo.

La coincidencia es fascinante.

Pero coincidencia no significa prueba.

No existe documento conocido en el que Hugo diga: “este hombre fue mi Quasimodo”. Incluso desconocemos el verdadero nombre de aquel escultor. La conexión es una hipótesis histórica plausible, no la biografía comprobada del campanero de Notre-Dame.

Y justamente ahí parece estar el atractivo de la película.

Entre la historia comprobable, la leyenda que creció alrededor de ella y la libertad del cine para llenar los espacios vacíos, Netflix encontró terreno perfecto para contar algo nuevo sobre un personaje que conocemos desde hace casi dos siglos.

Quizá QUASIMODO, EL ALMA DE PARÍS no vaya a revelarnos quién fue el verdadero Quasimodo.

Pero sí puede conseguir algo igualmente interesante:

hacernos preguntar si antes del mito hubo realmente un hombre.

Y esta vez no tendremos que subir hasta el campanario para encontrarlo.

Bastará abrir Netflix.

Mira aquí el tráiler

Quasimodo, el alma de París | Tráiler oficial | Netflix