La noche en que Hollywood tuvo que tragarse sus prejuicios

Hay noches en que el Óscar premia a una estrella. Y hay otras, menos frecuentes, en que sin proponérselo del todo termina exhibiendo sus propias deudas históricas. El 13 de abril de 1964 en la 36.ª edición de los Premios Óscar ocurrió una de esas. Sidney Poitier ganó el premio al Mejor Actor por UNA VOZ EN LAS SOMBRAS (Lilies of the Field, 1963) y se convirtió en el primer afroamericano en alzarse con esa estatuilla.
No fue sólo un aplauso para una gran actuación. Fue una sacudida. Una grieta visible en un Hollywood que durante décadas había administrado el prestigio con filtro racial, como si el talento también tuviera zona restringida.
Y el momento no pudo haber sido más cargado de sentido. Estados Unidos vivía uno de los años más convulsos en la lucha por los derechos civiles. Las calles hervían, la discusión sobre la igualdad racial estaba lejos de resolverse y el país entero parecía debatirse entre avanzar o atrincherarse. En ese contexto, ver a Poitier subir al escenario no era una simple postal de gala: era una señal de época.
En UNA VOZ EN LAS SOMBRAS (Lilies of the Field, 1963), Poitier interpreta a Homer Smith, un trabajador itinerante, orgulloso, práctico y lleno de carisma, que termina ayudando a un grupo de monjas a construir una capilla en medio del desierto. La anécdota parece pequeña, casi modesta, pero ahí estaba justamente su fuerza: la película no necesitaba grandilocuencia para dejar huella. Bastaba la presencia de Poitier, su inteligencia en pantalla, su humor seco y esa autoridad natural que convertía a Homer Smith en un personaje imposible de reducir a estereotipos.
Ahí estuvo la verdadera revolución. Poitier no estaba ahí como concesión, cuota ni gesto de buena conciencia. Estaba ahí porque era un actor formidable. Y eso hizo todavía más poderoso su triunfo. La historia estaba de su lado, sí, pero el premio no se sostenía por simbolismo vacío: se sostenía en una actuación sólida, cálida y profundamente humana.

Su discurso fue breve, sobrio y certero. Dijo que había sido “un largo camino” hasta llegar ahí. No necesitó más. En esa frase cabían los años de exclusión, los papeles limitados, las barreras invisibles y también la dignidad de quien había llegado sin rebajarse, sin caricaturizarse y sin pedir disculpas por ocupar el centro del encuadre.
Hoy esa imagen sigue teniendo fuerza porque no sólo consagró a Sidney Poitier: también dejó al descubierto la lentitud con la que Hollywood acepta ciertos cambios. A veces la Academia reconoce el talento. Y a veces, además, no tiene más remedio que aceptar que ya no puede seguir ignorándolo.
El Óscar de Poitier no borró de un plumazo el racismo en la industria. No convirtió a Hollywood en tierra prometida de la igualdad. Pero sí rompió una barrera ante los ojos del mundo. Y eso, para una fábrica de sueños que tantas veces había repartido los reflectores con criterios bastante terrenales, ya era muchísimo.
Porque aquella noche de 1964 no ganó solamente un actor. También perdió, aunque fuera por unos minutos, una vieja costumbre de mirar el talento con prejuicios. Y ya se sabe: cuando la historia entra por la puerta principal, hasta Hollywood tiene que ponerse de pie.
Detalles curiosos:
La película no termina con el típico «Fin». En lugar de este cierre característico, la película termina con un «Amén».
La película se realizó con un presupuesto relativamente bajo, de alrededor de $800.000 dólares, pero se convirtió en un éxito de taquilla, recaudando más de 5 millones de dólares en todo el mundo a valor de esa época.
La película se rodó en el pequeño rancho del padre de la cantante Linda Ronstadt; ubicado en el extremo norte de Tucson, cerca de Sabino Canyon y Cloud Road.
Fue filmada casi en su totalidad en Tucson, Arizona, y sus alrededores. La filmación se completó en apenas 14 días con un presupuesto limitado.

Sidney Poitier recibió el Oscar Honorífico de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en la 74ª ceremonia de entrega, celebrada el 24 de marzo de 2002. Este premio fue otorgado por su trayectoria, sus extraordinarias interpretaciones y su dignidad en la industria.
En exclusiva para CINESAURIO por Andrés Bermea y Mr. Chips
Suscríbete gratuitamente para mantenerte informado de nuestras novedades, reseñas, noticias, películas, Etc…