Cuando la historia empieza a moverse

14TH, el nuevo documental de Ava DuVernay, utiliza inteligencia artificial para dar movimiento a fotografías históricas. La intención no es inventar el pasado, sino acercarlo al espectador. Y ahí comienza una discusión que el cine documental apenas está aprendiendo a enfrentar.

Por el equipo editorial de Cinesaurio

Ava DuVernay decidió meterse voluntariamente en terreno peligroso.

En 14TH (14th), su nuevo documental sobre la Decimocuarta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, la directora utiliza herramientas de inteligencia artificial para dar movimiento a algunas fotografías históricas de archivo.

Y sabía perfectamente que alguien iba a preguntarle por eso.

La película, presentada mundialmente el pasado 9 de octubre en el Festival de Cine de Nueva York, examina más de 150 años de discusiones alrededor de ciudadanía, igualdad ante la ley, debido proceso y quién tiene derecho a pertenecer a una nación. Llegará a algunos cines estadounidenses el 27 de noviembre y a Netflix el 4 de diciembre de 2026.

Pero lo que está provocando conversación es la manera en que DuVernay decidió mostrar parte de ese pasado.

Algunas fotografías antiguas reciben pequeños movimientos mediante una combinación de técnicas digitales que incluye inteligencia artificial. No se trata —según ha explicado la cineasta— de crear personajes inexistentes, fabricar voces o hacer pasar imágenes falsas por documentos históricos. El material original permanece como punto de partida.

La inspiración vino de una tecnología bastante menos moderna: las fotografías estereoscópicas del siglo XIX, imágenes dobles que, observadas mediante un visor especial, producían una rudimentaria sensación de profundidad.

DuVernay quiso recuperar algo de aquella experiencia: que las personas retratadas hace más de un siglo dejaran de sentirse completamente inmóviles y adquirieran cierta presencia ante nuestros ojos. Para lograrlo, su equipo combinó photoscoping, paralaje, animación y herramientas de IA.

Y aquí aparece la pregunta interesante.

¿Cuánto podemos mover una fotografía histórica antes de empezar a mover también la historia?

El documental siempre ha utilizado montaje, música, acercamientos, restauración, colorización e incluso reconstrucciones. Ninguna película documental es una ventana completamente neutral hacia la realidad.

Pero la inteligencia artificial agrega una nueva capa.

Porque nuestros ojos todavía tienden a creer que una fotografía antigua muestra algo que realmente estuvo frente a una cámara. Cuando esa imagen comienza a moverse, aunque sea discretamente, la frontera entre documento e interpretación se vuelve menos evidente.

DuVernay no pretende esconder esa intervención. Al contrario: ha dicho que quiere que el público vea el resultado y decida cómo se siente ante él.

Quizá esa sea precisamente la discusión que necesitábamos.

La inteligencia artificial ya llegó al cine. La pregunta importante empieza a dejar de ser si debemos utilizarla.

Ahora será:

¿para qué la utilizamos, cuánto la utilizamos y le decimos claramente al espectador cuándo lo estamos haciendo?

Porque una cosa es restaurar el pasado.

Otra, bastante distinta, es empezar a reescribirlo.

Y entre ambas puede haber apenas unos cuantos fotogramas.



Una película de concreto…

que no resultó nada pesada.

THE HISTORY OF CONCRETE, el debut como largometraje de John Wilson, convirtió un tema que suena gris y poco atractivo en uno de los estrenos por pantalla más llamativos de Nueva York.

Por el equipo editorial de Cinesaurio

Hay películas sobre guerras, amores imposibles, asesinos, superhéroes, galaxias lejanas y monstruos gigantes.

Y luego está una película sobre concreto.

Sí, concreto.

THE HISTORY OF CONCRETE (The History of Concrete), dirigida por John Wilson, abrió este fin de semana en una sola pantalla del IFC Center de Nueva York y consiguió uno de los mejores estrenos en la historia de esa sala. IndieWire reportó que la cinta se convirtió en el segundo debut más fuerte del recinto, solo detrás de PARÁSITOS (Parasite).

La paradoja es deliciosa: una película cuyo título parece material para una conferencia de ingeniería terminó generando funciones agotadas, presentaciones especiales y largas jornadas de exhibición. El propio IFC Center programó numerosas funciones y encuentros con Wilson durante el fin de semana.

Pero la gracia está en que la película no es realmente una clase sobre cemento, grava y resistencia estructural.

Después de terminar su serie televisiva, Wilson buscaba una nueva salida creativa y asistió a un taller sobre cómo escribir y vender películas tipo Hallmark. Entonces decidió hacer algo bastante absurdo: intentar aplicar esa fórmula narrativa a un documental sobre concreto. Ese es el punto de partida oficial de la cinta, que dura 101 minutos y es distribuida por Magnolia.

En otras palabras, Wilson tomó dos cosas que aparentemente no deberían encontrarse jamás —una fórmula romántica prefabricada y un material de construcción— y decidió mezclarlas.

Y el público respondió.

En una industria obsesionada con encontrar “la fórmula” del éxito, THE HISTORY OF CONCRETE (The History of Concrete) parece burlarse precisamente de las fórmulas. Su atractivo está en la mirada del autor, en su capacidad para encontrar historias donde los demás solo ven banquetas, edificios, grietas y muros.

Porque una buena película no siempre depende del tema.

Depende de cómo se mira.

El concreto puede ser gris, duro, frío y perfectamente inmóvil. Pero alrededor de él hay ciudades, personas, arquitectura, recuerdos, fracasos, obsesiones y decisiones humanas. Y cuando alguien sabe mirar esas cosas con suficiente curiosidad, hasta una pared puede tener algo que contar.

Tal vez por eso la película está funcionando. No porque el mundo haya despertado repentinamente con una pasión secreta por el cemento Portland, sino porque el público todavía responde a una voz original.

Y eso también es una pequeña buena noticia para el cine.

En tiempos de secuelas calculadas, universos compartidos y algoritmos tratando de adivinar qué queremos ver, una película sobre concreto llegó con una propuesta rarísima y consiguió llenar una sala.

Nada mal para un material que, en teoría, está hecho para quedarse quieto.

THE HISTORY OF CONCRETE (The History of Concrete) demuestra que en el cine hasta el tema más pesado puede volverse ligero cuando alguien sabe contar la historia.

O, dicho de otra manera:

el concreto puede pesar toneladas.

La película, por fortuna, no.