¡FELIZ CUMPLE 83 ‘CASABLANCA’

“Casablanca”, el mito que nació del caos: un guion por noche, una actriz insegura y la censura detrás del mejor final de Hollywood…

Por Julieta Roffo publicado hoy en INFOBAE

Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en ‘Casablanca’.

Humphrey Bogart e Ingrid Bergman se reunieron para que el rodaje no arruinara sus carreras. La intención fue de propaganda bélica, pero el tiempo consagró a la inolvidable historia de amor

Ingrid Bergman no sabía a quién amar. El personaje que la actriz interpretaba en Casablanca, la película con fines propagandísticos que se estrenó en plena Segunda Guerra Mundial, cambiaba de amor en cada jornada de rodaje.

No se trataba de una decisión artística deliberada. No era que Ilsa Lund, el personaje que encarnó Bergman, iba y venía entre amar a Rick Blaine -el personaje interpretado por Humphrey Bogart- o a Victor Laszlo -actuado por Paul Heinred- porque no podía decidirse entre los dos. Era que los guionistas no terminaban de decidir por dónde iba a ir el libreto de la película que nació del caos y que se coronó como uno de los grandes mitos del cine.

La propaganda bélica como objetivo

Casablanca se estrenó en Nueva York el 26 de noviembre de 1942, hace exactamente 83 años, y es hasta hoy la mejor película romántica estadounidense de todos los tiempos, según el Instituto Americano del Cine (AFI, por sus siglas en inglés)

Pero aunque ese amor imposible con sede en el norte de África y la escena final de la historia de Rick e Ilsa se convirtieron en un mito de Hollywood, la intención original de la película fue propagandística en medio de la contienda bélica que partió el siglo XX en dos.

Ni la fecha de estreno de la película fue ajena a su intención propagandística: la avant premiere coincidió con el desembarco de los Aliados en Marruecos, territorio al que pertenece la ciudad que da nombre al film. El interés que la potente campaña militar estadounidense despertaba en el público era un buen “gancho” para ir al cine a ver la historia interpretada por Bogart y Bergman.

Los protagonistas junto a Dooley Wilson, que interpreta al mítico Sam, el pianista del salón que le pertenece al personaje de Bogart.

La película había empezado a idearse después de que Japón bombardeara la base norteamericana de Pearl Harbor en diciembre de 1941. Estados Unidos puso a su enorme industria del entretenimiento al servicio de sus objetivos geopolíticos, y en ese contexto, Casablanca fue un llamado a que el país saliera del todo del aislacionismo en el que se había mantenido durante los primeros años del avance del nazismo y el fascismo en Europa.

El estreno de la película fue exitoso, aunque no arrasador. Pero lo más impactante de Casablanca en un primer momento fue su mensaje político: en esa clave la leyó la crítica y también el público. El film mostraba a Estados Unidos como el destino añorado por quienes escapaban de la guerra, de la ocupación nazi y de la opresión que gobernaba en Europa. En la trama, Casablanca, la ciudad, era una escala imprescindible hacia ese destino.

Un caos entre el romance y la geopolítica

El director de la película fue Michael Curtiz, un húngaro de origen judío que tenía varios familiares que habían tenido que escapar del régimen de Adolf Hitler. Asentado en Estados Unidos, Curtiz se puso al servicio de Warner Bros., la productora que rodaría la película.

El proyecto empezó prácticamente a la par del ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra. Warner Bros. pagó una suma récord por los derechos de una obra teatral que no se había estrenado: fueron 20.000 dólares por Everybody comes to Rick’s (Todos vienen al café de Rick).

Aunque para lo que sería Casablanca después 20.000 dólares es una suma ínfima, se trató de una cantidad inédita de dinero destinada a una obra cuyo éxito no se había puesto a prueba frente al público.

Laszlo, Ilsa y Rick, el triángulo amoroso de la película

El rodaje empezó a fines de mayo de 1942 y estaba terminado para los primeros días de agosto. Lo más inestable de esos meses de rodaje fue el guion, que se reescribía cada noche. Aunque la película les da crédito a tres guionistas, hubo en realidad seis escritores que se ocuparon de ese trabajo. Los tres nombrados en los créditos, Julius Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch, ganarían el Oscar al mejor guion adaptado.

Pero para que eso ocurriera debieron saldar las discusiones que tenían a diario para decidir el rumbo que iba teniendo la historia. Curtiz rodó la película de forma cronológica porque dependía de que estuvieran escritas las escenas en su versión definitiva.

Era tal la incertidumbre sobre el destino del proyecto que, en cuanto le vieron los hilos al trabajo de los guionistas, Bogart y Bergman se reunieron para trazar una estrategia conjunta que le pusiera límites a tanto descontrol. Era en ese contexto que la actriz protagónica no sabía del todo cómo componer su personaje, cuyo vínculo con Rick y Victor cambiaba a diario, según el caótico ida y vuelta del guion.

Curtiz, el director, fue salomónico a la hora de indicarle a Bergman de quién debía lucir enamorada su personaje: “Hacé de cuenta que ama a los dos”, le dijo el húngaro. Mientras tanto, la trama se volvía más política o más romántica según quién estuviera detrás de la escritura de las escenas. Curtiz privilegió el costado romántico de su propia obra.

Las lágrimas reales que atravesaron la pantalla

Uno de los grandes aciertos de Casablanca fue la enorme diversidad de nacionalidades de sus actores. Sólo tres de los intérpretes mencionados en los créditos eran estadounidenses. En cambio, había actores y actrices, y sobre todo extras para las escenas más numerosas, que eran realmente refugiados y exiliados europeos. Eso hizo que la película transmitiera con enorme verosimilitud la escena que se vivía en los enclaves en los que, como en Casablanca, se estaba lo más a salvo de la guerra que se pudiera estar, y se esperaba por un barco que significara la completa libertad.

En la película nunca se dice literalmente «tócala de nuevo, Sam», pero la frase se popularizó como parte del film

Una de las escenas clave del film, cuando Laszlo pide a la orquesta del salón de Rick que interprete La Marsellesa para imponer ese himno sobre los cantos de los oficiales nazis, muestra a muchos de los actores extras llorando de emoción: eran verdaderos refugiados de la Segunda Guerra. Verdaderos oprimidos por el Tercer Reich, y víctimas de esa contienda bélica que se cobró millones de vidas. La emoción de la escena atraviesa la pantalla más de ochenta años después.

Otra de las escenas musicales emblemáticas de Casablanca, cuando Sam, el pianista del salón de Rick, interpreta “As time goes by”, estuvo a punto de no ocurrir. Max Steiner, compositor de la música original de la película, detestaba la canción y hasta propuso reemplazarla por una propia. Pero como Bergman, a esa altura del rodaje, se había cortado el pelo para interpretar su papel en Por quién doblan las campanas, no había manera de grabar de nuevo la escena y que no se notara la diferencia en la apariencia de la actriz.

Tampoco había manera de que no se notaran los cinco centímetros por los que Bergman superaba a Bogart. Así que el actor usó zapatos con plataformas en las escenas que compartieron en las que están parados, y almohadones en la silla en las que están sentados.

Bogart, ese galán inolvidable, compartió muy poco tiempo con Bergman por fuera de las escenas que rodaron juntos. Pasaba la mayoría del tiempo encerrado en su camarín, fumando y jugando solo al ajedrez. Era casi una alegoría de Rick, su papel, un hombre cínico al que, hasta el momento de su quiebre, parece no importarle demasiado de nadie.

Había un motivo bien concreto para ese encierro: Mayo Methot, la esposa del actor, era alcohólica y extremadamente celosa. Se presentaba tan frecuentemente en el set de rodaje para acusar a Bogart de tener un romance secreto con su co-protagonista que él prefirió recluirse para evitar esos estallidos cada vez más cotidianos. El estrés en el rodaje ya era suficiente por las idas y vueltas del guion.

La censura y el sacrificio del final

La despedida de Rick e Ilsa en el aeropuerto, ese amor que queda trunco porque lo más importante es sostener la resistencia contra el nazismo que encarna Víctor Laszlo, es uno de los finales más míticos de la historia del cine. Y para que ese final fuera ese y no otro, la censura fue central.

En esos años, regía el Código Hays, que determinaba qué se mostraba y qué no en las películas que producía Hollywood. Según el código, estaba prohibido que en una película una mujer casada dejara a su marido y eligiera a su amante. Así que, más allá de las idas y vueltas del guion, la decisión sobre qué haría Ilsa en medio del triángulo amoroso excedía las elecciones artísticas del director y los productores de Casablanca.

Sobre el final del film, Rick e Ilsa desisten de viajar juntos a Lisboa, la escala inmediatamente anterior a llegar a Estados Unidos. La decisión de los protagonistas, que tiene que ver con priorizar la misión de resistencia de Laszlo -y con respetar el Código Hays-, fue leída en la época como un gran sacrificio personal por parte de Rick, el personaje de Bogart. La época implicó que se minimizara el sacrificio personal de Ilsa, el personaje de Bergman, una mujer que, a la par de Rick, también renunció a esa fulminante historia de amor.

Casablanca conmovió por su verosimilitud a la hora de contar el dolor de los exiliados y los refugiados de la Segunda Guerra, y por ese quiebre del personaje de Bogart, que pasó de no interesarse por prácticamente nada más que por el funcionamiento de su salón para beber -y jugar clandestinamente-, a enamorarse y resignar su amor para priorizar lo que más importaba en ese momento del mundo: oponerse al nazismo.

“Louis, pienso que este es el comienzo de una bella amistad”, dice Bogart antes de que Casablanca termine. Se lo dice al capitán Renault, a cargo de las tropas francesas en la ciudad marroquí, quien había salvado a Rick en medio de la persecución a quienes ayudaran ilegalmente a escapar de allí a los que intentaban llegar a Lisboa.

En 1944, Casablanca ganó el Oscar a la Mejor Película. Curtiz ganó como director y el equipo frenético de guionistas -o al menos los que salieron en los créditos- obtuvieron también su estatuilla. Ni Bogart ni Bergman ganaron por sus interpretaciones. Pero el tiempo los convirtió en los protagonistas de la historia de amor -sacrificado, platónico, inalcanzable- más inolvidable de la pantalla grande.


Frankenstein está por llegar…

Guillermo del Toro, Oscar Isaac y Jacob Elordi presentan Frankenstein en una tarde gótica dedicada a sus fanáticos mexicanos

El ganador del Oscar, Guillermo del Toro regresó a la capital mexicana para presentar al nuevo integrante de su familia de monstruos. La celebración de Frankenstein que se realizó la tarde del lunes 3 de noviembre en el Colegio de San Ildefonso reunió a los fanáticos del director mexicano, y los protagonistas de la película, Oscar Isaac y Jacob Elordi, en una memorable tarde llena de emoción, furor y admiración.

El antiguo hogar del arte, la ciencia y el pensamiento, San Ildefonso, fue testigo de una historia que reflexiona sobre la creación, la soledad y el anhelo de ser comprendido. Por la alfombra roja desfilaron las principales almas detrás de este cuento gótico así como celebridades y talento nacional. El cineasta, con su ya característico carisma, se acercó a convivir con decenas de fans en un momento lleno de emociones y muestras de cariño.

Frankenstein CDMX Premier 2025 Cr Jazmin Hernandez/Netflix © 2025

Guillermo del Toro comentó que “Me emociona más allá de las palabras el poder estar en mi país presentando Frankenstein, un proyecto que desee realizar desde que comencé a soñar con traer a la vida seres fantásticos. Creo firmemente que para estar ante la presencia del arte necesitamos arriesgarnos y para mí, el reto de adaptar una de las historias que creo más fundamentales dentro de toda la historia del cine, fue un riesgo que valió la pena correr. No sólo a nivel personal sino también a nivel artístico, esta película es un momento monumentalmente definitivo en mi vida. Esta historia sobre el perdón, la paternidad y la búsqueda de un lugar en el mundo habla el lenguaje más universal;  el de ser humano.

Frankenstein CDMX Premier 2025 Cr Jazmin Hernandez/Netflix © 2025

Posterior a la proyección de la película en el anfiteatro Simón Bolívar, Guillermo del Toro, Oscar Isaac, Jacob Elordi y Ted Sarandos, CO-CEO  de Netflix, participaron en una conversación donde Oscar Isaac compartió cómo surgió la idea en Guillermo para que él interpretara a su personaje: “Cuando nos reunimos en casa de Guillermo hace tres años, nunca me imaginaba que me fuera a proponer darle vida a Víctor Frankenstein. Todo inició con una conversación muy íntima sobre nuestros padres, de su dolor y la religión… al momento de verlo reflejado en  un guión y después de haberlo leído acabamos en lágrimas pues se sentía tan personal, estábamos hablando de nuestras historias.” Por su parte el joven actor australiano quien da vida a la criatura compartió sobre su experiencia durante el rodaje: “El proceso de filmación de la película fue un desafío tanto físico como mental que fue relegado a un segundo plano pues fue una gran alegría que todos compartimos día a día.” 

Como anteriormente Guillermo la ha dicho, esta película fue el sueño de toda su vida hecho realidad; la sala se enterneció profundamente cuando comentó “Con Jacob hubo un momento muy hermoso, cuando entró a la cabaña, lo tomé de la mano y  en ese momento sentí que la criatura que yo había visto de niño acababa de entrar a mi set”. Por su parte, Ted Sarandos, destacó la importancia de una producción tan ambiciosa y visualmente impresionante como Frankenstein, destacando que México tiene a un genio del cine y destacó que

“los filmes de Guillermo han trascendido México y han conquistado el mundo”.

Frankenstein se puede ver en Netflix desde el viernes 7 de noviembre.


Muere Alicia Bonet…

… protagonista de ‘Hasta el viento tiene miedo’, clásico de terror mexicano

La actriz mexicana, ícono del horror y la televisión, deja tras de sí una carrera brillante y una vida marcada por grandes amores, éxitos y momentos difíciles que la alejaron de los reflectores

La actriz mexicana Alicia Bonet falleció a los 78 años, según informó la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI) este domingo 26 de octubre. Bonet fue reconocida principalmente por su papel como «Claudia» en la película Hasta el viento tiene miedo, dirigida por Carlos Enrique Taboada en 1968, hoy convertida en un clásico de terror en el cine mexicano.

La ANDI comunicó la noticia a través de sus redes sociales, donde expresó:

“La Asociación Nacional de Intérpretes comunica el sensible fallecimiento de nuestra socia intérprete Alicia Bonet. Actriz mexicana recordada por su participación en películas como Hasta el viento tiene miedoDespedida de soltera y El escapulario. A sus familiares y amigos mandamos nuestras más sentidas condolencias”. La organización no detalló las causas del deceso.

Durante su carrera, Alicia Bonet participó en cine, teatro y televisión, consolidándose como una de las figuras más representativas de su generación en el cine nacional.

Nacida el 26 de abril de 1947 en la Ciudad de MéxicoAlicia Bonet inició su carrera en el teatro juvenil durante los años 50, lo que le permitió acceder rápidamente a la pantalla grande.

Su versatilidad la llevó a compartir escena con figuras como Angélica MaríaArturo de CórdovaAlberto Vázquez y Andrés Soler, consolidando su presencia en la industria del espectáculo mexicano.

Entre las producciones más destacadas en las que participó se encuentran Guadalajara en veranoDespedida de solteraEl escapularioRubíVivianaA flor de pielEl amor no es como lo pintanSe busca un hombre. Su capacidad para encarnar personajes de gran profundidad emocional la posicionó como una de las actrices más versátiles de su generación al participar en al rededor de 30 producciones.

La vida personal de Bonet estuvo marcada por su cercanía al mundo artístico. Contrajo matrimonio en dos ocasiones, primero con el actor Juan Ferrara, con quien tuvo dos hijos, Juan Carlos y Mauricio.

Posteriormente, se casó con Claudio Brook, actor reconocido por sus colaboraciones con Luis Buñuel en películas como El ángel exterminadorSimón del desierto. De esta unión nacieron Arturo y Gabriel.

El retiro de Alicia Bonet de la actuación estuvo profundamente influido por acontecimientos personales dolorosos. El fallecimiento de Claudio Brook en 1995, a causa de cáncer de estómago, representó el primer gran golpe en su vida.

La última aparición pública de Bonet se registró en 2010, cuando participó en el programa Lo que callamos las mujeres. Desde entonces, optó por mantener un perfil bajo, lejos de los reflectores que la acompañaron durante su juventud y madurez artística.

En Hasta el viento tiene miedo, la interpretación de Alicia Bonet se mantiene como una de las más recordadas del cine mexicano. En esa producción, compartió créditos con Marga LópezMaricruz OlivierRenata SeydelElizabeth Dupeyrón y Norma Lazareno, conformando un elenco que hoy es parte fundamental de la historia del cine de terror en México.

La muerte de Alicia Bonet cierra el ciclo de una artista cuya discreción fuera de los escenarios contrastó con la intensidad de sus personajes, mujeres complejas y sensibles que permanecen en la memoria del público mexicano.

Por Armando Guadarrama, publicado originalmente en INFOBAE


Descanse en paz Alicia Bonet… Nuestra querida «Clauuudia»…

Andrés Bermea