IMPACTO MORTAL: cuando ‘Aeropuerto‘ se encontró con ‘Tiburón‘ en medio del Pacífico
Por Andrés Bermea y el equipo editorial de CINESAURIO
Para preparar una buena película palomera no se necesita inventar nuevamente el cine. Basta tomar algunos ingredientes que hayan demostrado su eficacia, mezclarlos con entusiasmo y servirlos muy calientes antes de que el público tenga tiempo de cuestionar demasiado la receta.
Comience con un avión comercial que viaja de Los Ángeles a Shanghái. Coloque en su interior a un grupo variado de pasajeros: familias con problemas, jóvenes enamorados, deportistas, un niño vulnerable, un piloto atormentado, una tripulación dispuesta al sacrificio y, por supuesto, el imprescindible personaje odioso que, a los pocos minutos, consigue que varios espectadores consideren seriamente convertirse en sus asesinos. Añada una emergencia en pleno vuelo, agite violentamente y deje caer todo en aguas infestadas de tiburones. Ésa es la fórmula básica de IMPACTO MORTAL (Deep Water), dirigida por Renny Harlin y protagonizada por Aaron Eckhart, Ben Kingsley y un numeroso reparto del que, podemos anticiparlo, no todos llegarán muy enteros a los créditos finales.
La película es una sabrosa ensalada de clásicos del cine de desastres. Lleva una generosa porción de Aeropuerto, algunas cucharadas de La aventura del Poseidón, abundante salsa de Tiburón y un toque de esas producciones en las que cada personaje parece caminar por la historia con una fecha de caducidad pegada en la frente. Renny Harlin, quien ya había nadado entre depredadores marinos en Deep Blue Sea, conoce perfectamente esta cocina: sabe cuándo aumentar la tensión, cuándo lanzar otro problema sobre los sobrevivientes y cuándo dejar que los tiburones hagan el trabajo sucio. La crítica también ha reconocido esa mezcla deliberada de desastre aéreo, supervivencia y terror marino.
La primera parte cumple con uno de los mandamientos del género: demostrar que viajar en avión puede convertirse rápidamente en una pésima idea. La secuencia del accidente es aparatosa, larga y eficaz. Cuando creemos que los personajes ya han sobrevivido a lo peor, la película les informa -y a nosotros con ellos- que apenas terminó la entrada y comienza el plato fuerte.
Porque caer al océano no basta. Hay que añadir balsas insuficientes, restos del avión que se hunden, heridas oportunamente sangrantes y tiburones (que desde luego ya vieron la de Spielberg) que parecen haber recibido el manifiesto de pasajeros con anticipación. Los escualos no aparecen a cada momento; Harlin los administra con cierta prudencia y deja que la imaginación del público haga parte del trabajo. Cuando atacan, lo hacen con la eficiencia de quien sabe que la función no puede durar toda la noche.
Los personajes responden a tipos fácilmente reconocibles y no siempre requieren demasiada profundidad. En esta clase de películas basta con que sepamos rápidamente a quién queremos salvar, quién nos cae bien y quién podría ser utilizado como carnada sin provocar demasiadas protestas. Aaron Eckhart aporta la seriedad necesaria para impedir que todo se convierta en una parodia; Ben Kingsley presta categoría y autoridad, y Angus Sampson se encarga de condimentar la historia con uno de esos sujetos que ignoran las reglas, causan problemas y logran que hasta los tiburones parezcan defensores del orden público.
¿Es todo completamente lógico y verosímil? Naturalmente que no. Examinar una película como ésta con lupa científica sería como reclamar que las palomitas no constituyen una alimentación equilibrada. IMPACTO MORTAL no pretende ofrecernos alta cocina cinematográfica, sino una función abundante en accidentes, sobresaltos, sacrificios, héroes improvisados y criaturas con demasiados dientes.
¡Y cumple!
Es una película palomera en el mejor sentido de la expresión: conoce los ingredientes, respeta la receta y los sirve con ritmo, espectáculo y suficiente buen humor. Tal vez mañana no recordemos todos los nombres de los pasajeros, pero durante casi dos horas desearemos saber quién sobrevivirá, quién será el siguiente y si, después de semejante experiencia, alguna aerolínea se atreverá a ofrecerles un vuelo de cortesía.
Recomendación final: Aférrate a la butaca… y no olvides llevar tu repelente para tiburones.
El enfoque reconoce que la película está hecha con materiales conocidos, pero convierte ese reciclaje en parte de la diversión.
La verdadera batalla no es cruzar el mar, sino redescubrir quiénes somos y volver a casa
Por Andrés Bermea y el equipo editorial de CINESAURIO
Es fácil pensar que, para el director Christopher Nolan, LA ODISEA no podía ser una película de aventuritas ni la simple pretensión de montar un espectáculo de proporciones colosales nomás por darse el gusto. Nolan tiene un propósito, algo QUÉ contarnos, y ha elegido narrarlo de una manera muy particular. Vale la pena explorar qué quiere decirnos y descubrir los signos, símbolos y significados que entraña la cinta.
Nolan no lleva a la pantalla cada verso ni cada episodio del poema de Homero. Su adaptación es selectiva: conserva el viaje de Odiseo, la espera de Penélope, la maduración de Telémaco, la amenaza de los pretendientes y varios de los encuentros más emblemáticos; pero comprime aventuras, reduce la intervención directa de los dioses y transforma al protagonista en un hombre marcado por las consecuencias de la guerra. Es fiel al esqueleto y al espíritu del regreso, aunque no reproduce toda la complejidad, el humor y la exuberancia fantástica del poema original.
El lenguaje tampoco pretende imitar la manera en que habrían hablado los antiguos griegos. Los diálogos coloquiales emplean palabras y giros contemporáneos para producir una emoción inmediata. Sin embargo, la película sí conserva un tono poético: no tanto por su vocabulario, sino por la cadencia de las frases, los silencios y la repetición de imágenes como el mar, el fuego, la oscuridad y el hogar distante. La poesía, podríamos decir, fue trasladada de las palabras a las imágenes y eso mis amigos de CINESAURIO es: ¡HACER CINE!
Geográficamente, Troya e Ítaca no están en extremos opuestos del mundo. Tomando como referencia el sitio arqueológico de Troya, en la actual Turquía, y la isla moderna de Ítaca, las separan aproximadamente 510 kilómetros en línea recta; por mar, la ruta sería considerablemente mayor, pero de ninguna manera justificaría diez años de navegación. Esa década pertenece al terreno del mito: Odiseo es desviado por tormentas, naufragios, errores propios, pérdidas y la ira de Poseidón. Además, en el poema permanece alrededor de un año con Circe y siete años retenido por Calipso. El viaje se prolonga porque no representa solamente una distancia geográfica: es un recorrido moral y espiritual. Odiseo debe transformarse antes de poder volver.
¿De qué habla realmente LA ODISEA? De lo difícil que resulta regresar después de una guerra sin llevar la guerra dentro de uno mismo. Odiseo quiere recuperar a su esposa, a su hijo y su reino, pero antes necesita recuperar su identidad (Esto se nota claramente en el episodio con la ninfa Calipso). Se puede ganar una batalla con la astucia, recibir honores y sobrevivir a los enemigos y, aun así, no saber cómo volver a ser esposo, padre, gobernante y ser humano.
Cada escala representa una prueba interior. Polifemo, el cíclope, es hijo de Poseidón. Odiseo consigue escapar gracias a su inteligencia, pero después, dominado por el orgullo, revela su verdadero nombre. Al dejar ciego al hijo del dios del mar, desata contra él una venganza de proporciones divinas. Su astucia lo salva; su ego prolonga su desgracia.
Circe muestra cómo la violencia y los instintos pueden convertir a los hombres en bestias. Calipso representa la tentación de olvidar el pasado, abandonar las responsabilidades y aceptar una comodidad sin futuro; pero en última instancia, el momento de la búsqueda de la propia identidad. Las sirenas ofrecen conocimiento, fascinación y gloria, pero escuchar su canto implica el riesgo de perder el rumbo. Cada encuentro no es sólo una aventura: refleja un miedo, un deseo o una debilidad del propio Odiseo. Escila y Caribdis expresan la tragedia del mando: hay decisiones en las que no es posible salvar a todos. Representan dos peligros situados a ambos lados de un paso marítimo: evitar completamente a uno puede significar caer en el otro; encontrarse atrapado entre dos males y tener que elegir el menos devastador.
Mientras tanto, los pretendientes invaden su casa, consumen sus alimentos, dilapidan su riqueza y presionan a Penélope. No buscan únicamente casarse con ella: pretenden obtener la legitimidad y el reino del monarca ausente. Representan el oportunismo que ocupa cualquier vacío de autoridad y violan la xenía, la ley sagrada de hospitalidad: llegaron como huéspedes y terminaron comportándose como dueños. La invasión del palacio simboliza un hogar sin orden, un país sin gobierno y una identidad familiar amenazada.
El mar representa la incertidumbre; el arco, la autoridad que nadie puede usurpar; los disfraces, la necesidad de ocultarse para descubrir la verdad; y el nombre de Odiseo, la tensión entre el anonimato que lo protege y el orgullo que lo condena.
Nolan ofrece un espectáculo monumental, pero su idea central es íntima: la auténtica odisea no consiste en cruzar el mar, sino redescubrir quiénes somos y volver a casa.
OTRAS RESEÑAS
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Quién es quién, de dónde viene el conflicto y por qué regresar a casa puede ser más difícil que ganar una guerra
Christopher Nolan llega a LA ODISEA con una de las historias más antiguas, influyentes y aventureras de la cultura occidental. Se presenta como una “épica de acción mitológica”, filmada completamente con cámaras de película IMAX y desde hoy en los cine de todo México. El propio Nolan ha llamado a sus personajes “los superhéroes originales” y ha comparado el universo de Homero con lo que Marvel representa para el entretenimiento contemporáneo.
Pero La Odisea no es solamente una colección de monstruos, tempestades y aventuras marítimas. Es, ante todo, la historia de un hombre que lleva demasiado tiempo lejos de casa y que debe descubrir si todavía puede regresar a la vida que dejó atrás.
La Odisea es un poema épico griego atribuido tradicionalmente a Homero, también considerado autor de La Ilíada. Su composición suele situarse alrededor de los siglos VIII o VII antes de Cristo, aunque procede de una tradición oral mucho más antigua: estas historias eran cantadas o recitadas ante un público antes de quedar fijadas por escrito. El poema está dividido en 24 cantos o libros.
Conviene no acercarse a ella como si fuera una novela moderna. Es una narración episódica, llena de relatos dentro de otros relatos, repeticiones, profecías, recuerdos, dioses, criaturas y personajes que cuentan versiones distintas de lo sucedido.
Y aquí aparece una primera clave muy “nolaniana”: la historia original no comienza por el principio.
Cuando arranca La Odisea, la guerra de Troya ya terminó hace años y Odiseo lleva mucho tiempo desaparecido. Primero conocemos el conflicto que dejó en Ítaca, especialmente la situación de su hijo Telémaco y de su esposa Penélope. Más adelante, el propio Odiseo narra buena parte de las aventuras que ha vivido. Homero ya jugaba con saltos temporales, recuerdos y narradores miles de años antes de Memento u Oppenheimer.
Para entender el punto de partida hay que retroceder un poco.
Antes del viaje de regreso que cuenta La Odisea, Odiseo pasó diez años combatiendo en la guerra de Troya. El conflicto comenzó cuando Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, terminó en Troya junto a Paris, príncipe de esa ciudad. Según las distintas versiones del mito, Helena fue raptada por Paris o abandonó voluntariamente a su esposo para marcharse con él.
Menelao pidió ayuda a su hermano Agamenón, uno de los reyes griegos más poderosos. Agamenón reunió a numerosos gobernantes y guerreros -entre ellos Aquiles y Odiseo- y encabezó la expedición para recuperar a Helena y conquistar Troya. La guerra duró diez años; cuando finalmente terminó, Odiseo emprendió el regreso a Ítaca, viaje que se convertiría en la verdadera odisea.
Odiseo, rey de la pequeña isla de Ítaca, fue uno de esos combatientes. No era el más fuerte -ese lugar corresponde a Aquiles-, pero sí uno de los más inteligentes, astutos y difíciles de engañar.
Es importante no confundir los dos poemas:
La Ilíada se concentra principalmente en la cólera de Aquiles durante una parte del último año de la guerra.
La Odisea comienza después de la caída de Troya y se concentra en el accidentado regreso de Odiseo.
El famoso caballo de Troya no constituye el centro de La Ilíada. Su historia pertenece a un conjunto más amplio de relatos sobre la guerra y es recordada dentro de La Odisea, donde se destaca la capacidad de Odiseo para idear engaños, infiltrarse y contener a los guerreros escondidos dentro del caballo.
Después de diez años de guerra, Odiseo emprende el regreso a Ítaca con sus hombres. Lo que debería ser un viaje relativamente directo se convierte en una travesía de otros diez años.
Durante ese tiempo enfrenta tormentas, naufragios, pueblos hostiles, criaturas extraordinarias, mujeres poderosas, tentaciones, pérdidas y la enemistad de Poseidón, dios del mar.
Mientras tanto, en Ítaca, todos empiezan a suponer que está muerto.
Un grupo de pretendientes se instala en su palacio, consume sus bienes y presiona a Penélope para que elija un nuevo esposo. Quien se case con ella no sólo obtendrá una mujer: podría quedarse también con la casa, la riqueza y el poder de Odiseo.
Por eso la película puede leerse a través de tres grandes líneas:
Odiseo intenta volver.
Penélope intenta resistir.
Telémaco intenta descubrir quién es y qué queda de su padre.
Odiseo —también conocido como Ulises, su nombre en la tradición latina— es rey de Ítaca, esposo de Penélope y padre de Telémaco.
No es un héroe limpio ni perfecto. Es valiente, resistente y buen combatiente, pero su gran arma es la astucia. Homero lo presenta desde el comienzo como el “hombre de muchos recursos”: sabe mentir, disfrazarse, improvisar, negociar y encontrar salidas donde la fuerza bruta no basta.
Pero esa inteligencia viene acompañada de orgullo, curiosidad y necesidad de reconocimiento. A veces resuelve los problemas y luego los empeora porque no puede resistir la tentación de demostrar quién es.
Ésa será una clave para mirar a Matt Damon: no esperar un héroe invencible, sino un superviviente brillante, contradictorio y marcado por la guerra.
Penélope no es solamente “la esposa fiel que espera”.
Durante la ausencia de Odiseo debe proteger su casa, a su hijo y su posición frente a decenas de pretendientes. No puede enfrentarlos por la fuerza, así que utiliza otra clase de inteligencia: aplaza decisiones, administra silencios y gana tiempo.
Si Odiseo practica la astucia en el mar, Penélope la practica dentro del hogar. Ambos son más parecidos de lo que parece.
Telémaco era apenas un niño cuando su padre partió a la guerra. Ahora es un joven que vive rodeado por hombres que invaden su casa, desprecian su autoridad y esperan quedarse con el lugar de Odiseo.
Su historia es también un relato de crecimiento. Necesita salir de la sombra de un padre legendario, buscar noticias sobre él y aprender a convertirse en adulto. En los primeros cantos del poema, Atenea lo anima precisamente a emprender esa búsqueda.
Atenea es la diosa de la sabiduría, la estrategia y la inteligencia aplicada. Protege a Odiseo porque reconoce en él una mente parecida a la suya.
No siempre aparece con toda su grandeza divina. Puede adoptar disfraces, orientar a Telémaco, alterar apariencias y mover discretamente los acontecimientos. Es la gran aliada de la familia de Ítaca.
Poseidón, dios del mar, es la fuerza que dificulta el regreso de Odiseo.
Su enemistad tiene una razón concreta: Odiseo dejó ciego a Polifemo, un cíclope hijo de Poseidón. Desde entonces, el dios no necesariamente busca matarlo de inmediato, pero sí condenarlo a vagar, perder a sus compañeros y llegar a casa después de innumerables sufrimientos.
Antínoo es el más agresivo y peligroso de los pretendientes de Penélope. No representa un enamorado romántico, sino la invasión del hogar de Odiseo.
Él y los demás pretendientes comen, beben y gastan los bienes del rey ausente. Su conducta viola una regla sagrada para los antiguos griegos: el huésped debe respetar la casa que lo recibe.
Calipso es una ninfa que retiene a Odiseo en su isla y desea convertirlo en su compañero. Representa una tentación muy particular: la posibilidad de dejar de luchar, olvidar Ítaca y aceptar una vida fuera del tiempo.
No es simplemente una villana. Su relación con Odiseo plantea una pregunta incómoda: ¿Qué tan fuerte debe ser el deseo de volver para rechazar una existencia aparentemente cómoda y segura?
Polifemo es el cíclope de un solo ojo y uno de los episodios más famosos del poema.
Pero el encuentro no se reduce a “héroe contra monstruo”. Ahí se ponen a prueba la inteligencia de Odiseo, su responsabilidad como jefe y también su orgullo. La manera en que consigue escapar demuestra su talento; lo que hace después revela su gran debilidad.
Circe es una poderosa hechicera que transforma a los compañeros de Odiseo en animales. Su episodio mezcla peligro, seducción, magia y conocimiento.
Como otros personajes femeninos de la obra, Circe no es fácil de encerrar en la categoría de aliada o enemiga. Puede amenazar, seducir, proteger y orientar.
Las sirenas atraen a los navegantes con un canto irresistible. No prometen únicamente placer: prometen conocimiento. Dicen saber todo lo ocurrido en Troya y en el mundo.
La tentación de Odiseo consiste en querer escucharlas sin morir. Son una prueba perfecta para un hombre que desea conocerlo todo, incluso aquello que podría destruirlo. Las sirenas de la tradición griega no eran originalmente mujeres con cola de pez, sino criaturas con rasgos femeninos y cuerpo de ave.
Cinco ideas que ayudan a entender toda la historia
Odiseo no es Aquiles. No vence principalmente por fuerza física, sino por inteligencia práctica: sabe leer a los demás, inventar identidades, ocultarse y utilizar las palabras como armas.
Pero la película también puede preguntarnos cuándo la astucia se convierte en engaño, manipulación o soberbia.
Para los griegos, recibir y respetar al extranjero era una obligación sagrada protegida por Zeus.
A lo largo del viaje, algunos personajes reciben bien a Odiseo y otros intentan explotarlo o destruirlo. En Ítaca, los pretendientes cometen el abuso contrario: llegaron como huéspedes y terminaron apoderándose de la casa.
La manera en que cada personaje trata al extranjero revela rápidamente su calidad moral.
Odiseo utiliza nombres falsos y disfraces. Atenea cambia apariencias. Penélope examina cuidadosamente lo que le dicen. Telémaco intenta reconocer al padre que apenas recuerda.
La pregunta “¿Quién eres realmente?” recorre toda la obra.
En La Odisea, reconocer a alguien no consiste solamente en verle la cara. Hay que comprobar su memoria, su historia, sus vínculos y los secretos que comparte.
No intentes memorizar todos los nombres ni elaborar un árbol genealógico mientras ves la película.
Basta seguir tres preguntas:
¿Qué está dispuesto a perder Odiseo para regresar?
¿Cómo protegen Penélope y Telémaco el hogar durante su ausencia?
¿Cada encuentro acerca a Odiseo a Ítaca… o lo aleja también de quien era?
Y recuerda algo más: los monstruos no están ahí solamente para dar espectáculo. Cada uno suele representar una tentación, un miedo o una falla del protagonista: hambre, olvido, curiosidad, orgullo, deseo, desesperación o incapacidad para controlar a sus hombres.
Christopher Nolan con el director de cinematografía Hoyte van Hoytema
LA ODISEA no es simplemente la primera gran película de aventuras. Es una historia sobre las consecuencias de la guerra, el paso del tiempo, la fidelidad, la identidad y el deseo obstinado de recuperar el hogar.
Su protagonista no busca salvar al universo. Busca volver con su esposa, conocer de nuevo a su hijo y averiguar si, después de veinte años de violencia y ausencia, todavía existe un sitio para él en Ítaca.
Nolan puede llenar la pantalla de barcos, dioses, cíclopes, tormentas y batallas. Pero el corazón de la historia seguirá siendo muy sencillo y profundamente humano:
UN HOMBRE PERDIDO QUE QUIERE REGRESAR A CASA SIN SABER SI LA CASA —O ÉL MISMO— SIGUEN SIENDO LOS MISMOS.
Matt Damon, Christopher Nolan, Anne Hathaway y Tom Holland el 1 de julio de 2026. Fotografía de: Gavin Bond
En Hollywood, mover la fecha de rodaje de una película de Spider-Man debe ser casi tan sencillo como cambiar de trayectoria un transatlántico en medio del océano. Sin embargo, Tom Holland consiguió hacerlo por dos razones difíciles de rechazar: una invitación de Christopher Nolan… y una amenaza amorosa de Zendaya.
La historia fue revelada por el propio Holland durante una entrevista con People, en compañía de Matt Damon, Anne Hathaway y Christopher Nolan, a propósito del estreno de LA ODISEA (The Odyssey). El actor recordó que Nolan lo llamó para ofrecerle el papel de Telémaco, hijo de Odiseo y Penélope, interpretados en la película por Damon y Hathaway.
No era una oferta cualquiera.
Cuando Holland regresó a casa, le contó a Zendaya que le habían propuesto participar en una nueva película. Ella quiso saber quién lo había llamado, pero el actor respondió misteriosamente:
– Es el importante.
Zendaya no necesitó más pistas:
– ¿Chris?
Era, efectivamente, Christopher Nolan.
El problema apareció inmediatamente. El rodaje de LA ODISEA estaba programado para comenzar prácticamente al mismo tiempo que la nueva aventura del Hombre Araña, SPIDER-MAN UN NUEVO DÍA (Spider-Man: Brand New Day).
Holland debía elegir entre regresar al traje rojo y azul que lo convirtió en una estrella mundial o incorporarse por primera vez al universo cinematográfico del director de EL ORIGEN, INTERESTELAR y OPPENHEIMER.
Zendaya resolvió el dilema con una frase que, según Holland, fue pronunciada en tono de broma, aunque suficientemente clara:
– Te dejo si no haces LA ODISEA.
Al escuchar la anécdota, Nolan respondió entre risas:
– Bueno, agradécele de mi parte.
Pero aceptar la película no consistía simplemente en llamar a su agente. Holland tuvo que comunicarse con Tom Rothman, presidente de Sony Pictures, y sostener lo que posteriormente describió como una conversación “muy incómoda”: necesitaba que el estudio modificara el calendario de producción de SPIDER-MAN UN NUEVO DÍA para poder rodar primero con Nolan.
Sony terminó aceptando.
Holland considera que la reputación de Nolan ayudó considerablemente. El director es conocido por planear sus producciones con enorme precisión y concluirlas dentro del tiempo previsto. El actor incluso reconoció que, tratándose de cualquier otro cineasta, la conversación quizá habría tenido un resultado muy diferente.
La modificación permitió que Holland interpretara a Telémaco y regresara después como Peter Parker. También hizo posible una curiosa coincidencia: Zendaya forma parte de ambas películas. En LA ODISEA interpreta a Atenea, la diosa griega de la sabiduría; en SPIDER-MAN, vuelve como M.J.
Así, una broma pronunciada en casa terminó alterando el calendario de una de las franquicias más importantes del mundo.
No sabemos si Zendaya realmente habría cumplido su amenaza. Probablemente no.
Pero Tom Holland decidió no averiguarlo.
Después de todo, hay ofertas que ningún actor debe rechazar… especialmente cuando vienen de Christopher Nolan y cuentan con la muy convincente aprobación de su esposa.
Fuentes: entrevista original de Tommy McArdle y Andrea Mandell para People, publicada el 15 de julio de 2026; información complementaria de Amanda Goh para Business Insider, publicada el 16 de julio de 2026.
RESEÑAS DE LA ODISEA
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No todas las salas de cine son iguales, aunque todas vendan palomitas.
Una película como LA ODISEA, de Christopher Nolan, no está pensada sólo para “verse”; está pensada para sentirse grande. Y ahí es donde entra la diferencia entre verla en una sala tradicional y verla en una sala IMAX Láser.
En una sala digital común, la película se puede ver bien. La imagen es correcta, el sonido cumple y uno entiende perfectamente la historia. Pero en IMAX Láser la experiencia sube varios escalones: la pantalla suele ser más grande, la imagen tiene más brillo, mejor contraste, colores más firmes y un sonido más envolvente. En pocas palabras: no sólo ves el viaje de Odiseo; sientes que el mar, los monstruos y los dioses te quedan más cerca.
Ahora, pongámoslo en términos sencillos. Muchas salas tradicionales proyectan en digital 2K, que equivale aproximadamente a una imagen de 2048 por 1080 pixeles. IMAX Láser, en cambio, trabaja con proyección 4K, es decir, alrededor de 4096 por 2160 pixeles. ¿Qué significa eso para el espectador? Que la imagen puede tener hasta cuatro veces más información visual. Es como comparar una foto buena en el celular con una imagen mucho más grande, más limpia y con más detalle. En una pantalla chica quizá no se nota tanto, pero en una pantalla enorme, como la de una sala IMAX, esa diferencia ayuda a que los rostros, paisajes, texturas, mares, cielos y escenarios se vean más definidos.
Pero la resolución no lo es todo. IMAX Láser también gana por luz y contraste. En una sala común, una escena oscura puede verse apagada o plana. En una buena sala IMAX Láser, los negros suelen tener más profundidad, las zonas brillantes destacan más y la imagen conserva mejor su fuerza. Esto importa mucho en una película de aventuras épicas, donde no sólo queremos saber que hay un barco en el mar: queremos sentir el tamaño del mar.
Nolan filmó LA ODISEA con cámaras IMAX, es decir, pensando en pantallas gigantes desde el origen. Por eso, cuando una película así llega a una sala IMAX, no es un simple lujo: es acercarse más a la forma en que fue imaginada.
¿Significa que en una sala tradicional se verá mal? No. Pero es como ver un mural en una foto o pararte frente al mural. La historia es la misma, pero el impacto cambia.
En México, lo más probable es que podamos verla en IMAX digital o IMAX Láser, no en el rarísimo IMAX de película de 70 mm que tanto aman los puristas. Aun así, IMAX Láser es una excelente opción: más nítida, más luminosa y más inmersiva que una sala convencional.
Así que si vas a ver LA ODISEA, la recomendación CINESAURIO es clara: si puedes elegir, busca una sala IMAX Láser. Porque hay películas que uno va a ver… y hay otras que conviene dejar que lo traguen a uno por completo.
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Hay directores que estrenan películas. Y hay otros, muy pocos, que estrenan acontecimientos.
Christopher Nolan pertenece a esa especie cada vez más rara dentro de Hollywood: el cineasta cuyo nombre ya no funciona únicamente como crédito artístico, sino como promesa de experiencia. Cuando se anuncia una nueva película suya, la conversación no gira solo alrededor del argumento, el reparto o el tráiler. La pregunta aparece casi de inmediato: ¿cómo habrá que verla?
Con LA ODISEA, su nueva adaptación del poema épico de Homero, Nolan vuelve a demostrar que ha conseguido algo que muchos estudios persiguen con franquicias, universos compartidos y campañas millonarias: convertir cada estreno en una cita obligada para el público cinéfilo.
La película, prevista para estrenarse en los cines de todo México este jueves 16 de julio, ha sido presentada por Universal como una epopeya filmada con cámaras IMAX, con un reparto encabezado por Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya y Charlize Theron. Pero la pregunta interesante no es solo qué va a contar Nolan, sino cómo logra que ¡una historia de hace casi tres mil años se sienta como uno de los estrenos más esperados del año!
La respuesta empieza con una palabra: CONFIANZA
Nolan ha construido una relación poco común con el público. Sus películas suelen prometer algo más que entretenimiento pasajero. Ofrecen espectáculo, complejidad narrativa y ambición formal. Desde Memento hasta El origen, desde Dunkerque hasta Oppenheimer, su cine invita al espectador a entrar en una experiencia donde no todo se entrega masticado. Hay que mirar, escuchar, pensar, ordenar, completar. Nolan no trata al público como consumidor distraído, sino como cómplice activo que hace la película con él.
Esa confianza se volvió todavía más evidente con Oppenheimer. Sobre el papel, no parecía el material más obvio para convertirse en fenómeno masivo: una película de tres horas, sobre el padre de la bomba atómica, cargada de diálogo, política, dilemas morales y tensión histórica. Sin embargo, terminó recaudando más de 975 millones de dólares a nivel mundial. Ese resultado confirmó algo poderoso: Nolan puede llevar al gran público hacia territorios que, en manos de otro director, quizá se considerarían “difíciles”.
Su nombre funciona como puente entre el cine de autor y el cine-evento. Entre la sala de arte y el blockbuster. Entre la reflexión y las palomitas.
Otro elemento clave es su defensa casi militante de la experiencia cinematográfica. En una época en la que muchas películas parecen diseñadas para sobrevivir en una pantalla de celular, Nolan insiste en lo contrario: la sala importa, el formato importa, el sonido importa, el tamaño de la imagen importa. No vende solamente una historia: vende una forma de verla.
Ahí está una de sus grandes habilidades como comunicador. Nolan ha logrado que conceptos técnicos -IMAX, 70 mm, película física fotoquímica, formatos de proyección- se vuelvan parte de la conversación popular. El espectador promedio quizá no pueda explicar con precisión las diferencias entre cada formato, pero sí entiende la idea central: “esta película hay que verla como fue concebida”. Eso transforma la compra de un boleto en algo más parecido a asistir a un concierto, una final deportiva o una función irrepetible.
Y aquí aparece otro secreto de Nolan: sabe escoger temas enormes.
Sus películas suelen girar alrededor de obsesiones gigantescas: el tiempo, la memoria, la identidad, la culpa, el sacrificio, la guerra, la ciencia, el destino. Incluso cuando parte de una premisa íntima, termina abriendo una puerta hacia algo mucho más grande. Interestelar no es solo un viaje espacial; es una historia sobre el amor, la supervivencia y el futuro de la humanidad. Dunkerque no es solo una película bélica; es una experiencia de angustia colectiva. Oppenheimer no es solo una biografía; es el retrato de un hombre aplastado por las consecuencias de su genio.
LA ODISEA parece encajar perfectamente en esa línea. El regreso de Ulises a casa después de la guerra de Troya no es únicamente una aventura mitológica. Es una historia sobre identidad, tentación, pérdida, resistencia, memoria y destino. En otras palabras: material Nolan por naturaleza.
El director también entiende muy bien el valor del misterio. A diferencia de muchas campañas actuales que parecen revelar media película antes del estreno, Nolan administra la información con cautela. Sus tráileres sugieren más de lo que explican. Sus entrevistas alimentan la expectativa sin vaciar la sorpresa. Y sus proyectos se rodean de una sensación de secreto que funciona como combustible promocional.
En un ecosistema saturado de avances, filtraciones, clips, teorías y reacciones instantáneas, el silencio parcial se vuelve una forma de lujo. Nolan no necesita explicar demasiado porque su marca ya instaló una pregunta en el público: “¿Qué estará preparando ahora?”
A eso se suma el reparto. Nolan no solo convoca estrellas; las integra en proyectos que parecen exigirles algo distinto. Actores muy reconocibles entran a su universo con la promesa de formar parte de una obra mayor. En LA ODISEA, nombres como Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya y Charlize Theron no son únicamente atractivos para el cartel; son piezas de una maquinaria de expectativa global.
Pero quizá lo más interesante es que Nolan ha logrado convertir su defensa del cine tradicional en una idea moderna. Mientras la industria se obsesiona con algoritmos, plataformas, procesos digitales que abaraten costos y productos que sean para consumo inmediato, Nolan habla de negativos, proyectores, pantallas gigantes y funciones colectivas. Su cine mira hacia adelante, pero rescata una liturgia antigua: entrar a una sala oscura, guardar silencio y dejarse envolver por una imagen más grande que uno mismo.
Eso conecta con el público que todavía considera que «el cine compartido, es más divertido.» Para muchos espectadores, ir a ver una película de Nolan no es simplemente “ir al cine”; es participar en un ritual. Elegir sala, buscar el mejor formato, comprar boletos con anticipación, evitar spoilers, llegar temprano. Todo eso forma parte del acontecimiento.
Y en tiempos de streaming, esa es una victoria cultural, y más si consideramos que hoy las series son como “el canto de las sirenas” que busca atrapar y quedarse con el mayor número de espectadores.
Hollywood ha intentado fabricar acontecimientos a partir de franquicias, cameos y escenas postcréditos. Nolan lo hace desde otro lugar: desde la autoría. Su nombre es la franquicia. Su estilo es el universo. Su promesa no depende de superhéroes ni de juguetes conocidos, sino de una idea cada vez más escasa: todavía hay directores capaces de convocar multitudes por la fuerza de su mirada.
Por eso cada estreno suyo domina la conversación. Porque mezcla prestigio y espectáculo. Porque convierte la técnica en narrativa. Porque hace que el formato sea parte de la emoción. Porque sabe vender misterio sin regalar la película. Y porque, en el fondo, nos devuelve una sensación que el cine no debería perder nunca: la expectativa.
La pregunta entonces no es solamente cómo logra Nolan convertir cada estreno en un acontecimiento.
La verdadera pregunta es otra: ¿Por qué tan pocos directores -como el mismo Nolan y un Steven Spielberg- pueden hacerlo todavía?
Tal vez porque Nolan entendió algo que Hollywood a veces olvida: el público no solo quiere contenido. Quiere motivos para salir de casa. Quiere una experiencia. Quiere sentir que está frente a algo que no puede reducirse a una ventana más en la pantalla. Quiere historias que parezcan grandes, no solo por su presupuesto, sino por la ambición con que están contadas.
Y si LA ODISEA confirma lo que promete, Christopher Nolan habrá hecho algo muy suyo: tomar una de las historias más antiguas de la humanidad y convertirla, otra vez, en una noticia de primera plana.
Porque al final, Ulises no será el único que emprenda el viaje de regreso.
También lo hará el público (a los cines).
Y ese, precisamente, es el verdadero acontecimiento.
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Es una invitación a confrontar la realidad matrimonial que hoy viven muchas parejas con varios años de casados, en donde el desgaste de la relación ya es tan severo que está a punto del colapso.
Angela, esposa de Joe, invita a cenar una noche a sus vecinos de arriba sin que su marido se entere hasta esa misma tarde. Angela no invita a los vecinos de arriba sólo por deseo sexual. Los invita porque representan algo que su matrimonio ya no tiene: mayor juventud, riesgo, espontaneidad, eros, juego, posibilidad. Joe puso su pasado bajo candado, tiró la llave y, aunque no le gusta su presente, está paralizado en su frustración. Angela, por su parte, está insatisfecha y ávida de nuevas emociones que le soplen al fuego de su vida atrapada en un departamento.
El detalle de que sean los vecinos de arriba tiene una lectura simbólica: son “los de arriba” en el sentido de lo aspiracional, lo idealizado, la vida que parece más libre, más luminosa o más intensa que la propia.
Edward Norton (Hawk) y Penélope Cruz (Pina)
La pareja de Pina y Hawk, los de arriba, llega literalmente con un menú de opciones nuevas, insólitas, sumamente atrevidas; para otros, inaceptables, pero al menos para ellos atractivas. Eso hace que la película sea incómodamente amoral en la superficie, pero moral en el fondo, sin ser moralizante. No te sermonea, no castiga de forma obvia, no te dice “esto está bien” o “esto está mal”. Pero sí pone sobre la mesa una pregunta muy seria: ¿Qué queda de una pareja cuando ya no hay deseo, admiración ni conversación honesta?
La película desencadena más preguntas que respuestas. Los de abajo parecen sucumbir a la tentación de una oferta que los obliga a preguntarse interiormente: ¿De verdad es posible todo esto?
La película resulta, a fin de cuentas, una autopsia del desgaste conyugal.
El guion está cerca de ser excelente, con algunos hoyos, pero aun así te atrapa de inmediato con una narrativa vertiginosa que compensa el hecho de haber sido filmada casi en un solo interior, como si fuera un escenario teatral que permite ver el drama de una vida que, para no volverse trágica, se convierte en comedia.
Las actuaciones del cuarteto son excelentes. Seth Rogen está como nunca. Penélope Cruz aparece arrebatadoramente atractiva y seductora, como la serpiente del paraíso. Edward Norton es un bombero retirado que ahora apaga otros fuegos. Y Olivia Wilde hace de Angela una mujer que parece abrir una ventana y descubrir que afuera hay más mundo y otra luz.
La Directora Olivia Wilde revisa una toma de LA INVITACIÓN
Pero el principal logro de la propia Olivia Wilde está en la dirección de la película. Sabe lo que quiere hacer y decir, y lo hace y lo dice con claridad y eficacia. La cinematografía está de lujo y esconde varios “huevitos de pascua” que debes encontrar.
Alerta: LA INVITACIÓN (The Invite)es una película muy fuerte, no porque tenga escenas gráficas o explícitas, sino por su tema, por lo que te hace cuestionarte y por la incomodidad que deja flotando cuando termina.
Ya en cines. Sólo para adultos.
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🎥 El poder de Christopher Nolan para llevar el público a los cines no tiene igual entre los directores de nuestro tiempo. Ya hizo historia con ‘OPPENHEIMER’ y ahora quiere ir un paso más allá con ‘LA ODISEA’, su nueva película y también la más cara de toda su carrera con un presupuesto de 250 millones de dólares…
Aún faltan unos días para el estreno en los cines mexicanos de ‘LA ODISEA’ el próximo 16 de julio, pero por fin tenemos las primeras impresiones de varios críticos que ya han tenido la oportunidad de verla durante su estreno mundial en Londres. Y la están poniendo por los nubes, asegurando que es una de las mejores películas del año, pero es que hay quien incluso la sitúa como la obra cumbre de Nolan…
Son muchos los aspectos que se están destacando, hasta el punto de que fácilmente hay una docena de actores cuyo trabajo está siendo alabado con mucha fuerza. También se incide en su épica escala y en la determinación de Nolan a la hora de abrazar el elemento sobrenatural de la historia…
‘La odisea’ de Christopher Nolan es un triunfo absoluto y la mejor película de uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo. Parece que todo el trabajo que Nolan ha estado realizando con IMAX culmina aquí.
El reparto es estelar, y de alguna manera todos tienen la oportunidad de brillar. Anne Hathaway está increíble, Matt Damon está excelente y Tom Holland sigue demostrando que puede hacer prácticamente cualquier cosa. Pero Robert Pattinson se robó el show para mí. Es tan astuto, manipulador e infinitamente entretenido de ver. Pattinson se entrega por completo a la villanía del personaje, y el resultado es una de mis interpretaciones favoritas suyas. Mira, es el evento cinematográfico imperdible del verano, y posiblemente del año. ¡Estoy deseando volver a verla!
‘La Odisea’ de Christopher Nolan es INCREÍBLE. Estoy realmente impresionado por esta película. Todo, desde las actuaciones impecables hasta la forma en que Nolan abraza lo sobrenatural, es simplemente perfecto. Si pueden, VÉANLA EN IMAX 70 mm. Es una experiencia impresionante. Se verá genial en cualquier lugar, pero IMAX 70 mm es la mejor opción.
LA ODISEA es una obra maestra. Cuenta con escenas espectaculares e incluso aterradoras que dan la sensación de que Christopher Nolan ha abrazado por completo los horrores de la mitología griega. Sin embargo, la forma en que recontextualiza la historia con buen gusto para la actualidad es lo que me ha dejado pensando.
La Odisea: una continuación sorprendentemente natural (y menos desesperanzadora) de Oppenheimer sobre un hombre atormentado por desafiar a los dioses y condenar a la civilización —este lucha por vengar su propio orgullo desmedido. IMAX obviamente inmenso. Demasiado torpe para ser de la categoría S de Nolan, pero el acto final recompensa el viaje.
LA ODISEA es tan épica como su material original, con ese nivel de chispa de Christopher Nolan que la hace algo especial. Es una historia de amor y pérdida que te lleva en un viaje bastante intenso, solo de la manera que Nolan sabe hacer. Impresionante, audaz y perfecta.
La Odisea de Christopher Nolan es una colosal historia de mito de origen sobre el desencanto de posguerra y la pérdida de la inocencia presenciada por los muertos.
Mis altas expectativas se cumplieron con la impresionante montura de The Odyssey de Chris Nolan en IMAX 70 mm. Matt Damon podría ganar el premio al Mejor Actor y una pléyade de actores secundarios y nominaciones le seguirán. La rival a batir a mejor película en los Óscar.
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“LA INVITACIÓN”, ES UNA TENSA COMEDIA SOBRE EL AMOR, EL DESEO Y LA COMPLEJIDAD DE LAS RELACIONES
Olivia Wilde, Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton protagonizan esta provocadora comedia que llegará a los cines de México mañana miércoles 08 de julio.
Tras conquistar al público con Booksmart y sorprender con No te preocupes, cariño, Olivia Wilde regresa a la pantalla grande consolidándose como directora con La Invitación (The Invite), una propuesta inteligente, irreverente y profundamente divertida que explora las contradicciones, inseguridades y fantasías que experimentan las relaciones modernas.
Olivia Wilde dirige y actúa en ‘LA INVITACIÓN‘
La trama sigue a Joe y Angela, una pareja cuya relación está en la cuerda floja y esa noche podría ser el momento en que todo se desmorone definitivamente. Sin embargo, sus excéntricos vecinos están a punto de llegar a cenar y todo lo que puede salir mal está destinado a terminar mucho peor.
Esta reunión se transformará en una noche de confesiones, tensiones y revelaciones inesperadas. Entre malentendidos, conversaciones incómodas y una tensión que no deja de escalar, La Invitación encuentra humor en los momentos más incómodos de la convivencia.
Adaptada por Rashida Jones y Will McCormack a partir de la exitosa película española Sentimental, la cinta encuentra en Olivia Wilde una mirada fresca y sofisticada que convierte una reunión entre vecinos en una divertida radiografía de la vida en pareja.
Con diálogos afilados, actuaciones memorables y situaciones tan incómodas como hilarantes, La Invitación confirma la evolución de Wilde como directora y ofrece una de las propuestas más provocadoras y entretenidas del año. Después de debutar en Sundance Film Festival: CDMX 2026 y ser la película más exitosa de la tercera edición del festival, finalmente se anuncia su llegada a salas de cine de todo el país el próximo 08 de julio.
EL CONSENSO EN ‘ROTTEN TOMATOES’
«Con un humor perverso que, a la vez, ofrece a su cuarteto de excelentes actores algunos de sus mejores papeles hasta la fecha, The Invite es una farsa sofisticada que reafirma a Olivia Wilde como una de las cineastas más interesantes de la actualidad.«
¡Los TOP Critics de ROTTEN TOMATOES le dan un 98% de aceptación!
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