¡DON ALFREDO ERA UN FISGÓN!

Era un gran observador de la conducta humana, y qué mejor prueba que LA VENTANA INDISCRETA (Rear Window): Hitchcock sabía que todos miramos… aunque nos hagamos los muy decentes.

Por Andrés Bermea y Mr. Chips

Hoy 13 de agosto, el hombre de la redonda figura, el perfil inconfundible y la mirada de quien ya sabía dónde estaba escondido el cadáver, cumpliría 127 años. Su nombre: Alfred Hitchcock, aunque para la historia del cine bien podría ser simplemente Don Alfredo, señor del suspenso, maestro de la sospecha y gran fisgón profesional.

Fisgón, sí, pero con clase y con propósito.

Porque Hitchcock no miraba por mirar. Observaba. Estudiaba. Esperaba. Se asomaba -metafóricamente, claro- por la rendija de la conducta humana para descubrir qué hacemos cuando creemos que nadie nos ve. Y luego, con toda la elegancia británica del mundo, convertía esa curiosidad en cine.

Por eso su importancia va mucho más allá de haber dirigido películas famosas. Hitchcock no sólo hacía thrillers. Construía trampas emocionales. Nos sentaba cómodamente en la butaca, nos daba palomitas, apagaba la luz… y luego nos decía al oído: “Mira bien, porque aquí algo no está en su lugar”.

Y claro, uno miraba.

Ahí está LA VENTANA INDISCRETA (Rear Window), quizá su confesión más descarada. Un hombre inmóvil, mirando a sus vecinos desde su departamento, convierte el chisme vecinal en arte cinematográfico. Hitchcock sabía que todos tenemos un pequeño detective doméstico por dentro. Ese que oye un ruido raro y dice: “No me importa… pero voy a ver”. Ese que no se mete en vidas ajenas… Bueno,nomás tantito.

Pero su genio no estaba sólo en el tema. Estaba en la forma.

Hitchcock entendió que el suspenso no depende necesariamente del susto, sino de la espera. Si una bomba explota sin avisar, el público se sorprende. Pero si el público sabe que hay una bomba debajo de la mesa y los personajes siguen platicando como si estuvieran en café de señoras, entonces cada segundo se vuelve insoportable. Esa era su especialidad: no aventarnos el miedo encima, sino cocerlo a fuego lento.

Como buen gourmet -y él de comida sabía bastante-, Hitchcock no servía el suspenso crudo. Lo marinaba. Lo sazonaba. Lo dejaba reposar. Y cuando ya nos tenía con los nervios al punto exacto, entonces sí: cuchillito, sombra, escalera, ventana, tren, motel o pájaros desquiciados.

Su cine tiene algo muy particular: convierte lo cotidiano en amenaza. Una ducha puede volverse pesadilla.

Una carretera, persecución. Una ventana, tentación. Un motel de carretera, trampa. Un ramo de flores, sospecha. Una mujer elegante, misterio. Y si además era rubia, mejor todavía.

Porque sí: Don Alfredo tenía una fascinación muy conocida por las rubias. Pero no por cualquier rubia. Le interesaban esas mujeres impecables por fuera y enigmáticas por dentro: frías en apariencia, elegantes, controladas, pero capaces de esconder una tormenta completa detrás de una mirada.

Grace Kelly, Kim Novak, Tippi Hedren, Eva Marie Saint y hasta Ingrid Bergman… en su cine, la rubia no era adorno: era laberinto.

Y ahí vuelve a aparecer su verdadera grandeza: Hitchcock sabía que el peligro no siempre grita. A veces sonríe. A veces se peina perfecto. A veces toma té. A veces entra a cuadro como si nada, mientras la música y la cámara nos avisan que más vale no confiarse.

También fue un maestro de la cámara. Para él, la cámara no era una grabadora obediente. Era cómplice, testigo, acusadora y, muchas veces, fisgona también. Nos hacía mirar desde donde no deberíamos, saber lo que un personaje ignora, sospechar antes de tiempo o sentir culpa por estar disfrutando demasiado aquello que no tendríamos derecho a mirar.

DE ENTRE LOS MUERTOS (Vertigo)

En DE ENTRE LOS MUERTOS (Vertigo), la obsesión se vuelve abismo. En INTRIGA INTERNACIONAL (North By Northwest) y EN MANOS DEL DESTINO (The Man Who Knew Too Much) un hombre común acaba metido en una conspiración que no pidió, como quien se equivoca de fila y termina perseguido por medio mundo. En PSICOSIS (Psycho), Hitchcock cambió las reglas a media película y nos enseñó que nadie está a salvo, ni siquiera la protagonista… ni siquiera en la regadera. Sobre todo en la regadera.

Ese es otro punto clave: Hitchcock jugaba con nuestras expectativas. Cuando creíamos saber por dónde iba la película, él nos movía el tapete. Cuando esperábamos una explicación, nos daba una mirada de jugador de póker. Cuando queríamos alivio, nos apretaba un poquito más la cuerda. Y cuando ya estábamos demasiado tensos, soltaba una pizca de humor negro, como diciendo: “Tranquilos, esto también me divierte”.

Su contribución al cine mundial está ahí: en haber perfeccionado el lenguaje del suspenso moderno. El falso culpable, el objeto misterioso que todos persiguen -el famoso MacGuffin-, la información que el público sabe antes que los personajes, el crimen elegante, la tensión psicológica, el humor oscuro, la cámara subjetiva, el montaje como instrumento de ansiedad.

Todo eso sigue vivo en películas, series, thrillers políticos, historias de espionaje y hasta en relatos cotidianos donde alguien sospecha que el vecino no anda en buenos pasos.

Con PSICOSIS Inventó la alerta de Spoiler y le decía al público como ver su cine

Y aunque muchas veces se le recuerda como “el maestro del suspenso”, Hitchcock fue también un extraordinario director de espectadores. Sabía cómo respiramos frente a una escena, cuándo nos adelantamos, cuándo cerramos los ojos y cuándo, aunque nos dé vergüenza admitirlo, queremos seguir viendo más.

Por eso su cine sigue vigente.

Podrán cambiar los ritmos, las tecnologías, los efectos visuales y las plataformas. Pero seguimos siendo los mismos bichos curiosos de siempre. Seguimos mirando por ventanas reales o digitales. Seguimos sospechando. Seguimos queriendo saber qué hay detrás de la puerta cerrada, quién miente, quién esconde algo y por qué esa música se puso tan inquietante.

Hitchcock entendió que el cine entra por los ojos, pero se queda trabajando en la nuca.

Y quizá por eso nunca se ha ido del todo. Cada vez que una película nos hace mirar donde no debemos, cada vez que una cámara convierte un pasillo en amenaza, cada vez que el silencio pesa más que un grito, ahí anda Don Alfredo, redondito, elegante, haciendo gala de su humor en cada uno de sus famosos “cameos”; irónico, acomodándose la corbata y diciendo: “Yo les avisé”.

Así que hoy en CINESAURIO celebremos a Hitchcock no sólo como un director famoso, sino como uno de los grandes arquitectos del lenguaje cinematográfico.

El hombre que hizo del miedo una coreografía.
Del suspenso, una ciencia.
Del fisgoneo, una obra de arte.

Y del espectador, su cómplice favorito.



¡MAMÁ! ¡HAY UN DINOSAURIO EN EL PATIO!

EL FINAL DE LA CALLE OAK llega a México con aroma a 1982: vecindarios tranquilos, familias en crisis y una amenaza prehistórica que revela que, a veces, el monstruo no solo está fuera de casa.

Por Andrés Bermea y Mr. Chips

Mañana jueves 13 de agosto llega a los cines de México EL FINAL DE LA CALLE OAK (The End of Oak Street), una película que a primera vista parece vendernos una premisa irresistible: una calle residencial, una familia en crisis, un extraño evento cósmico… y dinosaurios. Sí, dinosaurios. Porque cuando la vida familiar se pone complicada, Hollywood siempre puede empeorarla con una criatura prehistórica en el jardín.

La cinta está escrita y dirigida por David Robert Mitchell, el mismo realizador de ESTÁ DETRÁS DE TI (It Follows) y EL MISTERIO DE SILVER LAKE (Under the Silver Lake), y es producida por J. J. Abrams. El reparto lo encabezan Anne Hathaway e Ewan McGregor. La premisa plantea que un misterioso evento cósmico arranca la calle Oak de su entorno habitual y transporta a todo el vecindario a un lugar desconocido, obligando a la familia Platt a mantenerse unida para sobrevivir.

Pero lo interesante no está solamente en los dinosaurios. Lo interesante está en el vecindario.

La historia se ubica en los años ochenta -algunas reseñas la sitúan específicamente en 1982-, y ese dato abre una puerta muy sabrosa. Porque 1982 no fue cualquier año para el cine fantástico. Ese año se estrenaron dos películas fundamentales para entender cómo Hollywood convirtió la vida doméstica en territorio de asombro y amenaza: E.T. EL EXTRATERRESTRE (E.T. the Extra-Terrestrial) y POLTERGEIST: JUEGOS DIABÓLICOS (Poltergeist).

En E.T. lo imposible llega al patio de una casa común. En POLTERGEIST, el horror entra por la televisión, ese altar luminoso de la sala familiar. Las dos películas hicieron algo enorme: demostraron que la aventura ya no necesitaba castillos, galaxias lejanas o mansiones góticas. Bastaba un vecindario tranquilo, una calle silenciosa, una familia aparentemente normal… y algo raro detrás de la puerta o en la sala de la casa.

Ahí parece colocarse EL FINAL DE LA CALLE OAK (The End of Oak Street). La diferencia es que aquí no entra un monstruo a la casa: la casa, la calle y el vecindario entero son arrancados de su realidad. Es como si la tranquilidad residencial -con sus jardines, sus cocheras, sus vecinos saludando desde la banqueta- fuera levantada del suelo y arrojada a un mundo donde la cortesía vecinal ya no sirve de mucho frente a un dinosaurio con hambre.

Y entonces aparece el ángulo más interesante: el vecindario como jaula.

Porque un vecindario puede parecer refugio, pero también puede ser encierro. En esas calles perfectamente ordenadas se guardan frustraciones, matrimonios cansados, silencios familiares, sueños pospuestos y esa sensación de que la vida ya decidió por uno. Algunas reseñas han señalado precisamente a Denise, el personaje de Anne Hathaway, como una ama de casa frustrada o desencantada dentro de ese mundo doméstico aparentemente estable.

Por eso los dinosaurios pueden ser el espectáculo, pero no necesariamente el tema. El verdadero monstruo quizá no está solo afuera, rugiendo entre los árboles. También puede estar dentro: en lo que una familia no se dice, en lo que una madre quiere ser y no ha podido, en lo que un vecindario oculta debajo del pasto bien cortado.

David Robert Mitchell ya había demostrado en ESTÁ DETRÁS DE TI que sabe convertir un miedo abstracto en algo físico, cotidiano, casi inevitable. Y en EL MISTERIO DE SILVER LAKE jugó con la paranoia, los códigos ocultos y la sensación de que el mundo aparentemente normal esconde otra cosa.

Ahora, con EL FINAL DE LA CALLE OAK, Mitchell parece entrar al terreno del gran espectáculo, pero sin abandonar del todo su obsesión por lo invisible: aquello que persigue, aquello que se oculta, aquello que convierte la normalidad en amenaza.

También hay una sombra inevitable: la de PARQUE JURÁSICO (Jurassic Park), otra película donde los dinosaurios no son solo atracción, sino advertencia. Pero mientras Spielberg llevó al público a una isla diseñada para exhibir criaturas imposibles, Mitchell parece hacer lo contrario: traer lo imposible al vecindario, al lugar donde supuestamente nada debía pasar.

Y quizá por eso la premisa funciona. Porque todos entendemos esa fantasía inquietante: ¿Qué pasaría si un día nuestra calle, nuestra casa, nuestra rutina y nuestros pendientes quedaran atrapados en un lugar donde ya no sirven las reglas de siempre?

Los ochenta nos enseñaron que lo extraordinario podía aparecer en una recámara infantil, en una televisión encendida o en un cobertizo del patio. EL FINAL DE LA CALLE OAK actualiza esa advertencia con humor, aventura y dientes muy grandes.

Cuidado con desear que algo emocionante pase en el vecindario.

A veces pasa.

Y se lleva toda la cuadra.





LOS GATOS TAMBIÉN VAN AL CINE…

Y ARAÑAN LA TAQUILLA

Por el equipo editorial de Cinesaurio

En una cartelera dominada por superhéroes, epopeyas mitológicas y grandes campañas de mercadotecnia, apareció un competidor inesperado: los gatos.

CatVideoFest 2026, una recopilación de 74 minutos con videos de gatos seleccionados de Internet, se coló al Top 10 de la taquilla estadounidense durante el fin de semana. La película recaudó $568,414 dólares en 255 salas, con un promedio de $2,229 dólares por pantalla, superando a títulos que, en teoría, sonaban mucho más “importantes”, como una biopic de Anthony Bourdain y un documental producido por Meghan Markle y el príncipe Harry.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo puede una colección de videos de gatos -eso que cualquiera puede ver gratis en el celular mientras finge trabajar- llevar gente a una sala de cine?

La respuesta está, precisamente, en la sala.

CatVideoFest no vende solamente videos de gatos. Vende una experiencia colectiva: reírse con desconocidos, reaccionar juntos, escuchar carcajadas alrededor y convertir algo diminuto, doméstico y viral en un pequeño evento comunitario. En otras palabras: toma lo más solitario de Internet y lo transforma en algo compartido.

El concepto no es improvisado. CatVideoFest 2026 es presentado por Oscilloscope Laboratories como una compilación de los mejores y más recientes videos felinos, seleccionados entre muchas horas de envíos, animaciones, videos musicales y clásicos de Internet.

Además, varias funciones del festival suelen tener un componente benéfico o vínculo con refugios y causas relacionadas con gatos, lo que le da al asunto una capa simpática: uno entra a ver gatos haciendo travesuras y, de paso, puede apoyar a gatos reales.

El éxito también dice algo interesante sobre el cine actual. No todo lo que funciona en pantalla grande necesita explosiones, multiversos o presupuestos imposibles. A veces basta una buena curaduría, una idea clara y una comunidad dispuesta a compartir la risa.

Porque, aceptémoslo, Internet nos acostumbró a ver gatos solos. En la cama, en el camión, en la oficina, en horarios moralmente cuestionables. Pero el cine recuerda que hasta la tontería puede volverse celebración cuando se ve acompañado.

Así que mientras Spider-Man se columpia por la taquilla y Odiseo navega mares épicos, los gatos hicieron lo suyo: entraron sigilosos, se acomodaron en el sillón… y arañaron un pedacito de Hollywood.

Al final, el cine tiene muchas vidas.

Y, al parecer, también tiene siete.


Te invito a ver también…



PELÍCULAS A LAS QUE URGE SE LAVEN LA BOCA CON JABÓN

Hay películas que no necesitan censura: necesitan cepillo dental, enjuague bucal y una barra de jabón Zote.

Hoy, en LAS PELÍCULAS CON MÁS…, vamos con esas cintas a las que urge lavarles la boca con jabón. No por violentas, sino por malhabladas y léperas.



LA BATALLA QUE COMENZÓ MIRANDO AL CIELO

Antes de dispararse el primer tiro, hubo que librar una batalla contra la incertidumbre.

Por Andrés Bermea

Desde el comienzo, PRESSURE: ‘EL DÍA D BAJO PRESIÓN’ hace una afirmación que llama la atención: ésta es una historia real. No dice solamente “basada” o “inspirada” en hechos verdaderos. Y, en lo esencial, tiene razón.

James Stagg existió. Fue el meteorólogo encargado de asesorar al general Dwight D. Eisenhower ante una de las decisiones militares más trascendentes de la Segunda Guerra Mundial. La película comprime tiempos y dramatiza algunas relaciones y enfrentamientos, pero el dilema fundamental que presenta ocurrió realmente.

Para entender la magnitud de esa decisión hay que situarnos en junio de 1944. Francia llevaba cuatro años bajo la ocupación de la Alemania nazi y los Aliados -principalmente Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá, acompañados por fuerzas de la Francia Libre y de otros países aliados- necesitaban abrir un gran frente occidental: cruzar el Canal de la Mancha, desembarcar un enorme ejército en Normandía, establecer una cabeza de playa y comenzar desde ahí la liberación de Francia y el avance hacia Alemania.

La Operación Overlord no podía ser simplemente un ataque más. Había miles de soldados preparados, barcos, aviones, armamento y meses de planificación detrás de ella. Pero todo dependía de algo que ningún general podía controlar: encontrar el momento adecuado para atacar. Una decisión equivocada podía convertir aquella gigantesca operación en una catástrofe.

Y EL DÍA D BAJO PRESIÓN tiene la inteligencia de colocarnos no tanto entre quienes van a combatir, sino junto al hombre que deberá decidir cuándo enviarlos.

Brendan Fraser es un magnífico Eisenhower

Pensemos por un momento como Eisenhower.

¿Cuál es la situación que enfrento? Tengo preparada una operación militar de dimensiones nunca vistas que depende de que fuerzas terrestres, navales y aéreas actúen prácticamente al mismo tiempo. ¿Quiénes son mis enemigos? El ejército alemán, desde luego, pero también el secreto que puede descubrirse, el tiempo que se agota, las opiniones contradictorias y algo contra lo que ningún general puede disparar: el clima.

¿Qué debo considerar? El viento, el oleaje, la visibilidad, las nubes, las mareas. Un mar demasiado bravo puede convertir las lanchas de desembarco en trampas; las nubes pueden impedir el apoyo aéreo; el viento puede dispersar a los paracaidistas y una mala combinación de condiciones puede desarticular una operación cuidadosamente planeada durante meses. Una invasión anfibia obliga a coordinar aire, tierra y mar, cada uno con necesidades meteorológicas diferentes.

¿Cuáles son mis recursos? Barcos, aviones, armas, inteligencia, soldados entrenados y una gigantesca estructura militar. Pero para decidir cuándo poner todo eso en movimiento necesito también algo aparentemente mucho más modesto: un pronóstico del tiempo.

En 1944 no existen satélites, modelos computacionales ni el Weather Channel, ni la capacidad tecnológica actual para observar de manera instantánea lo que ocurre sobre todo el Atlántico. Los meteorólogos trabajan con información limitada, frecuentemente vieja y, para complicar todavía más las cosas, no todos interpretan esos datos de la misma manera.

Andrew Scott como el «Capitán James Stagg» Una película de Focus Features. Créditos: Alex Bailey/Focus Features/StudioCanal © 2026 All Rights Reserved.

Ahí comienza verdaderamente EL DÍA D BAJO PRESIÓN.

James Stagg, interpretado espléndidamente por Andrew Scott, debe transformar ciencia e información imperfecta en una recomendación que puede afectar la vida de miles de hombres. Frente a él, Eisenhower -un Brendan Fraser (¡Insuperable!! Le anticipo nominación al Óscar) contenido, humano y cargado de responsabilidad- debe decidir a quién escuchar.

Y nosotros quedamos atrapados exactamente ahí.

¿Quién tiene razón? ¿Qué tan confiable puede ser una predicción meteorológica bajo esas condiciones? ¿Es más peligroso avanzar o esperar? ¿Cuánto puede retrasarse una operación de semejante magnitud sin perder la sorpresa? ¿Y cómo se toma finalmente una decisión cuando ninguna alternativa garantiza el éxito?

Ésa es la gran virtud de la película: conocemos históricamente el Día D, pero PRESSURE: EL DÍA D BAJO PRESIÓN consigue hacernos sentir que todavía no ha sucedido.

Y ahí encontramos también su verdadero tema.

PRESSURE no trata realmente sobre meteorología. Trata sobre tomar decisiones cuando no existe certeza.

El director Anthony Maras ha explicado que le interesaba precisamente ese conflicto: cómo un líder reconoce aquello que no sabe, determina en quién confiar y escucha incluso a quien está diciéndole exactamente lo que no desea escuchar.

Por eso resulta fascinante descubrir que una de las operaciones militares más enormes de la historia no dependió únicamente de generales, soldados, barcos y aviones.

También dependió de hombres mirando mapas, interpretando nubes y tratando de responder una pregunta aparentemente sencilla:

¿Qué va a hacer el cielo?

Y mientras ellos intentan averiguarlo, la película consigue algo admirable: que nosotros también miremos hacia arriba esperando la respuesta.

I a D: Andrew Scott, Brendan Fraser, Kerry Condon, Chris Messina y Damian Lewis Getty/Chad Griffith/Cortesía/Getty/Clint Spaulding

PRESSURE: ‘EL DÍA D BAJO PRESIÓN’ me mantuvo todo el tiempo interesado, muy entretenido, disfrutando de excelentes actuaciones de todo el reparto; una magnífica narrativa del Director Anthony Maras; así como de una cinematografía ejemplar, una edición que le da gran ritmo y una música que nos sumerge en la trama.  ¡La recomiendo!

FUENTES: Me apoyé en el ChatGPT para las consultas de las Fuentes históricas: National WWII Museum; Royal Meteorological Society; Associated Press.





¡FELICES 51 CINEMA ATENEA!

Hubo cines que nacieron con grandes marquesinas, vestíbulos amplios y salas capaces de recibir multitudes. Y hubo otros, más discretos, casi escondidos, que encontraron su lugar dentro de edificios cargados de historia.

Uno de esos casos fue el Cine ATENEA, inaugurado en Monterrey el viernes 8 de agosto de 1975, en Zaragoza y Juan Ignacio Ramón, en pleno centro de la ciudad. Su historia no empieza realmente en 1975, sino mucho antes: en ese mismo predio estuvieron los teatros Juárez y el Independencia, el Cine Rex y luego el Olympia.

El Atenea era parte del mismo edificio.

Pero no era simplemente “otra sala del Olympia”. Tenía su propio acceso, ubicado a la izquierda, y los desplegados de prensa lo anunciaban claramente como una sala “junto al cine Olympia”.

Para entrar al Atenea había que subir a un segundo piso. Ese detalle permite pensar —con prudencia, pero con lógica arquitectónica— que pudo ocupar lo que alguna vez fue el anfiteatro del REX, o algún otro espacio superior del mismo edificio. En cualquier caso, eso le daba una personalidad propia: no era la gran sala de abajo, sino una experiencia más íntima, casi secreta, dentro de un inmueble con pasado cinematográfico.

Y su película inaugural no pudo ser más elegante: AMARCORD, la cinta franco-italiana de 1973, escrita y dirigida por Federico Fellini. La película había ganado el Óscar a la Mejor Película Extranjera, y llegaba al Atenea como carta de presentación de una sala que parecía apostar por un cine distinto, más autoral, más europeo, más de conversación después de la función.

Abrir con Fellini no era cualquier cosa. Amarcord es una película de memoria, nostalgia, humor, fantasía y personajes desbordados. Muy apropiada, curiosamente, para una sala que también parecía vivir entre recuerdos: los del viejo Rex, los del centro de Monterrey y los de una ciudad que todavía conservaba sus cines de calle.

El nombre también tenía lo suyo. Atenea, diosa griega de la sabiduría, las artes y la estrategia, hacía pareja simbólica con Olympia, nombre asociado al mundo clásico y al monte de los dioses. En una misma esquina del centro regiomontano convivían, por unos años, dos nombres de resonancia mitológica: Olympia y Atenea. Muy solemne todo… aunque afuera rugiera el tráfico y uno tuviera que encontrar estacionamiento como pudiera.

El Cine Atenea pertenece a una etapa de transición.

Para mediados de los años setenta, los grandes palacios cinematográficos del centro comenzaban a transformarse. Las enormes salas únicas empezaban a ceder espacio a formatos más pequeños, más flexibles y, en algunos casos, más especializados. La ciudad también estaba cambiando. Años después, muchas de esas construcciones desaparecerían con las obras y demoliciones vinculadas a la Macroplaza.

Por eso, el ATENEA merece recordarse no sólo como un nombre perdido en la cartelera, sino como una pequeña sala con identidad propia. Una sala de segundo piso. Una sala junto al Olympia, pero distinta. Una sala nacida en el edificio heredero del Rex. Una sala que abrió con Fellini.

No todos los cines desaparecidos fueron gigantes. Algunos dejaron huella precisamente por lo contrario: por ser pequeños, discretos, un poco escondidos… y por formar parte de esa geografía sentimental del Monterrey que iba al cine caminando por el centro.

El Atenea fue uno de ellos.

Desplegado publicado en el diario EL PORVENIR el jueves 7 de agosto de 1975

Un cine de segundo piso, con nombre de diosa griega, que abrió sus puertas con Amarcord y que hoy sobrevive en la memoria de quienes todavía pueden decir: “Yo estuve ahí”.



BESOS, BESOS Y MÁS BESOS…

En la serie LAS PELÍCULAS CON MÁS… hoy te presento BESOS, BESOS Y MÁS BESOS… CUANDO EL CINE SE PASÓ DE CARIÑOSO

En el cine hay besos inolvidables, besos insólitos y todo un arcoíris de tonalidades.

Encuentra en este video el primer beso, la película con el mayor número de besos, la colección más grande y hermosa de besos y el beso más largo en la historia del cine.



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UN SERVICIO DE CINESAURIO



¡LA MAMÁ DE MARILYN MONROE NACIÓ EN MÉXICO!…

Y LE DIO EL APELLIDO A UNA LEYENDA

Por Andrés Bermea y Mr. Chips

Gladys Pearl Monroe la mamá de Marilyn Monroe

¿Sabías que… una parte esencial del nombre más famoso de Hollywood comenzó en Coahuila?

Deja te cuento que la madre de Marilyn Monroe se llamaba Gladys Pearl Monroe, conocida después como Gladys Baker. Nació el 27 de mayo de 1902 en Piedras Negras, Coahuila, ciudad que entonces se llamaba Porfirio Díaz. ¡Sí! Aquí en México. Te paso este dato:… Sus padres eran estadounidenses pero residieron temporalmente en México porque su padre trabajaba pintando vagones para el ferrocarril. Poco después, la familia se mudó a California.

Pero, checa esto: Gladys terminó trabajando como cortadora de negativos cinematográficos. Es decir: antes de que su hija se convirtiera en una de las mujeres más fotografiadas del planeta, su madre ya vivía rodeada de rollos de película. Hollywood, por lo visto, había empezado a acercarse a la familia sin avisar.

El 1 de junio de 1926 nació su hija Norma Jeane, es decir, que acabaría de cumplir 100 años hace unos días… Sin embargo, Gladys padeció graves problemas de salud mental y fue internada cuando la niña tenía ocho años. Norma Jeane pasó entonces por hogares sustitutos, separaciones y una infancia profundamente inestable. Años después, Marilyn hablaría del abandono y de su deseo de pertenecer a una familia; resulta difícil no relacionar esa necesidad afectiva con aquellos primeros años, aunque reducir toda su compleja vida a una sola causa sería injusto.

Pero aquí aparece el giro digno de guion.

Cuando Norma Jeane buscaba un nombre artístico, el ejecutivo Ben Lyon propuso Marilyn, inspirado en la actriz teatral Marilyn Miller. Para el apellido eligieron Monroe, el apellido de soltera de su madre. Así que Gladys, la mujer nacida en Piedras Negras, terminó aportando la mitad del nombre que Hollywood convertiría en leyenda.

Madre e hija mantuvieron una relación difícil y distante, aunque Marilyn contribuyó económicamente a su manutención.

Y mira, este dato es insólito, Gladys sobrevivió a su hija ¡más de veinte años!: salió del hospital en 1967, vivió una temporada con su hija Berniece y murió en Gainesville, Florida, en 1984, a los 81 años.

Marilyn Monroe no nació en México. Pero su apellido artístico sí llevaba una inesperada conexión coahuilense, y varias veces visitó el país.

La bella María Félix acompaña a Marilyn en una de sus visitas al país

Hollywood puso las luces, el vestido blanco y el glamour. Piedras Negras aportó el “Monroe”…

Marilyn falleció justo un 5 de agosto, como hoy, pero en 1962… Hace exactamente sesenta y cuatro años…

Con información disponible en la web.

Fuentes: BIOGRAPHY | HISTORY DEFINED |WIKIPEDIA