¡MAMÁ! ¡HAY UN DINOSAURIO EN EL PATIO!

EL FINAL DE LA CALLE OAK llega a México con aroma a 1982: vecindarios tranquilos, familias en crisis y una amenaza prehistórica que revela que, a veces, el monstruo no solo está fuera de casa.

Por Andrés Bermea y Mr. Chips

Mañana jueves 13 de agosto llega a los cines de México EL FINAL DE LA CALLE OAK (The End of Oak Street), una película que a primera vista parece vendernos una premisa irresistible: una calle residencial, una familia en crisis, un extraño evento cósmico… y dinosaurios. Sí, dinosaurios. Porque cuando la vida familiar se pone complicada, Hollywood siempre puede empeorarla con una criatura prehistórica en el jardín.

La cinta está escrita y dirigida por David Robert Mitchell, el mismo realizador de ESTÁ DETRÁS DE TI (It Follows) y EL MISTERIO DE SILVER LAKE (Under the Silver Lake), y es producida por J. J. Abrams. El reparto lo encabezan Anne Hathaway e Ewan McGregor. La premisa plantea que un misterioso evento cósmico arranca la calle Oak de su entorno habitual y transporta a todo el vecindario a un lugar desconocido, obligando a la familia Platt a mantenerse unida para sobrevivir.

Pero lo interesante no está solamente en los dinosaurios. Lo interesante está en el vecindario.

La historia se ubica en los años ochenta -algunas reseñas la sitúan específicamente en 1982-, y ese dato abre una puerta muy sabrosa. Porque 1982 no fue cualquier año para el cine fantástico. Ese año se estrenaron dos películas fundamentales para entender cómo Hollywood convirtió la vida doméstica en territorio de asombro y amenaza: E.T. EL EXTRATERRESTRE (E.T. the Extra-Terrestrial) y POLTERGEIST: JUEGOS DIABÓLICOS (Poltergeist).

En E.T. lo imposible llega al patio de una casa común. En POLTERGEIST, el horror entra por la televisión, ese altar luminoso de la sala familiar. Las dos películas hicieron algo enorme: demostraron que la aventura ya no necesitaba castillos, galaxias lejanas o mansiones góticas. Bastaba un vecindario tranquilo, una calle silenciosa, una familia aparentemente normal… y algo raro detrás de la puerta o en la sala de la casa.

Ahí parece colocarse EL FINAL DE LA CALLE OAK (The End of Oak Street). La diferencia es que aquí no entra un monstruo a la casa: la casa, la calle y el vecindario entero son arrancados de su realidad. Es como si la tranquilidad residencial -con sus jardines, sus cocheras, sus vecinos saludando desde la banqueta- fuera levantada del suelo y arrojada a un mundo donde la cortesía vecinal ya no sirve de mucho frente a un dinosaurio con hambre.

Y entonces aparece el ángulo más interesante: el vecindario como jaula.

Porque un vecindario puede parecer refugio, pero también puede ser encierro. En esas calles perfectamente ordenadas se guardan frustraciones, matrimonios cansados, silencios familiares, sueños pospuestos y esa sensación de que la vida ya decidió por uno. Algunas reseñas han señalado precisamente a Denise, el personaje de Anne Hathaway, como una ama de casa frustrada o desencantada dentro de ese mundo doméstico aparentemente estable.

Por eso los dinosaurios pueden ser el espectáculo, pero no necesariamente el tema. El verdadero monstruo quizá no está solo afuera, rugiendo entre los árboles. También puede estar dentro: en lo que una familia no se dice, en lo que una madre quiere ser y no ha podido, en lo que un vecindario oculta debajo del pasto bien cortado.

David Robert Mitchell ya había demostrado en ESTÁ DETRÁS DE TI que sabe convertir un miedo abstracto en algo físico, cotidiano, casi inevitable. Y en EL MISTERIO DE SILVER LAKE jugó con la paranoia, los códigos ocultos y la sensación de que el mundo aparentemente normal esconde otra cosa.

Ahora, con EL FINAL DE LA CALLE OAK, Mitchell parece entrar al terreno del gran espectáculo, pero sin abandonar del todo su obsesión por lo invisible: aquello que persigue, aquello que se oculta, aquello que convierte la normalidad en amenaza.

También hay una sombra inevitable: la de PARQUE JURÁSICO (Jurassic Park), otra película donde los dinosaurios no son solo atracción, sino advertencia. Pero mientras Spielberg llevó al público a una isla diseñada para exhibir criaturas imposibles, Mitchell parece hacer lo contrario: traer lo imposible al vecindario, al lugar donde supuestamente nada debía pasar.

Y quizá por eso la premisa funciona. Porque todos entendemos esa fantasía inquietante: ¿Qué pasaría si un día nuestra calle, nuestra casa, nuestra rutina y nuestros pendientes quedaran atrapados en un lugar donde ya no sirven las reglas de siempre?

Los ochenta nos enseñaron que lo extraordinario podía aparecer en una recámara infantil, en una televisión encendida o en un cobertizo del patio. EL FINAL DE LA CALLE OAK actualiza esa advertencia con humor, aventura y dientes muy grandes.

Cuidado con desear que algo emocionante pase en el vecindario.

A veces pasa.

Y se lleva toda la cuadra.





LOS GATOS TAMBIÉN VAN AL CINE…

Y ARAÑAN LA TAQUILLA

Por el equipo editorial de Cinesaurio

En una cartelera dominada por superhéroes, epopeyas mitológicas y grandes campañas de mercadotecnia, apareció un competidor inesperado: los gatos.

CatVideoFest 2026, una recopilación de 74 minutos con videos de gatos seleccionados de Internet, se coló al Top 10 de la taquilla estadounidense durante el fin de semana. La película recaudó $568,414 dólares en 255 salas, con un promedio de $2,229 dólares por pantalla, superando a títulos que, en teoría, sonaban mucho más “importantes”, como una biopic de Anthony Bourdain y un documental producido por Meghan Markle y el príncipe Harry.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo puede una colección de videos de gatos -eso que cualquiera puede ver gratis en el celular mientras finge trabajar- llevar gente a una sala de cine?

La respuesta está, precisamente, en la sala.

CatVideoFest no vende solamente videos de gatos. Vende una experiencia colectiva: reírse con desconocidos, reaccionar juntos, escuchar carcajadas alrededor y convertir algo diminuto, doméstico y viral en un pequeño evento comunitario. En otras palabras: toma lo más solitario de Internet y lo transforma en algo compartido.

El concepto no es improvisado. CatVideoFest 2026 es presentado por Oscilloscope Laboratories como una compilación de los mejores y más recientes videos felinos, seleccionados entre muchas horas de envíos, animaciones, videos musicales y clásicos de Internet.

Además, varias funciones del festival suelen tener un componente benéfico o vínculo con refugios y causas relacionadas con gatos, lo que le da al asunto una capa simpática: uno entra a ver gatos haciendo travesuras y, de paso, puede apoyar a gatos reales.

El éxito también dice algo interesante sobre el cine actual. No todo lo que funciona en pantalla grande necesita explosiones, multiversos o presupuestos imposibles. A veces basta una buena curaduría, una idea clara y una comunidad dispuesta a compartir la risa.

Porque, aceptémoslo, Internet nos acostumbró a ver gatos solos. En la cama, en el camión, en la oficina, en horarios moralmente cuestionables. Pero el cine recuerda que hasta la tontería puede volverse celebración cuando se ve acompañado.

Así que mientras Spider-Man se columpia por la taquilla y Odiseo navega mares épicos, los gatos hicieron lo suyo: entraron sigilosos, se acomodaron en el sillón… y arañaron un pedacito de Hollywood.

Al final, el cine tiene muchas vidas.

Y, al parecer, también tiene siete.


Te invito a ver también…



¡FELICES 51 CINEMA ATENEA!

Hubo cines que nacieron con grandes marquesinas, vestíbulos amplios y salas capaces de recibir multitudes. Y hubo otros, más discretos, casi escondidos, que encontraron su lugar dentro de edificios cargados de historia.

Uno de esos casos fue el Cine ATENEA, inaugurado en Monterrey el viernes 8 de agosto de 1975, en Zaragoza y Juan Ignacio Ramón, en pleno centro de la ciudad. Su historia no empieza realmente en 1975, sino mucho antes: en ese mismo predio estuvieron los teatros Juárez y el Independencia, el Cine Rex y luego el Olympia.

El Atenea era parte del mismo edificio.

Pero no era simplemente “otra sala del Olympia”. Tenía su propio acceso, ubicado a la izquierda, y los desplegados de prensa lo anunciaban claramente como una sala “junto al cine Olympia”.

Para entrar al Atenea había que subir a un segundo piso. Ese detalle permite pensar —con prudencia, pero con lógica arquitectónica— que pudo ocupar lo que alguna vez fue el anfiteatro del REX, o algún otro espacio superior del mismo edificio. En cualquier caso, eso le daba una personalidad propia: no era la gran sala de abajo, sino una experiencia más íntima, casi secreta, dentro de un inmueble con pasado cinematográfico.

Y su película inaugural no pudo ser más elegante: AMARCORD, la cinta franco-italiana de 1973, escrita y dirigida por Federico Fellini. La película había ganado el Óscar a la Mejor Película Extranjera, y llegaba al Atenea como carta de presentación de una sala que parecía apostar por un cine distinto, más autoral, más europeo, más de conversación después de la función.

Abrir con Fellini no era cualquier cosa. Amarcord es una película de memoria, nostalgia, humor, fantasía y personajes desbordados. Muy apropiada, curiosamente, para una sala que también parecía vivir entre recuerdos: los del viejo Rex, los del centro de Monterrey y los de una ciudad que todavía conservaba sus cines de calle.

El nombre también tenía lo suyo. Atenea, diosa griega de la sabiduría, las artes y la estrategia, hacía pareja simbólica con Olympia, nombre asociado al mundo clásico y al monte de los dioses. En una misma esquina del centro regiomontano convivían, por unos años, dos nombres de resonancia mitológica: Olympia y Atenea. Muy solemne todo… aunque afuera rugiera el tráfico y uno tuviera que encontrar estacionamiento como pudiera.

El Cine Atenea pertenece a una etapa de transición.

Para mediados de los años setenta, los grandes palacios cinematográficos del centro comenzaban a transformarse. Las enormes salas únicas empezaban a ceder espacio a formatos más pequeños, más flexibles y, en algunos casos, más especializados. La ciudad también estaba cambiando. Años después, muchas de esas construcciones desaparecerían con las obras y demoliciones vinculadas a la Macroplaza.

Por eso, el ATENEA merece recordarse no sólo como un nombre perdido en la cartelera, sino como una pequeña sala con identidad propia. Una sala de segundo piso. Una sala junto al Olympia, pero distinta. Una sala nacida en el edificio heredero del Rex. Una sala que abrió con Fellini.

No todos los cines desaparecidos fueron gigantes. Algunos dejaron huella precisamente por lo contrario: por ser pequeños, discretos, un poco escondidos… y por formar parte de esa geografía sentimental del Monterrey que iba al cine caminando por el centro.

El Atenea fue uno de ellos.

Desplegado publicado en el diario EL PORVENIR el jueves 7 de agosto de 1975

Un cine de segundo piso, con nombre de diosa griega, que abrió sus puertas con Amarcord y que hoy sobrevive en la memoria de quienes todavía pueden decir: “Yo estuve ahí”.



BESOS, BESOS Y MÁS BESOS…

En la serie LAS PELÍCULAS CON MÁS… hoy te presento BESOS, BESOS Y MÁS BESOS… CUANDO EL CINE SE PASÓ DE CARIÑOSO

En el cine hay besos inolvidables, besos insólitos y todo un arcoíris de tonalidades.

Encuentra en este video el primer beso, la película con el mayor número de besos, la colección más grande y hermosa de besos y el beso más largo en la historia del cine.



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UN SERVICIO DE CINESAURIO



¡LA MAMÁ DE MARILYN MONROE NACIÓ EN MÉXICO!…

Y LE DIO EL APELLIDO A UNA LEYENDA

Por Andrés Bermea y Mr. Chips

Gladys Pearl Monroe la mamá de Marilyn Monroe

¿Sabías que… una parte esencial del nombre más famoso de Hollywood comenzó en Coahuila?

Deja te cuento que la madre de Marilyn Monroe se llamaba Gladys Pearl Monroe, conocida después como Gladys Baker. Nació el 27 de mayo de 1902 en Piedras Negras, Coahuila, ciudad que entonces se llamaba Porfirio Díaz. ¡Sí! Aquí en México. Te paso este dato:… Sus padres eran estadounidenses pero residieron temporalmente en México porque su padre trabajaba pintando vagones para el ferrocarril. Poco después, la familia se mudó a California.

Pero, checa esto: Gladys terminó trabajando como cortadora de negativos cinematográficos. Es decir: antes de que su hija se convirtiera en una de las mujeres más fotografiadas del planeta, su madre ya vivía rodeada de rollos de película. Hollywood, por lo visto, había empezado a acercarse a la familia sin avisar.

El 1 de junio de 1926 nació su hija Norma Jeane, es decir, que acabaría de cumplir 100 años hace unos días… Sin embargo, Gladys padeció graves problemas de salud mental y fue internada cuando la niña tenía ocho años. Norma Jeane pasó entonces por hogares sustitutos, separaciones y una infancia profundamente inestable. Años después, Marilyn hablaría del abandono y de su deseo de pertenecer a una familia; resulta difícil no relacionar esa necesidad afectiva con aquellos primeros años, aunque reducir toda su compleja vida a una sola causa sería injusto.

Pero aquí aparece el giro digno de guion.

Cuando Norma Jeane buscaba un nombre artístico, el ejecutivo Ben Lyon propuso Marilyn, inspirado en la actriz teatral Marilyn Miller. Para el apellido eligieron Monroe, el apellido de soltera de su madre. Así que Gladys, la mujer nacida en Piedras Negras, terminó aportando la mitad del nombre que Hollywood convertiría en leyenda.

Madre e hija mantuvieron una relación difícil y distante, aunque Marilyn contribuyó económicamente a su manutención.

Y mira, este dato es insólito, Gladys sobrevivió a su hija ¡más de veinte años!: salió del hospital en 1967, vivió una temporada con su hija Berniece y murió en Gainesville, Florida, en 1984, a los 81 años.

Marilyn Monroe no nació en México. Pero su apellido artístico sí llevaba una inesperada conexión coahuilense, y varias veces visitó el país.

La bella María Félix acompaña a Marilyn en una de sus visitas al país

Hollywood puso las luces, el vestido blanco y el glamour. Piedras Negras aportó el “Monroe”…

Marilyn falleció justo un 5 de agosto, como hoy, pero en 1962… Hace exactamente sesenta y cuatro años…

Con información disponible en la web.

Fuentes: BIOGRAPHY | HISTORY DEFINED |WIKIPEDIA  



SPIDER-MAN, LOS SPOILERS Y EL SAGRADO DERECHO A SORPRENDERSE

Por el equipo editorial de Cinesaurio

«Spiderman: Un Nuevo Día«, acaba de lograr una hazaña arácnida: abrir con más de 932 millones de dólares a nivel mundial y unos 360 millones en Estados Unidos y Canadá, colocándose entre los estrenos más grandes de la historia reciente. Según reportes publicados esta semana, la película incluso superó el arranque doméstico de Avengers: Endgame, lo que confirma que, si existe fatiga de superhéroes, a Spider-Man todavía no le llegó el memorándum.

Pero con cada gran estreno llega también un villano silencioso, sin capa, sin máscara y sin necesidad de efectos digitales: el Spoiler.

La pelea se registró en un cine en la India. Foto: X/@globovision

Un incidente ocurrido durante una función de Spider-Man: Un nuevo día, cinta protagonizada por Tom Holland, Zendaya, Sadie Sink y Jacob Batalon, acaparó la atención de los usuarios en redes sociales.

Y para muestra, basta recordar un caso muy mexicano. Durante el furor de Spider-Man: No Way Home, medios nacionales reportaron una pelea en un cine de Ciudad Juárez luego de que algunos asistentes que salían de la función comenzaron a revelar detalles importantes de la trama frente a personas que todavía esperaban entrar. La cosa terminó a golpes y el video se volvió viral.

No, desde luego, no estamos recomendando convertir el lobby del cine en función de lucha libre. Pero la anécdota sí revela algo muy serio envuelto en telaraña: para muchos espectadores, el derecho a sorprenderse sigue siendo sagrado.

Un spoiler no es solamente “contar qué pasa”. Es quitarle al otro el momento exacto en que la historia debía pegarle en la butaca. Es abrirle el regalo antes de Navidad y luego decirle: “te ahorré la molestia”. Es salir del cine convertido en villano de bajo presupuesto.

Por eso, con Brand New Day llenando salas y conversaciones, vale recordar una regla elemental de cortesía cinéfila: si ya la viste, comenta, celebra, presume tu boleto, califica las palomitas, discute los efectos, la música o el traje nuevo… pero no sueltes la trama frente a quien todavía no entra a la función.

Ten presente: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.



ROBIN HOOD: EL LADRÓN QUE EL CINE NUNCA DEJA JUBILARSE

Una investigación de Andrés Bermea y el equipo editorial de Cinesaurio

Hollywood vuelve a demostrar que no le gusta tirar nada a la basura. Si algo funcionó antes, se desempolva, se maquilla, se oscurece, se rejuvenece o se convierte en “nueva visión”.

Y entonces aparece LA MUERTE DE ROBIN HOOD (The Death of Robin Hood), producción de A24 protagonizada por Hugh Jackman, Jodie Comer y Bill Skarsgård. La película, dirigida y escrita por Michael Sarnoski, se estrena en los cines de México este jueves 6 de agosto, y plantea una pregunta muy CINESAURIO: ¿Otra vez Robin Hood?…

Porque, aceptémoslo, al famoso ladrón del bosque de Sherwood le han dado más oportunidades que a muchos actores de reparto. Lo hemos visto noble, aventurero, romántico, caricaturesco, paródico, musculoso, sombrío, moderno, medieval y hasta convertido en zorro animado. Entonces, ¿para qué otra versión? ¿Falta de creatividad? ¿Apuesta segura? ¿O todavía queda algo nuevo que decir sobre el hombre que robaba a los ricos para dar a los pobres?

La diferencia de LA MUERTE DE ROBIN HOOD está precisamente en que no parece interesada en el Robin Hood de la postal heroica. Sarnoski se aleja del arquero luminoso y presenta a un hombre envejecido, herido, culpable y perseguido por su propio pasado. El director ha explicado que le interesaba explorar la balada antigua sobre la muerte de Robin Hood: la idea de que una figura casi inmortal del folclor pudiera tener un final sencillo, humano y silencioso.

Este Robin no es tanto “el príncipe de los ladrones” como un bandido que empieza a preguntarse cuánto daño dejó detrás. Variety describe la propuesta como una versión más cercana a Unforgiven o Valhalla Rising que a los alegres hombres en mallas de tantas películas anteriores. Según Sarnoski, el punto era imaginar cómo habría sido realmente la vida de un bandido medieval: brutal, sucia, violenta y nada glamorosa. (Variety Australia)

Ahí está su posible aportación: no reciclar el mito para volver a vender la misma aventura, sino para desmontarla. La película pregunta qué queda del héroe cuando se apaga la leyenda. Qué pasa cuando el arco pesa, las heridas no cierran y la fama ya no alcanza para justificar la violencia. En ese sentido, LA MUERTE DE ROBIN HOOD no quiere ser el inicio de una franquicia, sino casi lo contrario: el epílogo de una figura que el cine ha tratado de mantener joven durante más de cien años.

Y vaya que Robin Hood tiene historial en pantalla. Douglas Fairbanks lo interpretó en el cine mudo en 1922. Errol Flynn lo volvió definitivo en LAS AVENTURAS DE ROBIN HOOD (The Adventures of Robin Hood en 1938), con capa, espada y sonrisa de comercial de pasta dental. Disney lo convirtió en un zorro irresistible en 1973, con la voz original de Brian Bedford (¡Magnífica la adaptación al español!). Sean Connery lo mostró maduro y melancólico en ROBIN Y MARIAN en 1976.

Kevin Costner lo volvió superproducción noventera en Robin Hood: EL PRÍNCIPE DE LOS LADRONES (Robin Hood: Prince of Thieves en 1991). Cary Elwes lo parodió con elegancia en LAS LOCAS AVENTURAS DE ROBIN HOOD (Robin Hood: Men in Tights en 1993). Russell Crowe lo hizo más guerrero en 2010, y Taron Egerton intentó relanzarlo con energía juvenil en 2018.

La trivia sabrosa: Errol Flynn, quizá el Robin Hood más icónico del cine clásico, solo interpretó al personaje una vez. Una sola película bastó para fijar durante décadas la imagen del héroe aventurero, elegante y burlón. Eso sí que es puntería.

También es curioso que Sarnoski haya reconocido la sombra de la versión animada de Disney de 1973, aquella del zorro encantador que dejó a generaciones preguntándose por qué un dibujo podía tener tanto carisma. Pero su reacción fue casi la opuesta: “eso no era una muerte tranquila”, pensó al leer la balada antigua. Y de ahí nació esta versión áspera, crepuscular y nada bailarina. (Rotten Tomatoes Editorial)

Así que sí: Hollywood vuelve a Robin Hood porque el nombre ya viene con flecha, bosque, villano y reconocimiento mundial. Pero esta vez la pregunta no es si Robin podrá derrotar al Sheriff de Nottingham. La pregunta es más incómoda: ¿Puede un héroe sobrevivir a su propia leyenda?

Tal vez por eso el personaje sigue regresando. No porque Hollywood no tenga ideas -aunque a veces hace méritos para que sospechemos-, sino porque los mitos funcionan como espejos. Cada época inventa el Robin Hood que necesita. Hubo uno para la aventura clásica, otro para la caricatura, otro para la épica, otro para la parodia y ahora uno para tiempos y públicos más escépticos: un Robin cansado, culpable, humano.

El ladrón de Sherwood todavía roba. Pero esta vez no viene por monedas.

Viene por una última oportunidad de redención.

El origen real de Robin Hood es más legendario que biográfico: no hay prueba concluyente de que haya existido un solo Robin Hood histórico al que luego “le hicieron” una balada. Lo que sí sabemos es que el nombre y las historias ya circulaban en la Inglaterra medieval: una de las referencias literarias más antiguas aparece en Piers Plowman, de finales del siglo XIV, y las primeras baladas conservadas son de los siglos XIV y XV, donde Robin aparece como un forajido/yeoman violento (campesino libre o pequeño propietario), asociado con el bosque, sus hombres y el Sheriff de Nottingham, no todavía como el noble romántico que “robaba a los ricos para dar a los pobres”. (Cambridge University Press)

Tampoco hay un autor identificado. Robin Hood nace de tradición oral, baladas populares y recreaciones sucesivas. Con el tiempo se le fueron agregando capas: Lady Marian, el tono caballeresco, la lealtad al rey Ricardo Corazón de León y el ideal de justicia social se consolidaron mucho después, especialmente a partir de versiones literarias y teatrales posteriores. En resumen: probablemente no hubo “el verdadero Robin Hood”, sino varios posibles ecos de forajidos medievales convertidos por el pueblo en mito. Y como suele pasar con los buenos mitos, cada época le puso su propia flecha.



DWAYNE JOHNSON: LA ROCA QUE VALE ORO PURO

De escorpión digital a semidiós de Disney, pasando por récord Guinness, lucha libre y taquillazos: ¿Qué tanto sabes de Dwayne Johnson?

Por Andrés Bermea y el equipo editorial de Cinesaurio

Dwayne Johnson anda muy activo este 2026. Actualmente se le ve como Maui en la versión “Live action” de MOANA, donde repite -ahora en carne, músculo, tatuajes y peluca- al semidiós que ya había interpretado con la voz en la cinta animada de 2016 y en MOANA 2. La nueva versión de Disney llegó a los cines el 10 de julio de 2026.

Y para cerrar el año, Johnson volverá a ponerse en modo videojuego salvaje con JUMANJI: EN EL MUNDO REAL (Jumanji: Open World), nueva entrega de la franquicia junto a Kevin Hart, Jack Black y Karen Gillan, programada para estrenarse el 25 de diciembre de 2026. Según reportes recientes, esta película cerraría la trilogía iniciada con JUMANJI: EN LA SELVA (Jumanji: Welcome to the Jungle).

Pero antes de convertirse en héroe familiar, estrella de acción, productor todoterreno y señor capaz de levantar media selva con una ceja, Johnson tuvo un inicio cinematográfico bastante curioso.

Pregunta para cinéfilos: ¿Recuerdas cuál fue su primera aparición en cine?

La respuesta es LA MOMIA REGRESA (The Mummy Returns, 2001), donde interpretó al Rey Escorpión. Eso sí: no era precisamente un papel de mucho diálogo. Su presencia humana era breve y la parte final del personaje quedó convertida en una criatura digital que, con los años, se volvió famosa… aunque no siempre por las mejores razones.

Y aquí viene otra trivia: ¿Qué récord Guinness consiguió después?

Guinness World Records registra que Johnson obtuvo el récord al salario más alto para un primer papel protagónico: 5.5 millones de dólares por EL REY ESCORPIÓN (The Scorpion King en 2002), derivada justamente de su aparición en La momia regresa.

¿Sabes por qué le dicen “The Rock”?

Cuando Dwayne Johnson era Rocky Maivia

El apodo nació en la lucha libre. Cuando llegó a la WWF, hoy WWE, debutó como Rocky Maivia, una combinación del nombre de su padre, el luchador Rocky Johnson, y el apellido de su abuelo materno, Peter Maivia. Pero ese personaje inicial no terminó de conectar con el público. Después, al reinventarse como luchador más arrogante, carismático y provocador, adoptó el nombre de The Rock. El propio Johnson ha contado que Pat Patterson, figura clave de la lucha libre y una especie de mentor para él, le sugirió acortar la identidad a “The Rock”.

¿Y qué personaje ha interpretado más veces en cine?…

Probablemente Luke Hobbs, de la saga RÁPIDO & FURIOSO (Fast & Furious): apareció en Fast Five, Fast & Furious 6, Furious 7, The Fate of the Furious, Hobbs & Shaw y tuvo cameo en Fast X.

Así que hoy, viendo a Maui cantar, presumir tatuajes y prepararse para regresar a JUMANJI en plena Navidad, vale recordar algo: Dwayne Johnson no llegó al cine caminando. Llegó como escorpión, sobrevivió al CGI, cambió el ring por la pantalla grande… y terminó convertido en una franquicia humana.

Tiene una figura de cera que se asemeja a él en el museo Madame Tussauds; y desde 2016, todas las películas en las que Johnson ha actuado han sido producidas por Seven Bucks Productions, que es su propia compañía.

JUMANJI se estrena el 25 de diciembre

Pregunta final para nuestros lectores:

¿Cuál es tu película favorita de Dwayne Johnson… o hay alguna que te da pena admitir que sí disfrutaste?